
Rusia plantó su bandera en el lecho del Artico
Busca expandir su control territorial
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MOSCU.- En una reivindicación simbólica de sus derechos sobre las ricas reservas de gas y de petróleo en el océano Artico, una expedición de Rusia colocó ayer una bandera de ese país en el suelo marino del Polo Norte, a 4261 metros de profundidad.
Se trató de la primera exploración en la historia del fondo Artico, a través de la cual Rusia busca reforzar su reclamo de soberanía sobre la región.
"Tocar el fondo a semejante profundidad fue como dar el primer paso en la Luna", dijo el líder de la exploración y vicepresidente de la Duma, Artur Chilingarov.
Dos batiscafos (pequeños sumergibles preparados para explorar las profundidades del mar) con seis exploradores rusos a bordo -tres en cada nave- se sumergieron ayer en las gélidas aguas del Artico, y, al alcanzar el fondo oceánico, depositaron en el lecho marino una bandera rusa de más de un metro de altura, hecha de titanio y resistente a la corrosión.
"Fue un aterrizaje suave. Hay una gravilla amarillenta. No hay criaturas visibles, pero es muy bello aquí abajo. Cuando dentro de cien o mil años algunos desciendan hasta el mismo punto, verán nuestra bandera rusa", señaló Chilingarov.
Además, ambos batiscafos permanecieron en el lecho marino durante más de una hora y media para tomar pruebas científicas del lugar y realizar mediciones geomagnéticas y geofísicas. Tras casi diez horas, retornaron a la superficie.
El mayor peligro de la expedición era que los batiscafos quedaran atrapados bajo las capas de hielo y sin oxígeno, ya que los minisumergibles no son lo suficientemente fuertes como para romper la capa helada del Polo Norte. Cada submarino tenía oxígeno para 72 horas.
Más allá de las investigaciones científicas, la expedición Artico 2007 busca recabar pruebas geológicas que le permitan a Rusia reivindicar una extensión de su plataforma continental y así obtener los derechos de una superficie de 1,2 millones de kilómetros cuadrados -área que duplica la extensión de Francia-, que se cree que albergan una cuarta parte de las reservas mundiales de hidrocarburos.
En tal sentido, una de las prioridades es establecer que una parte del fondo submarino del Polo Norte, conocida como dorsal Lomonosov, es una extensión geológica de Rusia. Moscú podría entonces reivindicar ese espacio amparándose en la Convención de las Naciones Unidas sobre derecho marítimo, que establece que los países polares pueden reclamar cada uno, como zona económica, unos 370 kilómetros partiendo desde tierra firme en dirección al Polo.
Disputa territorial
Por la riqueza del lugar, los otros Estados con territorio en el Círculo Polar Artico -Estados Unidos, Canadá, Noruega y Dinamarca- también están interesados en el control de la zona y no le dieron mucha relevancia a la expedición rusa.
"[La expedición] es una insignificante artimaña para los medios de comunicación. La tomamos relajadamente y con humor. No tiene la más mínima importancia para imponer jurídicamente reclamos del derecho internacional", sostuvo ayer el canciller danés, Peter Takse-Jensen.
En el punto de mira de todas estas naciones están los yacimientos, a los que en el pasado no se podía acceder. Pero, ahora, tanto el cambio climático que ha provocado el deshielo como el mejoramiento de las técnicas de prospección hacen cada vez más realista la búsqueda y eventual explotación de los aislados recursos naturales bajo el agua.
Se estima que bajo el Polo Norte hay unos diez mil millones de toneladas de crudo y gas, cuyo valor se calcula en más de un billón de dólares, según el diario Isvestiya . A ello se suman grandes cantidades de oro y diamantes.
