
Reunión secreta IRA-ETA en Uruguay
Interés: los separatistas vascos reconocieron elípticamente que la vía armada puede llegar a ser un asunto del pasado y consultaron cuál es la salida.
1 minuto de lectura'
MONTEVIDEO.- Ese día, sobre el Río de la Plata había amanecido gris y lluvioso. Por eso, al descender de su avión, el hombre rubio de pelo ralo, de algo más de 50 años, de estatura mediana y un poco grueso, lucía encapotado bajo su impermeable. En el aeropuerto lo esperaba otro hombre que lo saludó en forma muy cordial y tuvo la gentileza de hacerse cargo de su pequeño maletín de cuero negro. Juntos salieron del hall central y se dirigieron hacia un auto blanco, uno más de los tantos que estaban estacionados en las cercanías de la estación aérea.
Un rato más tarde, otro avión tocó tierra. Uno de sus pasajeros, de edad también cercana a la cincuentena, más bien bajo y de cuidado cabello negro peinado para atrás, enfundado en un traje caro y con una gabardina colgando del brazo izquierdo, cumplió con los trámites de migración, recogió su equipaje liviano y enfiló hacia la parada de los taxis.
En la ciudad se encontró con su anfitrión local, más joven aunque no tanto, vestido con ropa informal pero de "standing", como dicen los europeos. Juntos abordaron un coche particular y se marcharon despacio por la autopista de la costa, hacia el Este.
Aquel hombre rubio y este otro morocho tenían un idéntico destino. Una casa tipo cabaña, modesta pero muy confortable, que se levanta casi sobre los médanos de una playa ubicada a pocos minutos de viaje de la ciudad de Piriápolis, en Uruguay.
Ese fue el escenario de una reunión consultas efectuadas entre el IRA y ETA.
Durante el cónclave circularon no más de ocho personas; dos pertenecían al lado anfitrión y el resto eran asesores y acompañantes del etarra y del irlandés. No se apreciaron medidas especiales de seguridad ni ninguno de los ritos típicos de los encuentros clandestinos. La mayor parte de los diálogos entre los dos interlocutores principales pasó alternativamente del español al inglés.
El primero de los personajes descriptos es un importante operador internacional del Irish Republic Army (IRA), de Irlanda; el otro pertenece a la estructura visible de relaciones públicas que tiene ETA circulando por el mundo. El irlandés llegó desde Nueva York; el vasco, desde París. Los vuelos de ambos habían hecho escala en Buenos Aires.
ETA pregunta qué hacer
En otros tiempos, cuando el marxismo todavía les decía algo a los hombres de acción política, los militantes encumbrados de ETA habrán leído "Qué hacer", ese clásico de la "literatura revolucionaria" de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. Las respuestas que entonces encontraron condujeron a la organización vasca hacia un callejón de sangre, un embudo político de fin de siglo sin salidas ni respiraderos.
Hace pocos días, hombres influyentes de los dos aparatos político-militares más importantes de Europa se reunieron durante un par de jornadas lluviosas en una playa uruguaya. Los de ETA quisieron saber si sus colegas del IRA veían posible una vía de diálogo con Madrid como la que ellos tuvieron sobre el complejo tablero angloirlandés; y, en caso de que las conclusiones fuesen positivas, la respuesta que a los vascos sigue desvelando: ¿qué hacer?
Los de Euskadi están aparentemente atraídos por los acuerdos de paz para el Ulster logrados a principios de este mes. Los del IRA estuvieron dispuestos a reflexionar en voz alta sobre el futuro inmediato, a la luz de su propia experiencia.
Discreciones, comidas y barcas
La reunión fue más que discreta, y de no ser por este artículo podría haberse calificado de absolutamente secreta. Nunca es fácil saber lo que conocen y dejan de conocer los servicios de inteligencia y de seguridad, pero hasta donde esta vez puede llegar la certeza, no es exagerado afirmar que los del Uruguay ni se enteraron del encuentro.
