
Otro desafío de Zapatero a Bush
MADRID.- A última hora de anoche, el gobierno español intentó calmar las cosas: dijo que no tenía "constancia de expresión" alguna de malestar en Washington por el negocio de venta de armas que hoy terminará de cerrar con Venezuela.
Así lo indicaron fuentes del Palacio de la Moncloa, deseosas de espantar un nuevo cortocircuito con el gobierno de George W. Bush, quien no habla con el español Rodríguez Zapatero desde que éste inició su gobierno con el retiro de las tropas españolas de Irak.
La venta de armas a Venezuela parece, en realidad, un nuevo desafío de Zapatero a Bush. Y, de paso, una riesgosa reafirmación de lo que España siempre afirma y a veces le cuesta dar contenido: que ningún país europeo tiene la misma proyección que ella en América latina. Lo que incluye, claro, negocios de esta naturaleza.
Llena de audacia, la venta hizo que el país hirviera en reproches por una maniobra que -en definitiva- significará que el Estado español embolse 1700 millones de dólares y, de paso, reactive los astilleros estatales que tan moribundos se vieron en la taquillera película "Los lunes al sol".
El negocio es casi una vuelta del destino. Los astilleros españoles Izar perdieron mucho trabajo cuando los Estados Unidos los dejaron al margen de la reparación y mantenimiento de parte de su flota en la región. Eso ocurrió -vaya coincidencia- luego de que España retirara sus tropas de Irak y se leyó aquí como un castigo.
Por entonces, el parate y riesgo de cierre de los ya moribundos astilleros fue el primer conflicto sindical que enfrentó el presidente socialista. Su administración lleva meses buscándoles trabajo ("no van a cerrar", prometió) y en eso anda su gente.
Por lo pronto, ya se sabe que -"relación estratégica" mediante- es más que probable que le vendan una decena de fragatas a la Argentina. Y ahora, unas cuantas más a Venezuela. "Son como seis años de continuidad laboral", se extasiaban anoche fuentes sindicales del castigado sector.
Mientras, aquí, el fenomenal debate parecía un cambio de banderías: el partido socialista defendió el negocio y los derechistas del PP -que hace dos años aprobaron la guerra de Irak- se escandalizaban por poner las manos sobre armamentos.
"Es un gran negocio", dijo José Blanco, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), empeñado en la visión empresarial de la venta de armas. "Es que no son armas", insistía.
"Ya vemos que todas las frases de paz que pronuncia Rodríguez Zapatero no son otra cosa que sentencias hechas por un publicista", contraatacó Angel Acebes, del PP.
La relación con Washington
Lo que no queda claro es hasta qué punto llega el malestar de los Estados Unidos. Ayer, España desayunó con la noticia de que "la embajada" había expresado cierta incomodidad al gobierno español, más que nada por "darle aire" a un gobierno que, como el de Chávez, Washington no considera "amigo".
Por la noche, los tambores de La Moncloa aseguraban que, de malestar, tal vez. Pero que de "expresiones de descontento", nada. Y, entrada ya la madrugada, se esperaba una comparecencia de Rodríguez Zapatero en Venezuela para que echara luz sobre la cuestión.
De lo que no cabe duda es que la política exterior del español sigue dando que hablar, convertida en el área por excelencia donde queda claro el giro impuesto por Zapatero desde que llegó al poder. Con todos los sinsabores diplomáticos que tal decisión le cuesta.





