Rust Belt: el cinturón industrial de ricos y pobres
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WILKES-BARRE, Pensilvania.- La mejor apuesta de Donald Trump para llegar a la Casa Blanca es marcar la diferencia en el Rust Belt, volcando a su favor los estados tradicionalmente demócratas, donde viven millones de votantes blancos de clase trabajadora que han celebrado su discurso de línea dura sobre la inmigración y el comercio internacional.
Un puñado de victorias en los estados del cinturón industrial que se extiende desde Pensilvania hasta Wisconsin le posibilitaría convertirse en presidente, aun perdiendo en Florida. Pero los estados del Rust Belt no son todos iguales: Ohio, donde Obama ganó por apenas dos puntos en 2012, está casi ganado para los republicanos. Pero Michigan, donde Obama se impuso por 10 puntos, es la mayor distancia a descontar.
Pensilvania -el segundo estado entre los más reñidos después de Ohio en 2012- es una eterna tentación para que los republicanos inviertan más recursos en su intento de ampliar su mapa electoral.
Para ganar en el cinturón industrial, una región que se ha volcado mayormente por los demócratas en las últimas seis elecciones presidenciales, Trump debe ganar Pensilvania.
Aquí, el desafío de Trump será ampliar su apoyo entre los votantes obreros sin espantar a los republicanos de oficina, incluidas las mujeres que rechazan sus aleatorios insultos y los empresarios que dudan de su conservadurismo.
Si los republicanos con formación universitaria que rechazan a Trump se acumulan, su sueño de ganar en el Rust Belt probablemente quede trunco.
"Tiene que ganarse a los votantes marginales de Obama, que suelen ser blancos de bajo nivel socioeconómico", dice Henry Olsen, analista electoral del Centro de Ética y Políticas Públicas. "El interrogante es si su figura pública y sus posturas ahuyentarán al votante clásico de Romney de las clases dirigentes. Tiene muy poco margen para el error."
Dos condados del este de Pensilvania son un claro ejemplo de lo que está en juego: Luzerne, donde los demócratas blancos de clase trabajadora están volcándose masivamente por Trump, y el condado de Chester, donde viven los más ricos.
En la campaña demócrata dicen que para ganar Pensilvania a Clinton le bastaría con conservar el apoyo que tuvo Obama entre los jóvenes, las mujeres y las minorías. Pero los republicanos dicen que Trump está trastrocando todos los cálculos, y algunos demócratas admiten cierta preocupación.
"Conozco familias históricamente demócratas que se han hecho republicanas para votar por Trump", dice Mike DeCosmo, presidente del Partido Demócrata del condado de Luzerne. "Algo bastante parecido a lo que pasó con Reagan cuando se postuló."
Trip Gabriel
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