Las conversaciones duraron un día y medio y un almuerzo; pero a la hora de comer, y pese a que todos los presentes sabían de las bondades de la gastronomía vasca, el menú fue local y muy simple. Los dirigentes de ETA y del IRA, acompañados por sus anfitriones, dos ex tupamaros ahora hombres de negocios con buenos contactos políticos y financieros internacionales, comieron una parrillada bien a la uruguaya, con fuego de leña y despaciosa. El vino fue un tinto chileno; para más datos, Casillero del Diablo.
Es probable que los etarras hayan recordado o querido conocer, si es que nunca antes estuvieron por estas tierras, la fama de los cocineros del restaurante La Trainera, pero se supone que los que saben de discreciones habrán preferido no rememorar aquellos otros tiempos de presencias etarras en Uruguay.
La Trainera, con sus dos locales, el de Montevideo y el de Punta del Este, supo consagrarse como uno de los mejores y más caros restaurantes uruguayos, y uno de los preferidos por Luis Alberto Lacalle cuando aún era presidente de la república. Fue abierto por algunos de los trece etarras que a mediados de esta década se encontraban refugiados en la Banda Oriental y que evitaron la extradición solicitada entonces por las autoridades de Madrid. En aquella oportunidad sólo dos de los trece etarras fueron deportados a España; ésos no se salvaron porque sobre sus testas pendían responsabilidades de sangre.
Los otros sí pudieron quedarse. Algunos de ellos abrieron la casa de comidas vascas y al poco tiempo la convirtieron en un centro exclusivo y propicio para todo tipo de reuniones selectas. Las guerrillas y las organizaciones terroristas suelen tener varios estilos en común, como la utilización de palabras y signos que se relacionan con el lenguaje corriente de la gente que vive donde aquéllas nacen y se desarrollan. A una de esas palabras se refiere el nombre del restaurante en cuestión.
Las traineras son barcas típicas de los vascos, casi siempre pintadas con colores pastel y de proas puntiagudas, muy parecidas a las que usan los pescadores franceses del Mediterráneo y que se denominan "punture". Esas embarcaciones de madera, muy estables, sirven también como discreto transporte de los "correos" de la organización armada independentista de la isla de Córcega.
Lo que conversaron
Volvamos a aquellos dos hombres que una mañana lluviosa de la semana pasada aterrizaron en el aeropuerto de Carrasco. Del irlandés se supo que fue pieza clave en el lobby que los católicos del Ulster lograron montar en los Estados Unidos. El vasco vive en Francia y se dedica a los negocios; suele operar con algunos gestores de fortunas asentados en Zurich, Suiza.
Cuando se sentaron, distendidos, en la cabaña uruguaya coincidieron en que las realidades políticas de unos y de otros son muy diferentes, pero para el dirigente del IRA sus colegas etarras aún se encuentran ante un problema que a los irlandeses les llevó mucho tiempo superar: el hallazgo de interlocutores válidos con quienes negociar, porque cuando esos interlocutores aparecieron, a todas las partes del conflicto les fue más sencillo comprender que el tiempo de las balas debía cesar.
"Vuestro problema es que en España todavía hay más policías disfrazados que políticos con voluntad para el debate", le dijo muy seguro de sí mismo el irlandés al vasco.
Las dos partes saben que entre sus respectivos dirigentes, cuadros y militantes hay muchos que siguen creyendo en las armas, pero estuvieron de acuerdo en que el camino parece estrecharse, que las expresiones violentas en la Europa unitaria y casi con moneda única empiezan a sonar más a pieza de museo que a alternativa lógica o creíble. Ambos sabían aquello de lo que la gente se enteraría algunos días después por los diarios: que la guerrilla alemana, el grupo Baader-Meinhof, había renunciado a las metralletas.
Pero no se habló sólo de política. El hombre del IRA y el de ETA llevaban en sus agendas electrónicas y en sus note-books de última generación algunas cuestiones y unas cuantas ecuaciones que resolver: son muchos los dólares que circulan en cuentas de empresas, que son tales, pero que también sirven de tapadera para las finanzas clandestinas de una organización y otra. Muchos de esos dólares son gerenciados por los ex tupamaros y huéspedes de la reunión, que se hizo frente al mar, y todos estuvieron de acuerdo en que ha llegado el momento de analizar la suerte inmediata de las bancas "off shore", sean éstas uruguayas o de otros registros nacionales.




