
Rescataron a un cautivo de la ETA
La Guardia Civil liberó en un operativo al funcionario Ortega Lara; los separatistas entregaron a otro rehén
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MADRID,1º.- Los dos el mismo día. Los dos de manera diferente. Los dos sometidos a una tortura infernal: Ortega Lara, funcionario de prisiones, durante 532 días; el industrial Cosme Delclaux Zubiría, durante 232. Mientras este último era atado a un árbol y abandonado cerca de un puente en torno de la 1.10 en Elorrio (Vizcaya), luego de haber pagado, se dice, una tercera parte del rescate de diez millones de dólares, la Guardia Civil preparaba el asalto final a la cárcel donde los etarras mantenían prisionero a José Antonio Ortega Lara desde el 17 de enero de 1996.
Unos 400 hombres, sin derramar una gota de sangre, tomarían por asalto al amanecer el subsuelo donde sobrevivía Ortega Lara gracias a la información obtenida inicialmente con la detención, en Francia, en noviembre último, del terrorista Juan Luis Aguirre Lete.
Un buen escondite
Los dos secuestros más clamorosos de los últimos años (el canal 5 de TV iniciaba su telediario de la noche con la fotografía de ambos y los días que llevaban prisioneros de ETA) han concluido felizmente. Nos queda en la retina la cara con larga barba y despavorida de Ortega Lara, vestido con medio chandal rojo. Mira a todos lados mientras lo suben a un coche.
Todavía sigue viendo lo mismo. Las paredes de plástico húmedas. La escalera vertical de metal donde apoyaba su plato de comida. Una escalera. Que llevaba a la libertad. El balde hediondo a un lado. La única luz. Comía únicamente fruta y verduras. Que le provocaron una diarrea crónica. Y siempre el silencio. Durante un año y medio. Perdió 23 kilos. Pesaba algo más de 70.
Ortega Lara estuvo prisionero en un establecimiento industrial abandonado de Arrasate, en Mondragón (Guipúzcoa), bajo una pesada plancha metálica que se desplazaba mediante un mecanismo hidráulico. Se alquilaba para reparaciones menores y la gente iba y venía habitualmente sin que nadie sospechara que allí abajo había un ser humano secuestrado por la ETA.
La magnitud del rescate (la instrucción está a cargo del juez Baltasar Garzón) hizo que el presidente del gobierno, José María Aznar, dijera: "Quiero decir a los españoles que éste es un día de alegría que el gobierno mantendrá con firmeza y determinación, y esperamos contar con la comprensión de todos los ciudadanos, en una tarea dura y difícil que tenemos por delante". En realidad, Aznar sabe que con estas buenas noticias el virus no desaparecerá todavía.
El dinero, una esperanza
Las operaciones de la Guardia Civil fueron cuatro a la vez y no tienen nada que ver con la liberación por pago de rescate de Delclaux. El arresto de cuatro individuos, gracias a los datos que llegaban de Francia, donde había sido interrogado Juan Luis Aguirre, fue determinante para ubicar dónde estaba el funcionario de prisiones.
La preocupación de las fuerzas de seguridad españolas indicaba que ante los dos secuestros había uno con posibilidad casi total de supervivencia: el de Delclaux era por dinero y eso le permitía la esperanza.
El otro, el de Ortega Lara, planteaba mayores peligros. ETA pedía a cambio de su liberación la concentración de presos etarras en cárceles cercanas a sus familias. El gobierno no podía ceder a la exigencia y Ortega Lara también lo sabía. Podían matarlo en cualquier momento para evitar otras complicaciones. No valía ni una sola peseta.
Final feliz
El ministro del Interior, Mayor Oreja, con quien almorzamos no hace mucho, el mejor considerado del gabinete de Aznar, no pudo recurrir a su estilo suave y descafeinado cuando afirmó hoy: "Todo confirma el tratamiento de bestias que sin duda alguna ha prolongado la tragedia de Ortega Lara. Su salud es aparentemente buena. He hablado con él. Pero al permanecer tanto tiempo en un habitáculo pequeño hay que confirmar la anemia, la palidez, la delgadez y otros perjuicios que ustedes comprenderán".
Ortega Lara recibió los primeros auxilios médicos esta mañana en la sede de la Guardia Civil de Intxaurrondo (Guipúzcoa), sospechosa de haber sido donde dos etarras perdieron la vida durante un interrogatorio.
Sin la colaboración hispano-francesa, el final de Ortega Lara, que ha vuelto con su esposa y sus hijos, habría sido bien diferente. Para luchar contra ETA es indispensable disponer de información francesa.
Iparretarrak, el ETA francés, no tiene la virulencia del terrorismo vasco. Pero a pesar de su modesta magnitud suministra apoyo y locales donde los delincuentes etarras encuentran casa y comida más allá de los Pirineos.
El lazo azul, símbolo de la presencia del terror que había secuestrado a los liberados, fue arriado en las fachadas de las municipalidades del País Vasco. Parece que llegan unos días de paz y esperanza.
Una industria del cautiverio
MADRID, 1º (De nuestro corresponsal).- El 1 de diciembre de 1970 fue secuestrado el cónsul honorario de la República Federal de Alemania en Bilbao, Eugenio Beihl. Fue liberado después de 25 días. ETA iniciaba, en plena dictadura franquista, su vieja industria de secuestros que son, hasta ahora, unos 76 y habrían producido beneficios en torno de los cuarenta millones de dólares. Siete de las víctimas fueron asesinadas.
El más largo ha sido el de Ortega Lara: 532 días, algo parecido a la eternidad, como explicamos aparte. José María Aldaya, industrial guipozcuano, estuvo en manos de la mafia etarra 341 días, desde el 8 de mayo de 1995 hasta el 14 de abril de 1996.
El tercero en duración fue el de otro industrial, Emiliano Revilla, 249 días, secuestrado en febrero de 1988. El padre del cantante Julio Iglesias, el médico Julio Iglesias Puga, también fue secuestrado y liberado por ETA previo pago del rescate, y un político como Javier Rupérez, dirigente de la desaparecida Unión de Centro Democrático y actualmente en el Partido Popular, fue prisionero de ETA en 1979.
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