
Racionalidad e irracionalidad
Una persona es "racional" cuando se propone un fin realizable y escoge los medios que llevan a él. Es "irracional" cuando se propone un fin irrealizable, cuando escoge medios absurdos o cuando no se propone nada en cuanto ser autónomo porque otro maneja su mente.
Que una persona sea racional no quiere decir que sea necesariamente "buena". El ladrón que roba un banco con eficacia es racional. Tampoco quiere decir que necesariamente tendrá éxito, porque puede cometer errores o recibir sorpresas. La racionalidad, que no equivale a la bondad ni a la infalibilidad, permite al menos saber qué quiere y qué está haciendo un ser humano en uso de su razón.
Suicidio y racionalidad
¿Puede considerarse el suicidio una actitud racional? Sí, cuando es el medio adecuado para un fin realizable escogido en forma autónoma. Por ejemplo, cuando una persona quiere dar término a su vida porque padece una enfermedad terminal. Otras veces, el suicidio es racional cuando quien lo comete quiere salvar su honor: por ejemplo, el capitán que se hunde con su barco, Cleopatra que se hizo picar por un áspid para no caer prisionera o el noble japonés que cometía harakiri para purificar una afrenta.
Todos ellos cometían suicidios racionales. Lo cual no quiere decir que su actos fueran necesariamente "buenos". El cristianismo condena el suicidio. Cuando alguien busca mediante él un fin realizable, empero, aun para el cristianismo su conducta es racional aunque sea pecaminosa -no lo era en la cultura antigua ni en la tradición japonesa-.
Es tan agudo el rechazo del suicidio en la moral cristiana que, cuando sabemos de un suicidio, enseguida pensamos que quien lo cometió "estaba mal", deprimido. De esta manera, tratamos de excusarlo porque si alguien padece depresión, puede perder el control de sus actos.
¿Eran racionales los aviadores kamikazes japoneses cuando se estrellaban contra algún barco norteamericano a fines de la Segunda Guerra Mundial? Si así se lo había pedido el alto mando como parte de una apuesta militar en una situación límite, es posible sostener, como lo hizo Vicente Massot en una carta a LA NACION, que su suicidio no sólo era racional sino, además, heroico.
Terrorismo y racionalidad
Los terroristas que estrellaron los aviones en las torres gemelas, ¿eran igualmente racionales? Tanto los documentos que dejaron, donde se prescribían oraciones obsesivas al abordar los aviones para alcanzar el paraíso, como el testimonio de las escuelas madrassa de Paquistán y Afganistán que nos hizo llegar la corresponsal Silvia Pisani muestran que esos suicidas habían sufrido un agobiante lavado de cerebro mucho antes de actuar. No eran dueños de sí mismos, sino bombas humanas armadas por años de posesión intelectual. Mal podría decirse que actuaron de una manera racional.
Pero esta comprobación podría inducirnos a error. Como viene de observar The Economist, que los suicidas de las torres actuaran "como locos" no quiere decir que quienes les lavaron el cerebro también lo son. En su remota cueva, ¿es acaso Ben Laden un "loco"? ¿O ha concebido un fin, una apuesta realizable, y busca los medios para concretarla?
Según The Economist, la estrategia de Ben Laden es golpear con tanta fuerza a los Estados Unidos que éstos presionen a los gobiernos musulmanes para obtener apoyo a su respuesta. Pero esta presión, ¿no dividirá en dos al mundo musulmán? ¿No crecerán de ahí en más las huestes de Ben Laden y sus colaboradores? Arabia Saudita es la patria de Ben Laden y la Tierra Santa de los musulmanes. Allí está La Meca. Allí impera un reino pro norteamericano.
Gracias al ataque del 11 de septiembre y la presión consiguiente de los Estados Unidos, podría generarse entonces un estallido político de consecuencias imprevisibles dentro y fuera de Arabia Saudita. En última instancia, pues, Ben Laden sería un saudita revolucionario. Esta hipótesis puede ser correcta o no, pero ella nos invita en todo caso a dejar de pensar en Ben Laden y sus asociados como en un conjunto de "locos". Manipulan mentalmente a cientos o miles de "locos", pero ellos no lo son. Tengan la estrategia que sugiere The Economist o alguna otra, urge determinarla porque Occidente enfrenta a un enemigo racional.




