"Recen por mí hoy y siempre", pidió Juan Pablo II en Pompeya
Pese a su llamado, el Papa lució fortalecido e, incluso, improvisó algunas palabras
1 minuto de lectura'
POMPEYA, Nápoles.- Fortalecido por el fervor de la multitud y un clima de gran intensidad religiosa, Juan Pablo II rezó ayer aquí por la paz en el mundo y volvió a demostrar que su deteriorado estado de salud, que en las últimas semanas alarmó a todo el mundo, no le impide seguir anunciando la palabra de Dios.
"Gracias, gracias Pompeya. Recen por mí en este santuario, hoy y siempre", dijo con voz sorprendentemente fuerte el Pontífice, al concluir una visita de tres horas en la que se mostró mejorado con respecto a los últimos tiempos. "Gracias a todos los peregrinos por esta calurosa y líndisima bienvenida, gracias por el entusiasmo de los jóvenes, gracias a todos", afirmó el Santo Padre mientras era aclamado por unas 30.000 personas, al improvisar unas palabras al final de la ceremonia, algo que no hacía desde hace varios meses.
"La enfermedad del Papa, que está medicado, tiene altos y bajos, y al concluir la celebración evidentemente tuvo un alto", explicaban algunos vaticanistas escépticos, que hacían notar que al principio el Pontífice tenía un hilo de voz y rostro sufriente y que después sus condiciones mejoraron.
"Es un milagro de nuestra Virgen", aseguraban los peregrinos, conmovidos por la determinación del Papa que, pese a su fragilidad, viajó por segunda vez a este santuario a los pies del volcán Vesubio. El Pontífice, famoso por su devoción a la madre de Jesús, había venido aquí el 21 de octubre de 1979, a un año de asumir su pontificado, para venerar a la Virgen del Rosario.
"¿Vio qué bien que hablaba el Papa al final, y qué lindo color de cara tenía? Le hizo bien nuestra Madonna, el Vesubio, y el aire de mar de nuestra tierra", aseguró a LA NACION Ida Zollo, una jubilada de Nápoles.
"Aunque todo el mundo dice que se está por morir, él tiene una fuerza de voluntad que nos llena a todos de fe y esperanza; su corazón aún es joven", agregó Gelsomina Paradiso, una amiga, con lágrimas en los ojos.
Una "súplica por la paz"
Cuando Juan Pablo II llegó en helicóptero desde Roma pasadas las diez de la mañana, y en papamóvil fue hasta el palco donde tuvo lugar la ceremonia, miles de personas que lo esperaban desde la madrugada estallaron en júbilo. Mientras repicaban las campanas de las iglesias de esta pequeña ciudad de 15.000 almas, entre banderas vaticanas y pancartas de bienvenida, se destacaba un cartel escrito en napolitano que decía "Tu si `na cosa grande" (Tú eres una cosa grande).
Un silencio sobrecogedor envolvió la plaza del santuario cuando el Pontífice comenzó a presidir el rezo del rosario por la paz en el mundo. Mientras se oía su voz entrecortada, no sólo por su debilidad, sino también por un viento que molestaba los parlantes, se veían sus manos temblorosas que manejaban con destreza su rosario. Y entre varios Ave María recitados por la multitud y coros, se meditó sobre cinco misterios de la luz, introducidos el año último por el Santo Padre con la carta apostólica "Rosarium Virginis Mariae", cuando también proclamó el Año del Rosario, que concluyó ayer. En cada misterio de luz, se pedía a la Virgen por la paz en los continentes del planeta.
Para el Papa enfermo -que en el último viaje a Eslovaquia casi no pudo comunicarse, que hace dos semanas suspendió una audiencia por "problemas intestinales", y que adelantó cuatro meses el consistorio para nombrar nuevos cardenales-, el esfuerzo mayor fue más tarde, al tener que leer un largo discurso.
