Sánchez revalidó su poder con un claro triunfo, pero deberá acordar

El saludo de Pedro Sánchez a sus seguidores, anoche, en Madrid
El saludo de Pedro Sánchez a sus seguidores, anoche, en Madrid Fuente: AP - Crédito: Andrea Comas
El PSOE logró su primera victoria electoral desde 2008; aunque no cuenta con mayoría propia, tiene margen para negociar una coalición; el PP sufrió un revés histórico y la extrema derecha entró por primera vez al Congreso
Silvia Pisani
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29 de abril de 2019  

MADRID.- Pedro Sánchez ganó claramente las elecciones generales de ayer y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) revalidó el liderazgo político del país, en unas elecciones en las que el Partido Popular (PP) sufrió un derrumbe histórico y la extrema derecha, de la mano de Vox, consiguió bancas en el Parlamento por primera vez desde la transición democrática.

"Ha ganado el futuro y ha perdido el pasado", dijo Sánchez ante militantes enfervorizados, al hablar desde los balcones de la sede madrileña del partido.

De su mano, el socialismo volvió a ganar una elección después de once años y pegó un enorme salto en bancas: de 85 a 123.

No hay duda de que Sánchez será investido presidente. Lo que aún no estaba claro anoche es cómo y con el apoyo de qué partidos. O si, eventualmente, intentará un gobierno solitario en minoría.

"Nosotros hablaremos con todos y no pondremos cordón sanitario a nadie", agregó Sánchez, que fue deliberadamente ambiguo al celebrar el triunfo.

Es probable que la nueva coalición no se defina hasta después del 26 de mayo, cuando se producirán las elecciones autonómicas.

Lo que sí está claro es que ya nadie podrá tildarlo de "ocupa" del Palacio de La Moncloa, al que llegó en junio pasado, merced a una moción de censura parlamentaria contra Mariano Rajoy.

Diez meses después, este economista de 47 años se ganó el puesto en unos comicios que se saldaron con la peor derrota del conservador Partido Popular (PP), al que dobló en bancas. Fue una debacle histórica para el partido del joven Pablo Casado. Mudo y pálido, anoche apenas podía articular palabra para justificar la derrota por la que su fuerza, hasta ayer dominante, pasó de 137 a solo 66 escaños.

Fueron más las que perdieron que las que ganaron. Apenas si pudo balbucear alguna excusa, en la que echó parte de la culpa a la "pelea dentro de la derecha" y a "las vacaciones de Semana Santa" en medio de la campaña. Ojeroso y con la sonrisa incrustada, fue apenas un reflejo del brío que solía mostrar en sus actos de campaña.

Anoche, varios dirigentes pedían ya la cabeza del joven líder que asumió el partido de Rajoy y todavía paga facturas pendientes.

La elección se zanjó con la fragmentación absoluta del arco de la derecha, con liderazgo disputado y muy parejo entre el PP y el liberal Ciudadanos, de Albert Rivera.

La derecha radical ingresó por primera vez como fuerza nacional de la mano de Vox. Pese a un batacazo que le permitió pasar de cero a 24 bancas, su posición no le permitirá ser determinante en la configuración de políticas.

"Bienvenidos a la resistencia", dijo su líder, Santiago Abascal, al dar cuenta de la situación. Es un buen ingreso, pero lejos de las expectativas de un bloque de 30 o 35 legisladores, que era lo que esperaba la cúpula de la agrupación.

Fue una buena noche para el liberal Rivera. Pese a que Sánchez no cerró la puerta a un pacto con Ciudadanos, el joven dirigente lo desechó de plano en el discurso con que celebró el resultado.

"Seremos los líderes de la oposición y vamos a seguir de cerca a este gobierno de izquierda", dijo, dando por sentado que su agrupación no será parte.

Ciudadanos casi duplicó sus bancas, de 32 a 57, y se puso a solo nueve del erosionado Casado. Su promesa fue volver dentro de cuatro años "para que haya un gobierno liberal" en España.

La izquierda de Unidas Podemos tuvo un sangrado casi tan importante como el del PP, con la pérdida de casi la mitad de sus bancas: de 71 a 42. La diferencia es que puede jugar un papel de peso en la formación de gobierno. "Nos hubiese gustado un mejor resultado y me hago cargo de nuestros errores. Pero lo obtenido es suficiente para nuestros objetivos", admitió su líder, Pablo Iglesias. De hecho, lo primero que hizo el dirigente fue llamar al triunfador para felicitarlo y para "ponerse a trabajar juntos en la formación de un gobierno de izquierda".

Para Iglesias, convertirse en parte del futuro gobierno de Sánchez es vital. Por eso fue el primero en dejar clara la posición y el primero en levantar el teléfono en línea con la sede socialista para dejar clara la idea a su jefe. Sánchez, sin embargo, no fue tan categórico. Dejó puertas abiertas, incluida la posibilidad de intentar gobernar en solitario, en minoría y con apoyos circunstanciales, según los casos. La fuerza con que se impuso y el oxígeno que dio a su partido podrían darle aire para hacerlo, si se lo propone.

La jornada estuvo signada por la alta participación: 75,75%, en un país donde el voto no es obligatorio. Es, en promedio, una respuesta hasta 12% superior a la registrada en las últimas generales, de 2016.

"La gente captó que había mucho en juego y respondió de inmediato", dijo Francisco Camas, de la consultora Demoscopia, a LA NACION.

Tradicionalmente, la mayor participación en España benefició a la izquierda.

¿Qué puedo haber fallado en la estrategia de la derecha? Varias cosas. Pero la primera de ellas es que no parece que su propuesta de posiciones extremas haya cautivado a una sociedad tradicionalmente más moderada. Tanto el PP como Ciudadanos arrancaron su campaña con la censura a la política de distensión que ensayó el socialismo ante el separatismo catalán.

Dentro del espectro separatista catalán también hubo movimiento, con un triunfo histórico para Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Por primera vez en la historia, la fuerza pasará a tener una horquilla de quince legisladores en el Congreso Nacional.

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