Santa Marta, un "cinco estrellas" vaticano
Difunden por primera vez imágenes de la residencia que ocuparán los cardenales
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ROMA.– Pasan los días… Se acerca el cónclave y el misterio medieval se funde con el fervor turístico. Con el enigma del futuro papa encima, toda Roma es una mezcla histérica de devoción y cámaras de fotos.
De ese modo, el Vaticano cedió a la presión y develó, video mediante, intimidades “cinco estrellas” del inminente cónclave. Entre ellas, justamente, los secretos del “hotel” Santa Marta, tal el nombre de la residencia donde se alojarán los 115 cardenales durante el encierro para la elección.
Ellos no lo dicen. Se les prohibió hablar y es complicado colar la cuestión en sus homilías precónclave. Pero puede que lo que más entusiasmo les despierte sea la novedad sanitaria: esta vez, cada cardenal dispondrá de un baño privado. Todo un progreso respecto del desesperante apiñamiento de seis “príncipes” por cuartito que vivieron en 1978.
Hay más. Lo que se mantiene es la estufa para quemar papeletas y generar la famosa fumata, negra o blanca, según sea el resultado de cada votación. Pero lo que cambia es el proceso previo: para recogerlas, ya no se usarán cálices y patenas, sino tres urnas ultramodernas de plata y bronce, especialmente confeccionadas.
De paso, al revelar todo esto, el Vaticano confirmó el anticipo de La Nacion en el sentido de que no todos los cardenales emitirán su sufragio en la Capilla Sixtina, sino que algunos de ellos, los que tengan problemas de desplazamiento, lo harán en su habitación usando –precisamente– una de esas urnas, muy parecidas a un plato volador…, con carácter itinerante.
Hablando de desplazamientos: la otra novedad es esa suerte de “cardenalbus” que facilitará el traslado de los electores a lo largo del kilómetro por el que se extienden las tres dependencias en las que transcurrirá el encuentro, la residencia Santa Marta, la Capilla Sixtina y el espacio intermedio entre ambos.
Todos estos cambios fueron introducidos con la venia de Juan Pablo II, quien participó en los dos últimos cónclaves. El entonces joven cardenal Wojtyla no sólo compartió el baño con varios pares, sino que –por mucho fresco de Miguel Angel que hubiera en los techos y paredes de la Sixtina– comprobó en carne propia las incomodidades que atenazaban a los más enfermos.
Tras la muralla
Por eso hizo reconstruir la residencia Santa Marta; hoy, de cinco pisos y dentro de la muralla que encierra al Estado vaticano. Años atrás, mucho más modesta, sirvió para esconder prófugos del régimen nazi. Ahora es un hotel reservado a religiosos que, a partir del lunes, cerrará puertas a quien sea ajeno al proceso electoral. Las excepciones serán dos médicos y dos confesores.
Con todo, es posible que esto suscite alguna que otra disputa: los 115 cardenales tendrán que repartirse 106 suites, 22 habitaciones sencillas y un departamento. El drama está en que sólo algunas tienen la vista envidiable del cupolone de San Pedro.
Las discusiones previas al voto serán animadas con vino. El Frascatti –un caldo proveniente de los alrededores de Roma– correrá en las comidas. Y éstas consistirán en dos platos: la infaltable pasta y luego uno principal, de carne, pescado o pollo. Casi como una opción de azafata.
Otras cosas se adaptaron deliberadamente. Por ejemplo, con sus pisos de madera, sus antigüedades y su tapicería y paredes blancas, la residencia Santa Marta fue despojada de todo aquello que pueda significar “contacto con el exterior”: televisores, radios y teléfonos descansan en el sótano.
Los votos, como se dijo, caerán en las urnas de diseño que, por supuesto, se cierran herméticamente con llave. Constan de una hendidura por la que resbala la papeleta. Puede que la estufa que se use luego para quemarlas no sea la misma de 1978. Pero se le parece mucho: un calco de nuestra “cocina económica” , con una chimenea de 15 metros que se instala en el extremo opuesto al del fresco del Juicio Final.
Y por mucho que la energía y la tensión del encuentro transcurra esta vez entre jardines y espacios abiertos, el momento supremo de depositar el papelito será, para la mayoría de los cardenales, frente al monumental fresco del Juicio Final. La imagen de un Cristo poderoso que juzga los errores humanos. Como para no inquietarse…
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