
Primeros escollos para la coalición
En las últimas 48 horas se produjeron dos hechos que podría comenzar a minar el respaldo político internacional que los ataques de Estados Unidos han recibido hasta ahora. Por un lado, la advertencia del presidente Bush, enviada a la ONU, según la cual otros países, además de Afganistán, podrían ser alcanzados por los bombardeos. Por el otro, ayer se anunció la muerte de cuatro trabajadores de las Naciones Unidas en Kabul, víctimas colaterales del los ataques.
Desde los brutales atentados del 11 de septiembre, prácticamente sin excepciones el mundo entero se ha solidarizado con Estados Unidos y ha asumido la necesidad de perseguir a los terroristas. Hasta el Vaticano declaró que incluso la paz tiene sus límites y justificó cualquier represalia a los autores de los atentados.
Pero en las últimas horas, cuando comienza a hacerse claro que la operación Libertad Duradera no tendrá ni un objetivo ni un plazo limitado, la cohesión política en su entorno da muestras de que no pasará mucho tiempo hasta de que comience a debilitarse.
El anuncio de que Estados Unidos podría ampliar sus ataques a otros países, a los que acusa de dar cobijo al terrorismo, levantó una primera reacción de incomodidad en nada menos que su máximo aliado: Gran Bretaña.
"En Washington siempre se dicen muchas cosas, es un lugar muy grande -interpretó el canciller británico Jack Straw-. Esta coalición militar está abocada a desmantelar los campos terroristas en Afganistán", subrayó, para que no quedaran dudas. "Allá es donde está el problema y ésa es la acción militar en la que participamos."
Está claro que más allá de las palabras de Straw, Londres continuará firmemente junto a los Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo, pero lo que ya debe estar preocupando al Departamento de Estado no es perder el apoyo inglés -algo que está fuera de discusión-, sino el de los más díscolos aliados en la OTAN, y aun más fundamental, el de los países árabes.
La pista iraquí
Concretamente, el país cuyo nombre más suena para ser el próximo objetivo de Libertad Duradera es Irak: aunque el principal sospechoso de los atentados sigue siendo a los ojos de Washington Osama ben Laden, la pista iraquí no ha sido rechazada.
Pero un ataque aliado a Irak "crearía inestabilidad en toda la región", advirtió ayer Seif Maskari, un diplomático de Omán y ex asistente de la secretaría general del Consejo de Cooperación Arabe.
"La opinión pública árabe no aceptará una expansión de los ataques que golpee a cualquier nación árabe, sin que se muestren pruebas tangibles de su participación en los ataques del 11 de septiembre", señaló, en tanto, Jamal al-Suwaidi del Centro de Estudios Estratégicos de los Emiratos Arabes.
Si bien durante la Guerra del Golfo, los gobiernos árabes apoyaron la operación Tormenta del Desierto, mucho ha cambiado desde entonces y en varios países árabes ya no se considera justificado un ataque a Irak. Y aun creyéndolo necesario, los gobiernos locales sufren protestas cada vez más violentas de sus propios ciudadanos, ocasionándoles un costo político que podría obligarlos a abandonar la coalición liderada por Estados Unidos.
En tanto, las víctimas civiles de los bombardeos aliados comienzan a generar preocupación también en las capitales occidentales, donde ya se teme que una campaña aérea prolongada, en la que comiencen a multiplicarse las víctimas civiles, desgaste a la coalición tal como ocurrió durante la campaña de Kosovo. Y en esta guerra, más que en cualquier otra, Estados Unidos sabe que no puede perder aliados.
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