
Regresan los fantasmas de la Gran Alemania
Por Narciso Binayán Carmona
1 minuto de lectura'
Ahora es casi una rareza bibliográfica y muy poca gente lo ha leído en estas últimas generaciones. Fue, sin embargo, uno de los libros de más amplia difusión en la Alemania de los años 20 y 30. Lo escribió el que era entonces un político de menor cuantía en la cárcel de Landsberg am Lech, donde estaba detenido tras su condena por el fracasado golpe de Estado de 1923. El libro era "Mi lucha" ( Mein Kampf ) y el político, Adolf Hitler. En esa obra asienta las bases programáticas e ideológicas que luego aplicaría desde 1933.
Por ello, ahora, en que la eventual llegada al poder de Joerg Haider en Austria ha agitado el fantasma de un resurgimiento concreto del nazismo, se plantea la necesidad de refrescar el pensamiento completo del suicidado y fracasado dictador, ya que aquel resurgimiento puede -podría- tener consecuencias muy serias en el panorama general de la política y de la geografía europeas.
"Mi lucha" empieza así: "Muy útil me resulta hoy el capricho del destino al disponer que Braunau am Inn fuera el lugar de mi nacimiento. Esta pequeña localidad se encuentra en la frontera, entre los dos Estados alemanes, cuya reunión constituye una empresa que nosotros, los jóvenes, miramos como digna de llevar a cabo consagrándole todos los recursos que están a nuestro alcance. El Austria alemana tornará al seno de la gran patria germana, pero ello no ocurrirá por razones económicas. ¡No! ¡No!... ¿No somos iguales a los demás alemanes? ¿No es por ventura menester que nos unamos? Este problema comenzó a bullir ya en mi cerebro de niño".
El primer punto
Por lo demás, éste era el punto uno del programa del Partido Obrero Nacional Socialista Alemán, dado en Munich el 25 de febrero de 1920. Cumplirá, por lo tanto, ochenta años el viernes de la semana próxima: "Exigimos la unión de todos los alemanes para constituir una Gran Alemania fundada en el derecho de la independencia de que gozan las naciones". La exclusión de los judíos como miembros de la nación alemana aparece en el punto cuarto. En "Mi lucha" este tema obsesivo -los judíos- está desarrollado largamente.
Ahora, con el resurgimiento de los nacionalismos, el planteo inicial panalemán, dentro de la ideología nazi, debe ser recordado y mirado con especial atención.
Es curioso que haya sido nada menos que un gran patriota como Bismarck el que haya estado atrás de esa separación que preocupaba a Hitler de niño. Pero había razones para ello. Austria, que venía encabezando el Imperio Alemán desde la Edad Media, cerraba el paso al creciente poder de Prusia y ésta, bajo la influencia de Bismarck, impuso la guerra de 1866 que dejó a Austria fuera de aquella confederación, pero como nación dominante dentro del multinacional Imperio Austro-Húngaro. El emperador austríaco Francisco José, aun excluido, afirmaba " Ich bin ein deutscher FŸrst " ("Yo soy un príncipe alemán"), lo cual señalaba la ambigüedad étnica del país.
Al terminar la Primera Guerra Mundial, Austria-Hungría se dividió por nacionalidades y el 12 de noviembre de 1918 se proclamó la República Alemana de Austria (con población casi totalmente alemana), cuya Asamblea Constituyente votó en marzo siguiente por unanimidad la unión con Alemania ( Anschluss ) que fue vetada por los aliados vencedores, al igual que la propuesta de unión aduanera (1931). El tratado de Versalles impuso a Alemania, igualmente, el reconocimiento de la independencia de Austria.
La ocupación nazi
La situación cambió cuando Hitler llegó al poder. En 1938, las tropas alemanas ocuparon Austria y el plebiscito del 10 de abril de ese año arrojó 99 por ciento en favor de la unión (el control nazi fue total y no se duda del fraude), con lo que satisfizo el párrafo inicial de "Mi lucha".
Una curiosidad es que nunca intentó anexar el diminuto principado de Liechtenstein, puramente alemán, más que Austria. Incluso el intento de golpe de 150 nazis del principado para derrocar la monarquía y unirse a Alemania fracasó detenido por un solo hombre de sotana, el padre Anton Frommelt, que los paró en el camino e irrumpió donde su estado mayor, que se disolvió (16 de marzo de 1939). Hitler no apoyó para nada esta intentona. La restauración de la independencia austríaca fue ratificada por los aliados (1943).
Ahora bien, en concreto y hasta ahora sólo quedan como el peligro para el futuro europeo las simpatías de Haider, no demasiado explícitas en cuanto a ideología, salvo en lo que toca a su xenofobia y a sus declaraciones sobre la matanza de judíos bajo Hitler. Austria sigue siendo todavía el país de Europa más abierto a los extranjeros y no aparece aún la sombra de una política antijudía. En cuanto a Alemania, los neonazis están muy lejos de ser un problema de envergadura europea y, menos aún, mundial. De un nuevo Anschluss no habla nadie.
No obstante, y teniendo en cuenta los hechos de 1933-1945 en aquella zona y la poca importancia que se dio antes a aquel político de menor cuantía y a su ideología para burlarse de su bigote y de su oratoria de barricada, puede ser útil recordar el antecedente. Acaso sea sólo una anécdota en la historia. ¿Y si no...?
1
2Barcelona duplica la tasa que le cobra a los turistas y se convierte en una de las más altas de Europa
- 3
Trump apunta contra Irán en su discurso y Teherán responde con una dura advertencia antes de las negociaciones
4Venezuela: un hombre clave de Maduro renuncia como fiscal general y asume un nuevo cargo en el país



