
Obama, entre la expectativa global y la política interna
Dina Cappiello y H. J. Herbert Agencia AP
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WASHINGTON.- Una advertencia para los delegados en la cumbre de Copenhague: si esperan que Barack Obama ceda a la presión y anuncie nuevas medidas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, no estén tan seguros.
Obama, al igual que la mayoría de los líderes mundiales, está limitado por severas políticas nacionales. Y eso implica que a la cumbre le resultará aún más difícil producir significativas reducciones de la contaminación.
Funcionarios estadounidenses subrayaron que cuando Obama llegue a Dinamarca no aportará nada a las conversaciones más allá de los objetivos ya declarados por Washington: el compromiso de reducir para 2020 los gases de efecto invernadero en un 17% respecto de los niveles de 2005 y de pagar una "proporción justa" al fondo de 100.000 millones de dólares destinados a ayudar a los países en desarrollo para que puedan enfrentar el cambio climático.
Los países en desarrollo han pedido a Estados Unidos y a Europa, que son responsables por la mayoría de los gases de efecto invernadero, que hagan reducciones mucho mayores a corto plazo -por lo menos de un 34% para 2020, respecto de los niveles de 2005-. Esas reducciones exceden en mucho lo que los miembros del Congreso -incluso aquellos que apoyan una legislación sobre el cambio climático- declaran aceptable.
"No queremos prometer algo que no tenemos", dijo Todd Stern, jefe de la delegación estadounidense en Copenhague. Agregó que no preveía ningún cambio en el compromiso de Washington. Robert Gibbs, jefe de prensa de la Casa Blanca, dijo que Obama esperaba que su presencia en la cumbre ayudara a producir un acuerdo fuerte.
Para Obama es casi un acto de malabarismo: por un lado desea presentar ante el mundo una actitud que revele que, tras ocho años de relativa inacción por parte de la administración Bush, Estados Unidos está dispuesto a atacar de frente el problema del cambio climático. Pero también es plenamente consciente de las realidades políticas y económicas domésticas.
Stern y otros funcionarios de la administración han dicho frecuentemente que no quieren repetir el error de Tokio, donde Estados Unidos fue clave para negociar un acuerdo sobre el clima, sólo para ver cómo el presidente Bill Clinton se negaba a someterlo a la ratificación del Senado por temor a que fuera rechazado. Más tarde, ese acuerdo fue totalmente descartado por George W. Bush.
Cualquier meta de reducción de emisiones (y compromisos sobre financiación) tendrá que ser respaldada por un Congreso poco dispuesto a aprobar nuevos mandatos sobre los gases que causan calentamiento en medio de una recesión y preocupado por la posibilidad de que otros países que no cumplan con esos compromisos puedan superar a Estados Unidos en el mercado mundial.
Pero Obama no es el único que debe enfrentar prioridades internas e internacionales contradictorias. China afirma que reducirá las emisiones mediante un porcentaje de su futuro crecimiento económico, pero se ha mostrado poco dispuesta a someterse a la verificación y el monitoreo internacionales. Alega que esos procedimientos amenazan su soberanía. También la India desea proteger su crecimiento económico.
Obama ha dicho que su propuesta en Copenhague será un reflejo de la legislación ya enviada al Congreso, que contempla un 17% de reducción de la contaminación para 2020 y un 80% para mediados de este siglo. Pero incluso ese objetivo ha sido calificado por los republicanos como "un aniquilador de empleos" que generaría mayores costos energéticos. Los demócratas de estados con industrias energéticas intensivas también se quejan.
Una reciente encuesta de AP y la Universidad de Stanford reveló que si bien tres cuartas partes de los encuestados apoyan las acciones destinadas a enfrentar el cambio climático, igual número dijo que se opondría a los planes puestos a consideración del Congreso y respaldados por Obama si aumentaran las facturas de electricidad en 25 dólares mensuales.
Hasta los demócratas que apoyan la legislación contra el cambio climático han advertido a la Casa Blanca que no debe comprometerse en Copenhague con algo que el Congreso no puede aprobar. Algunos legisladores republicanos han instado a Obama a rechazar directamente cualquier reducción obligatoria de emisiones.
"Nuestro compromiso está atado a nuestra legislación previa. No queremos prometer algo que no tenemos", dijo Stern.
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