
Otro aplastante triunfo de Chirac en Francia
La derecha moderada arrasó y logró la mayoría absoluta
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PARIS.- La derecha moderada francesa reunida detrás de la figura del presidente Jacques Chirac obtuvo ayer una amplia victoria en la segunda vuelta de las elecciones legislativas, lo que le permitirá gobernar con una mayoría parlamentaria absoluta durante los próximos cinco años.
Según los sondeos en boca de urna, la Unión para la Mayoría Presidencial (UMP) y sus aliados de la Unión para la Democracia Francesa (UDF) obtuvieron ayer entre 360 y 402 asientos de un total de 577 en la Asamblea Nacional.
Para contar con una mayoría absoluta necesitaban sólo 289 escaños. La cámara saliente, elegida en 1997, estaba integrada por 319 diputados de la izquierda y 258 de la derecha.
De confirmarse las predicciones, se trataría del éxito más categórico de un partido conservador francés en los últimos 34 años y de la derecha moderada en Europa, que ya ha colocado su bandera en España, Italia, Dinamarca, Holanda, Irlanda y Portugal.
El triunfo del oficialismo francés fue opacado, sin embargo, por un nuevo récord de abstención de entre el 37 y el 39%, el más alto de la Quinta República. Durante la primera vuelta electoral, celebrada hace una semana, el ausentismo había alcanzado un 35,6%, y en el ballottage de las legislativas de hace cinco años, un 28,9 por ciento.
La derrota de la izquierda, reducida a contar con entre 160 y 178 asientos, fue menos dramática de lo que se esperaba. En la sede del partido, en la rue Solferino, los afiliados decían sentirse satisfechos por haber "salvado los muebles" y hasta festejaban la ajustada reelección de su secretario general, François Hollande, como diputado por Corréze.
El Partido Comunista, con unas 23 bancas, estaría en condiciones de formar un grupo parlamentario propio y los Verdes mantendrían unos tres diputados.
Pero la "avalancha azul" arrasó con varias figuras de la "plana mayor" de la izquierda. Entre ellas, Martine Aubry, la ex ministra de Trabajo e hija de Jacques Delors, que defendía un bastión histórico del socialismo, la región minera de Lille; el ex ministro de Asuntos Europeos, Pierre Moscovoci, y la líder de los Verdes y ex ministra de Medio Ambiente, Dominique Voynet, así como el secretario general del Partido Comunista, Robert Hué.
Hasta el "rebelde" socialista republicano Jean-Pierre Chevénement, que hace un mes aspiraba a ganar la presidencia, fue desalojado del escaño que había ocupado durante más de 20 años.
Derrota de Le Pen
El extremista Frente Nacional también sufrió el shock del avance chiraquiano, al no poder siquiera ganar un asiento para la benjamina de su caudillo, Marianne Le Pen. "Estamos frente a una Asamblea Nacional de "morondanga" que no representa más que a uno de cada dos franceses", se quejaba ayer "papá" Le Pen.
"Tenemos que reconocer que las cosas no marchan bien en nuestro país cuando nuestra victoria viene de la mano de un nivel de abstención tan grande -reconoció uno de los 16 fundadores de la UMP, el alcalde de Toulouse, Philippe Douste-Blazy-. Pero esto, en lugar de desalentarnos, tiene que incitarnos a cumplir con nuestras promesas electorales."
Ajeno a las encuestas que atribuyen el ausentismo al hartazgo de los franceses con la corrupción de sus políticos, el ministro de Asuntos Sociales, François Fillon, no dudó en dedicar la victoria oficialista a Chirac, "un hombre que fue calumniado durante los últimos cinco años y que los franceses han demostrado tenerle confianza".
Menos sanguíneo, el primer ministro Jean-Pierre Raffarin dijo a sus eufóricos correligionarios que danzaban de alegría en su cuartel general de la Maison de la Chimie que su gobierno no podrá darse el lujo de una "luna de miel".
"Asumiremos nuestro deber. Yo sé que tenemos la obligación de no decepcionar. Las elecciones no borraron los problemas. Trabajaremos para simplificar y mejorar la vida de los franceses. Actuaremos con firmeza y apertura. La oposición será, evidentemente, respetada", declaró el campechano jefe del gobierno provisional que, todo hace prever, será confirmado esta semana en su puesto.
El secretario general del PS, François Hollande,consideró que la derrota de sus filas fue "injusta", porque el gobierno de Lionel Jospin había actuado "de buena fe para hacer progresar al país".
Pero junto con el ex ministro de Economía Laurent Fabius y el alcalde de París, Bertrand Delanše, hizo un llamado a "reflexionar, reconstruir y reunir" las facciones de la izquierda, que ahora lideran en la oposición.
"La fuerza dominante de hoy es azul, pero la resistencia será roja", advirtió, con mezcla de resignación y revancha, Laurent Fabius.