Además de saltearse algunas líneas -algo que suele hacer últimamente para no fatigarse-, el Papa explicó por qué es urgente hacer algo por la paz, y el significado del rosario: "Una oración simple y profunda al mismo tiempo, que va al corazón de la fe cristiana y aparece de gran actualidad frente a los desafíos del tercer milenio".
Acto seguido, subrayó que tanto "hoy, como en los tiempos de la antigua Pompeya (destruida por la lava en el 79 dC), es necesario anunciar a Cristo en una sociedad que se va alejando de los valores cristianos y hasta se olvida de su memoria". Y explicó que había querido a toda costa este peregrinaje -tan cuestionado por sus médicos-, para poder hacer una "súplica por la paz", y poder "proyectar la luz de Cristo sobre los conflictos, las tensiones y los dramas de los cinco continentes".
"El rosario pacifica nuestro ánimo", siguió, pero también llama a comprometerse con la causa de la paz, necesaria "en el inicio de este milenio, ya azotado por vientos de guerra y manchado por ríos de sangre en tantas regiones del mundo". El Papa, que se opuso como nunca a la guerra en Irak, es uno de los candidatos al Premio Nobel de la Paz, que se conocerá el viernes próximo.
Fue una ceremonia inolvidable y, para muchos, probablemente la última del Papa afuera del Vaticano (ningún viaje está previsto en la agenda del Pontífice, que la semana próxima comenzará su maratón de celebraciones por su 25° aniversario de pontificado).
El momento más emocionante fue al final, cuando hubo una última súplica a la Virgen del Rosario. Entonces, los colaboradores de Karol Wojtyla dieron vuelta su trono-silla de ruedas para que estuviera de frente al famoso ícono de este santuario. Mientras 30.000 personas pronunciaban en coro la oración, Juan Pablo II se tomó la cabeza con las manos y también rezó.
Segundos después, con el rostro sereno y luego de que alguien volviera a correr su silla para que quedara enfrentado al público, el Papa pidió sorpresivamente el micrófono. Se lo veía fortalecido. "Gracias, gracias Pompeya", dijo, con voz clara, levantando un brazo para saludar. "¡Viva el Papa!", gritaba la gente, emocionada.
Antes de emprender su regreso a Roma, quizá consciente de que necesita fuerzas para seguir adelante, el Papa valiente pidió: "Recen por mí en este santuario, hoy y siempre".
Dichos y hechos
Una mente lúcida en un cuerpo bloqueado. Después de seguir en directo por televisión la celebración del Rosario por la paz en el mundo, el cardenal Ersilio Tonini comentó que con esta peregrinación se demostraba que el Papa tiene "una mente muy lúcida en un cuerpo bloqueado".
* * *
Montacargas. Al subir y bajar del helicóptero que lo llevó a Pompeya, Juan Pablo II, que casi no puede caminar, estrenó ayer una suerte de nuevo minimontacargas, que el Vaticano inventó especialmente para él. Un par de biombos blancos fueron colocados alrededor del novedoso aparato, para que nadie molestara al Santo Padre en la operación.
* * *
Nuevo "canciller". En un movimiento que se esperaba en la Curia, el "canciller" del Papa, Jean-Louis Tauran, que el 21 próximo será ungido cardenal, será reemplazado por Giovanni Lajolo, hasta ahora nuncio apostólico en Alemania. Tauran, hombre símbolo de la política internacional de Juan Pablo II, estuvo en el cargo 12 años. Actualmente no goza de buena salud y estaría afectado por una forma de Parkinson.
* * *
Presos, con el Papa. Además de peregrinos de todas partes del mundo -entre ellos, como siempre, muchos polacos-, también hubo durante la visita del Papa a Pompeya un grupo de veinte detenidos de la cárcel de Poggioreale, acompañados por agentes de la policía penitenciaria. "Usted es un ejemplo de cómo se puede amar la vida pese a las dificultades, que para usted son causadas por los achaques, y para nosotros por los errores que cometimos", le escribieron los presos a Juan Pablo II.


