
Para los invitados a la Casa Blanca, las luces se apagan a las 22
Bush se distancia del estilo de Clinton
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CRAWFORD, Texas.- Hay muchas maneras de juzgar qué distinto es el presidente George W. Bush del hombre a quien sucedió en la Casa Blanca. Una de ellas es el lugar donde este presidente prefiere pasar sus vacaciones: en la árida y apartada llanura de su campo en Crawford, Texas, un mundo cultural distante de los bebedores de vino blanco de Martha´s Vineyard, como el propio Bush expresó cáusticamente hace unos días, denigrando la isla donde Bill Clinton y su esposa, Hillary, pasaban sus vacaciones estivales.
Pero un contraste igualmente revelador apareció en la forma de una lista, presentada por los asesores del presidente el viernes último, de los 160 amigos, familiares y partidarios que disfrutaron la ocasión de pasar la noche en la Casa Blanca durante los primeros 20 meses del gobierno de Bush.
Si la lista de los invitados por Clinton a pasar la noche en la Casa Blanca mucho decía acerca de su estilo presidencial -desde el glamour de sus invitados hasta la ignominia de haber utilizado el Dormitorio de Lincoln como recurso para recaudar fondos de campaña-, la de Bush, como el hecho de preferir esta tranquila población, que más bien es un horno, como lugar de escape, indica el bajo perfil y la sencillez que Bush ha tratado de mostrar.
La pasarela de los Oscar
Las dependencias familiares de la Casa Blanca durante los años que Clinton pasó allí se parecían, en ciertas noches, a la pasarela frente al teatro donde se entregan los premios Oscar de Hollywood, o por lo menos a una fiesta de presentación de un libro importante en Manhattan.
Los Clinton abrieron las puertas de la Casa Blanca a un conjunto diverso de personas famosas, como académicos, empresarios, políticos y estrellas de cine. Bush y su esposa, Laura, fueron anfitriones del golfista Ben Crenshaw, del intérprete de música country Larry Gatlin, y de Kinky Friedman, músico y escritor tejano.
Bush, en cambio, disfruta de fiestas hasta la noche -bueno, hasta casi las 22- con ex compañeros universitarios de Yale y con amigos y golfistas con los que suele jugar.
Además de Crenshaw y Friedman, entre las personalidad más conocidas probablemente figure el gobernador George Pataki, de Nueva York, y John Engler, el sociable gobernador del Estado de Michigan.
"La única celebridad que se ve por allí ahora es cuando uno enciende la televisión del dormitorio", señaló uno de los amigos de Bush hace unos días.
Lo cual no significa que Bush -por cierto un recaudador de fondos de campaña tan prodigioso como Clinton- no haya abierto algunos dormitorios de la Casa Blanca para importantes contribuyentes de fondos para su campaña política.
Cenas eclécticas e informales
El hecho de que los asesores de Bush hayan divulgado la lista en agosto indica que no era precisamente una noticia que la Casa Blanca deseaba que estuviera en primer plano. Sin embargo, una revisión de ambas listas muestra que Clinton fue más enérgico y sistemático en aprovechar la Casa Blanca como un instrumento para recaudar fondos.
Los invitados de Clinton recuerdan animadas veladas de las que participaba una diversidad de dignatarios, intelectuales, y celebridades, a menudo hasta muy entrada la noche.
En contraste, las veladas de Bush son cortas y simples: la cena a las 19; luego el café en el balcón Truman, y a la cama a las 22, con una decidida preferencia por grupos más reducidos, algo no tan común en el caso de Clinton.
Algunos invitados de Bush aseguran que las veladas son notables por la falta de jactancia o solemnidad, y que salvo por la presencia de los custodios, tenían la impresión de estar cenando en cualquier restaurante norteamericano.
"Quien se dé aires será inmediatamente desairado", comentó David Sibley, un ex senador republicano por Texas y amigo íntimo del presidente.
Donald Etra, un abogado de Los Angeles que fue compañero de clase de Bush en Yale, afirmó que pasó cuatro noches en la Casa Blanca, incluyendo una en la que Bush y él cenaron solos porque Laura Bush estaba en Nueva York. Y recordó que en esa oportunidad el presidente apareció vestido con ropa de gimnasia y ambos cenaron en el comedor antes de ir a fumar un habano al balcón Truman.
Otro invitado, el gobernador John Rowland, republicano de Connecticut, recordó que durante su visita a la Casa Blanca, Bush lo guió por los distintos pisos y hasta le mostró el gimnasio. Luego compartió una cena con el presidente y otros gobernadores. "Pero a las 22, ya nos habíamos ido a dormir todos. Por supuesto, esa norma es inflexible", añadió con una sonrisa.
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