
Playas en las ciudades, la última moda europea
Bruselas, Milán, Berlín y Budapest siguen el ejemplo de París
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PARIS.- El furor de la playa urbana recorre toda Europa. Pese a las persistentes críticas de sus detractores, Paris-Plage (la Playa de París) -la franja de arena blanca que se extiende durante el verano sobre la margen derecha del río Sena- disfruta actualmente de su tercera temporada de resonante éxito. Y se la comienza a imitar por todas partes.
Un total de 25 ciudades francesas, incluyendo Toulouse y Lyon, han contraído fiebre estival, plantan palmeras en macetas y construyen playas artificiales. Y la nueva tendencia del ocio urbano en la época de calor se extendió más allá de las fronteras francesas: Bruselas, Milán, Berlín y Budapest ya cuentan con versiones más reducidas de la Playa de París. Incluso en Londres, acaso la capital europea menos bañada por el sol, el alcalde, Ken Livingstone, prometió, mientras se están considerando varios sitios, crear la Playa de Londres.
Pero con 3000 toneladas de arena, numerosas palmeras, hamacas playeras, bares, trampolines, una pileta y 200.000 visitantes diarios, la Playa de París es la primera y, por amplio margen, la mayor de las playas estivales urbanas. Hay sombrillas y arena fina sobre la margen ribereña entre bares, zonas de picnics, hamacas, rociadores y duchas al aire libre, fuentes y puestos de venta de helados; suficientes actividades como para mantener ocupada a toda la familia. La playa cubre un tramo de 3,5 kilómetros desde el Museo del Louvre hasta la isla de St. Louis. Predominan el trato informal y la jovialidad a cualquier hora del día. Los fines de semana está casi insoportablemente colmada.
La idea fue promovida en 2002 por el alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë, que enardeció a los automovilistas al clausurar la autopista ribereña a lo largo del Sena durante un mes. Los diarios criticaron al alcalde y pronosticaron el inminente fracaso de su alocada idea. Pero el tiempo demostró que estaban equivocados.
La Playa de París cuenta con una pileta climatizada de 220 metros cuadrados, con vestuarios incluidos. Además de arena, tiene zonas de césped y plataformas de madera. Entre las muchas actividades adicionales que ofrece figuran clases de tai chi y gimnasia acuática, conciertos gratis los fines de semana, un nuevo muro para escalar, paseos por un laberinto de plantas floridas, una biblioteca circulante, cursos para que los niños aprendan a construir castillos de arena y sitios para practicar pétanque, una especie de juego de bowling francés.
Una opción sin salir de casa
En todo esto, París aventaja considerablemente a sus émulos europeos, aun cuando éstos se empeñen a fondo.
En la capital belga, una "playa" denominada Bruxelles-les-Bains, construida sobre el Quai des Péniches (Muelle de los hogares-embarcaciones) a lo largo de un canal en el centro de la ciudad, espera recibir con beneplácito a más de 500.000 visitantes este año, en su segunda temporada, pese a las restricciones draconianas: la prohibición rige tanto para nadar como para andar en bicicleta, patinar y beber alcohol en exceso, además de la música y el ingreso de animales.
En Milán, el municipio autorizó volcar 600 toneladas de arena en Parco Sempione, el mayor parque de la ciudad, plantar palmeras, instalar sombrillas, construir una pileta con vestuarios y proporcionar reposeras. De repente, la abrasadora y asfixiante ciudad de la que los milaneses no veían la hora de partir tiene ahora algo distinto que ofrecer.
La versión berlinesa, llamada Berlin Strand (la Playa de Berlín), es una serie de "bares playeros" con arena y hamacas diseminados por toda la ciudad que ofrecen a los fatigados y tensionados trabajadores administrativos y a los políticos una especie de "simulador de la experiencia de estar de vacaciones".
En Budapest, el centro de la ciudad hace alarde de cinco playas arenosas -el complejo Budapest Plazs- con diferentes temas junto a la margen del río Danubio. Los organizadores esperan que 1.500.000 personas las visiten durante esta segunda temporada.
La Playa de París fue creada para proporcionar un lugar de recreación, una sensación de estar de vacaciones para los parisienses que no pudieran huir del calor en la ciudad. En los últimos tres años recibió toda clase de visitantes. Un 15 por ciento son turistas, y el resto procede de diversos estratos sociales parisienses: estudiantes que disfrutan de fiestas nocturnas, familias con bebes y hasta mujeres musulmanas con velo que delicadamente sumergen los pies en las fuentes.
El impacto ambiental
- "Se trata de proyectos muy interesantes, más allá de analizar si suenan lógicos o no. Si sirven para la recreación, habrán cumplido su objetivo", afirmó el arquitecto Claude Della Paolera, especialista en urbanismo y presidente de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente, al comentar la tendencia de crear playas artificiales en urbes europeas. "La arena, al ser porosa, no causa ningún daño" en las ciudades, añadió Della Paolera, que, sin embargo, hizo una salvedad: el impacto ecológico de trasladar arena en forma masiva de franjas costeras, regiones de extrema fragilidad ambiental que pueden resultar afectadas.
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