Ser optimista sobre el futuro de la UE es cada vez más difícil

Ian Bremmer
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6 de enero de 2015  

WASHINGTON.- En el pico de la crisis de la eurozona, en 2011 y 2012, los Estados miembros de la Unión Europea sellaron un consenso político para manejar el caos económico. Hoy, aunque la inquietud económica vuelve a estar en alza, el pánico ha desaparecido, y con él, también la unidad política. Es probable que éste sea un año duro para los planificadores políticos y las economías de todo el continente.

En primer lugar, durante este año continuará el ascenso de los partidos políticos antieuropeos en muchos países. El primer signo obvio de problemas está llegando de Grecia, donde el partido populista de izquierda Syriza, liderado por Alexis Tsipras, probablemente gane las elecciones anticipadas y forme gobierno en los primeros meses del año.

En España, aunque durante 2015 las reformas implementadas en los últimos tres años ayudarán a impulsar a una de las economías de más rápido crecimiento de la eurozona, el desempleo seguirá siendo excepcionalmente alto, las elecciones en Cataluña fogonearán aún más la caldera secesionista y el meteórico ascenso de otro partido de izquierda antisistema, Podemos, debilitará aún más al gobierno español tras las elecciones nacionales de octubre próximo.

Los votantes de Italia y Francia observan y ejercerán fuerte presión sobre sus propios gobiernos. El resultado será una virtual paralización del proceso de reforma económica en Europa.

Y como nos lo recuerda el aumento de la popularidad de partidos antieuropeos como el Frente Nacional en Francia, el Partido de la Independencia del Reino Unido en Gran Bretaña y hasta Alternativa Alemana en Alemania, el euroescepticismo ha calado hondo incluso en aquellos países más beneficiados por el mercado común. En los próximos meses, a medida que las economías se ralenticen, el debate político sobre cómo recuperar la senda del crecimiento llegará más temprano que tarde, aunque con pocos resultados que mostrar.

Pero el principal problema de Europa en 2015 no provendrá del disenso populista dentro de los Estados, sino de las crecientes tensiones entre los gobiernos. En pocas palabras, es improbable que las presiones populistas cejen en Europa, porque la actual política que prefiere la austeridad al estímulo económico no se modificará.

¿Por qué? Porque esa política es impulsada por Alemania, y la canciller Angela Merkel no tiene razones de peso para alterar el curso. Alemania no enfrentará durante este año a ningún rival de envergadura por el liderazgo de la Unión. Los índices de aprobación históricamente bajos del presidente francés, François Hollande, le quitan influencia en los debates europeos. Para asegurarse la victoria en las elecciones de mayo, el primer ministro británico, David Cameron, seguirá empujando a Gran Bretaña hacia un referéndum de consulta para separarse de la UE. Una Alemania fuerte, una Francia débil y una Gran Bretaña ausente garantizarán el statu quo de las políticas.

La prioridad número uno de Merkel para el año que empieza será lograr un presupuesto federal equilibrado, y cualquier otro objetivo económico estará supeditado a ése, a pesar de la ralentización del crecimiento de la economía y los temores de que la eurozona esté derivando rumbo a la deflación. La disciplina fiscal interna de Alemania generará una demanda de los votantes alemanes, que pedirán también austeridad fiscal a sus vecinos, y es improbable que haya algún paquete de estímulo relevante y de alcance europeo. Con el tiempo, tal vez la amarga medicina de Alemania rinda sus frutos, pero en 2015 no contribuirá con la estabilidad política y económica del bloque. A lo largo del año, el Banco Central Europeo probablemente se vuelque a emitir moneda e inyectarla en el mercado, la oposición de Alemania seguramente limite la efectividad de la medida.

También están los desafíos en política exterior. El enfrentamiento con Rusia se profundizará a lo largo del año, porque el presidente Vladimir Putin no cree que pueda salirse de Ucrania y porque Estados Unidos y Europa siguen firmes con las sanciones que pesan sobre la economía rusa, lo que alienta a Putin a cuidar su popularidad interna buscando nuevos conflictos con Occidente. Mientras se ralentiza el crecimiento económico de Europa, la dura posición liderada por Alemania frente a Moscú generará más ansiedad entre los europeos preocupados por el impacto de las sanciones en sus propios hogares. Eso deteriorará aún más la unidad transatlántica, en tiempos en que los sentimientos antinorteamericanos están en alza, por el espionaje de Estados Unidos sobre Europa. Para complicar aún más las cosas, la amenaza terrorista de las milicias islamistas es mucho más grave en Europa que en cualquier otra región fuera de Medio Oriente, dados el número de ciudadanos europeos que pelean en Irak y Siria, y el tamaño de las comunidades musulmanas en el interior de los países de Europa.

Un líder sabio sabe que una crisis nunca debe desaprovecharse, y los líderes de Europa trabajaron juntos en el pico de la crisis de la deuda europea para evitar una catástrofe. El Banco Central Europeo, los líderes de Alemania y los gobiernos de los países del Sur, como Italia, España, Grecia y Portugal, han demostrado tener la visión y el coraje para pilotear la nave europea a través de una peligrosa tormenta.

Ahora la sensación de crisis ya pasó, pero el trabajo no está terminado. Es por eso que 2015 será un año tan importante para Europa, y es por eso mismo es cada vez más difícil ser optimista sobre el futuro de Europa.

Traducción de Jaime Arrambide

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