
Nostalgia por El Principito
Buena recepción, pese al símbolo perdido
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PARIS.– “La gente está tratando de acostumbrarse, porque muchos franceses aún piensan en francos. Pero es comprensible, fue la moneda con la que crecimos desde pequeños.” La frase fue escuchada de labios de un comerciante en el corazón del parisino Montparnasse y no es inusual, a pesar de que casi nadie pone en duda aquí que el histórico paso dado en enero de este año ha ido en la dirección correcta.
Claro, hubo muchas críticas al comienzo del proceso monetario, pero a la larga para la mayoría resulta evidente que el objetivo final no estaba tan errado. Al fin y al cabo, el euro fue principalmente el resultado de la férrea voluntad política de dos franceses, el entonces presidente François Mitterrand y el titular de la Comisión Europea, Jacques Delors, y de su socio de Alemania (el otro pilar de la empresa unitaria), Helmut Köhl.
Es cierto, existió el temor a una inflación inicial (en general se redondearon los precios hacia arriba) y a una pérdida de la identidad nacional con la cuestión de la moneda-objeto, tema que finalmente se resolvió cediendo una cara de aquella a cada nación para que coloque allí uno de sus símbolos. En el caso de Francia, se colocó a Marianne, la bella mujer que representa al país (en las piezas de dos y un euro) y el Arbol de la Libertad (en las de 50 y 10 centavos). Por supuesto, no faltan los tradicionalistas que extrañan aquel billete de 50 francos con las imágenes de Saint Exupery y El Principito, casi un objeto de arte y ahora casi de colección. Esos viejos billetes dejaron de circular en marzo. Pero más allá de la nostalgia, la practicidad ganó la pulseada y, mientras los Estados Unidos se sacuden con escándalos financieros, la realidad muestra al euro con buena salud y con una cotización que le pisa los talones al dólar, lo que hace temer a algunos un futuro europeo con una eventual poca competitividad frente al gigante norteamericano.
“La gente se adaptó muy bien, y ya en agosto van a desaparecer los carteles que aún indican los precios de los productos en francos”, confió la economista Christine Rifflart, del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas, ubicado en la elegante avenida Quai d’Orsay. A más de seis meses de su llegada, el euro forma parte de la vida cotidiana francesa, y no son pocos los que se preguntan cuándo Gran Bretaña y Dinamarca caerán rendidas a sus pies.
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