
Por temor, la gente compra máscaras antigás en la ciudad
Los comerciantes afirman que nunca habían vendido tantas a particulares
1 minuto de lectura'
Cinco empresas de venta y fabricación de artículos de seguridad y protección coincidieron en que las consultas de precios y las compras de máscaras antigás aumentaron considerablemente en Buenos Aires, a partir de los atentados del 11 de septiembre a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono, en Washington.
De no vender casi ninguna a particulares, pasaron a vender por día 20 dispositivos que habitualmente usan los empleados de industrias o miembros de las fuerzas armadas y de la policía.
Una familia gastó 1500 pesos para comprar 15 mascarillas para cada uno de sus miembros, contó Miguel Nabia, jefe de ventas de la empresa Ar-promyra Famae SA.
Según dijo Nabia a LA NACION, ya no queda nada del stock de 50 máscaras que desde hace tiempo tenía en el local. Por primera vez, sus clientes no fueron industriales ni gobiernos, sino personas asustadas.
Según los comerciantes consultados, los precios van desde los 8 pesos hasta los 600 pesos. Este último corresponde a las que usan las fuerzas especiales o de elite.
"El fabricante no podrá reponerlas hasta dentro de una semana", aseguró Nabia. En tanto, continúan las llamadas y los pedidos. Sin embargo, los comerciantes explicaron que esos adminículos no son de mucha utilidad, porque las máscaras más comunes, a 100 pesos, tienen un filtro con una vida útil de cinco horas y un costo de 25 pesos por unidad.
María Laura Cicilio, empleada de Confecciones Florida SRL, coincidió en que hay una demanda creciente de cotizaciones de elementos de protección, que esa empresa vende desde 30 a 70 pesos cada una.
"La gente quiere saber si todavía nos quedan máscaras, para quedarse tranquila de que, de necesitarlo, la podrá comprar", dijo Cristina Sordoni, empleada de RDS SA, otra firma del ramo, con la que coincidió Armando Imbellone, dueño de la empresa que lleva su nombre.
La firma Fravida recibe 40 pedidos diarios de máscaras desde hace unos días, según Norberto Damiano, presidente de la entidad. Pero se niega a venderlas a particulares: "La máscara sirve de poco ante ataques químicos y la gente no sabe usarla, por lo que puede convertirse en un peligro", afirmó.
Comercializan desde hace una semana un kit que incluye un traje enterizo impermeable, un capuchón con máscara, guantes, cubrezapatos y cinta para hermetizar todo el equipo, de llamativo color amarillo.
Damiano dijo que ya vendieron 100 paquetes a empresarios, hoteles y diplomáticos, entre ellos, la embajada norteamericana, que, consultada por LA NACION, dijo que nunca brinda información sobre las medidas de seguridad que adopta.
El mayor (R) Gabriel Blanco, experto en guerras tóxicas, explicó que es innecesario que la gente se provea de semejantes artefactos. Aseguró que el gobierno debería repartirlos en caso de necesidad y que se debería informar a la población sobre cómo actuar ante emergencias.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, adelantó durante una reunión con embajadores europeos que planifica montar un complejo industrial para la producción de equipamientos con vistas a la protección de eventuales ataques bacteriológicos contra civiles.
Agentes químicos
- Las agentes químicos con los que pueden atacar los terroristas son de tres tipos, según el especialista en guerras tóxicas mayor (R) Gabriel Blanco: los gases, que son fulminantes y sólo se sobrevive con una inyección de antropina; los agentes vesicales, que producen laceraciones en la piel, y los ataques bacteriológicos. Las máscaras sólo son efectivas en el primer caso. Por eso, Blanco dice que basta con saber que frente a un ataque hay que encerrarse, con agua, comida enlatada y una radio para saber cuándo se puede salir.
1
2Ucrania: una policía murió y otras 14 personas resultan heridas tras dos explosiones, en un presunto “ataque terrorista”
3“Mozart la idolatraba”: la historia de Maria Anna, la hermana prodigio del genio de la música clásica
- 4
Conmoción en Italia: murió un niño de dos años que había sido trasplantado con un corazón “quemado”

