
Nueva espiral de violencia en Egipto
Las protestas por la masacre en el estadio de Port Said terminaron en duros choques; fuertes críticas al gobierno en el Parlamento
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EL CAIRO.- El alcance de la brutal matanza en el estadio de fútbol de Port Said , donde murieron 74 personas y cerca de un millar resultaron heridas, creó ayer una nueva crisis política y otro estallido de furia en Egipto, un país que vive una atribulada transición democrática desde la caída de Hosni Mubarak.
El Parlamento celebró una acalorada sesión extraordinaria para abordar los incidentes y varios diputados pidieron la renuncia del ministro del Interior, a la vez que responsabilizaron al gobierno de la tragedia.
La tensión estaba a flor de piel no sólo en el Parlamento, sino también en las calles. Durante todo el día se convocaron varias marchas de protesta , en las que se gritaron consignas contra la Junta Militar. Una de las más multitudinarias recorrió anoche el centro de El Cairo, donde estallaron duros enfrentamientos entre los manifestantes y la policía, que utilizó gases lacrimógenos para dispersar a los jóvenes, muchos de ellos seguidores del equipo de fútbol Al Ahli.
Según el Ministerio de Salud, cerca de 400 personas resultaron heridas en los disturbios, que constituyen todo un presagio sobre la posibilidad de que se desate una nueva ola revolucionaria.
El primer ministro Kamal Ganzuri compareció ante el Parlamento para expresar su pesar por las víctimas y dar explicaciones de lo ocurrido. El veterano político sostuvo que el gobierno reaccionó de forma adecuada durante los incidentes en el estadio, e informó que había aceptado inmediatamente la dimisión del gobernador de Port Said, del responsable de las fuerzas de seguridad de la provincia, así como de toda la junta directiva de la Asociación de Fútbol de Egipto, incluido su presidente, Samih Zaher.
Ganzuri atribuyó los hechos, sin precedente en la historia del fútbol egipcio, a un misterioso "complot" que tendría como objetivo desestabilizar el país. Por su parte, el mariscal Tantawi, el presidente de la Junta Militar, intentó calmar los ánimos y ordenó la apertura de una investigación sobre los enfrentamientos. "Los culpables serán castigados", añadió.
Mayoría insatisfecha
No obstante, sus promesas no dejaron satisfecha a la mayoría parlamentaria, que decidió encargar su propia comisión de investigación. En sus intervenciones, varios diputados insinuaron la existencia de una "mano negra" detrás de la tragedia. Sin embargo, no fueron tan crípticos como Ganzuri, y señalaron sin tapujos a la cúpula militar que administra el país desde la revolución.
"No podemos llamar incidente a lo que ocurrió ayer. Es una conspiración de la que la Junta Militar debe responder. ¡La Junta debe caer! ¡La Junta debe caer!", clamó Mohammed Abu Hamid, diputado del partido laico Egipcios Libres.
En cambio, en un comunicado, los Hermanos Musulmanes prefirieron ser más cautos y no culpar directamente a la Junta Militar. A su juicio, las acciones fueron obra de "facciones internas con conexiones con el antiguo régimen", que buscarían hacer descarrilar la transición a la democracia.
Sin embargo, algunos diputados del Partido de la Justicia y la Libertad, la agrupación electoral de los Hermanos, sí lanzaron duras críticas contra el gobierno, e incluso solicitaron la renuncia del ministro del Interior y una purga de los servicios de seguridad.
A un año de la revuelta, ésta es una de las grandes demandas insatisfechas de los jóvenes revolucionarios de la plaza Tahrir. La primavera pasada, la Junta Militar se limitó a realizar un cambio meramente cosmético: cambiar las siglas de la agencia de seguridad interior.
Algunos analistas políticos creen que la cúpula militar podría estar interesada en crear una sensación de caos en el país para poder justificar su permanencia en el poder. De acuerdo con su propio calendario, el próximo 30 de junio la Junta Militar debería traspasar sus competencias a un presidente elegido democráticamente.
Esta visión era compartida por los miles de jóvenes que se concentraron ayer en la estación de tren de Ramsés para dar una emotiva bienvenida a los aficionados de Al Ahli, provenientes de Port Said. "¡Abajo el gobierno militar!" y "Dios ama a los mártires" fueron los cánticos más repetidos por los jóvenes, muchos de ellos miembros de los "ultras", el grupo de hinchas más fanático del club cairota. También había fans del Zamalek, el más odiado rival del Al Ahli, hermanados ayer en un sentimiento de dolor e indignación.
Sin detalles
Un día después de la tragedia, aún reinaba ayer en Egipto una gran confusión sobre los detalles de la matanza. Los medios de comunicación recogieron varias declaraciones de testigos que dijeron que la presencia policial en el estadio era menor a la habitual. Además, ofrecieron imágenes en las que se veía a los agresores entrar en los vestuarios entre un cordón de policías antidisturbios que ni siquiera se inmutaron.
Las Aguilas Verdes, el club de fans del equipo de Port Said, tomó distancia de los ataques y afirmó que decenas de personas se infiltraron antes del partido entre sus miembros. Más munición para las teorías conspirativas, que cuentan con una larga tradición en Egipto y se ven especialmente estimuladas en este tiempo político repleto de incertidumbre y de rumores.





