Síndrome de descompresión y pobreza: la lucha de los buzos de Honduras

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Entre los buzos hondureños existe la creencia de que ver una sirena es la señal innegable de que han contraído la enfermedad.

Saúl Ronaldo Atiliano ahora sabe que eso no es más que una leyenda. Una mañana de agosto buceaba en las aguas transparentes del caribe hondureño cuando sintió una presión, un dolor en el cuerpo que lo obligó a regresar a la superficie. Cuando logró subirse al bote, le dolían el cuello, la espalda y los brazos. Y no, nunca vio una sirena.

"Me atacó la presión en el fondo del agua", dice Atiliano, un indígena hondureño misquito de 45 años y que por 25 se ha dedicado a la pesca por buceo, de langosta y pepino de mar.

Un pescador durante una fuerte tormenta en el Cayo Savanna
Un pescador durante una fuerte tormenta en el Cayo SavannaRodrigo Abd - AP
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Como él, cientos de jóvenes y adultos han hecho de la pesca por buceo su forma de vida en La Mosquitia, uno de los rincones más pobres de Honduras y enclavado en la costa caribe. También como él, muchos han sido víctimas de lo que Atiliano dice es un ataque de presión y que la medicina describe como el "síndrome de descompresión", un padecimiento por el que se forman burbujas de nitrógeno en el cuerpo de los buzos y puede causar parálisis o incluso la muerte.

Las técnicas de buceo dicen que se debe ascender a la superficie de manera gradual para eliminar el nitrógeno que los tejidos del cuerpo absorben durante la inmersión. Dependiendo de la profundidad, es necesario hacer distintas pausas antes de llegar a la superficie.

Pero entre los buzos de la Mosquitia, sólo existe el subir y bajar, tan profundo como sea posible y tan rápido como se pueda, todo con tal de conseguir la mayor cantidad de langosta, un codiciado producto de exportación, sobre todo hacia Estados Unidos.

Rudy Emus Alfred, de 19 años, se sumerge para pescar pepinos de mar
Rudy Emus Alfred, de 19 años, se sumerge para pescar pepinos de marRodrigo Abd - AP
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Un buzo recibe 75 lempiras (tres dólares) por libra de langosta y unas siete lempiras (28 centavos de dólar) por cada pepino de mar. Así que le apuestan sobre todo a la langosta: cada buzo pesca un promedio de 10 libras al día, lo cual implica consumir hasta ocho tanques de oxígeno en diversas inmersiones durante el día.

Nadie da cifras concretas, pero todos hablan de cientos de buzos lisiados desde hace años. En los distintos pueblos pesqueros de la Mosquitia, las sillas de ruedas son parte del paisaje tropical. Al caer la tarde, los niños las utilizan para jugar después de clases, mientras sus usuarios regulares descansan postrados en precarias casas de madera.

Un pescador lleva una langosta a su bote cerca del Cayo Savanna. Cada buzo recibe 3 dólares por cada libra de esta especie
Un pescador lleva una langosta a su bote cerca del Cayo Savanna. Cada buzo recibe 3 dólares por cada libra de esta especieRodrigo Abd - AP

El síndrome de descompresión es tratable, pero las condiciones son poco favorables para que los buzos de La Mosquitia puedan atenderse.

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Cuando las personas sufren del síndrome de descompresión se recomienda una terapia en una cámara hiperbárica, donde los pacientes respiran más oxígeno del que podrían respirar bajo la presión normal del aire con el propósito de restaurar los tejidos.

Pero en La Mosquitia sólo hay una cámara, que el gobierno de Estados Unidos donó en 2008, y se localiza en el también único hospital de Puerto Lempira, la principal ciudad de la zona y muy alejada de los pueblos pesqueros, como Mistruc, donde Atiliano vive con su esposa y 10 hijos.

"Es el primer accidente que tengo", cuenta Atiliano, agotado, con una mirada perdida al salir de una sesión de más de tres horas dentro de la cámara hiperbárica.

La pesca no se interrumpe pese a una fuerte tormenta
La pesca no se interrumpe pese a una fuerte tormentaRodrigo Abd - AP
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Cada minuto que pasa desde el momento que un buzo sufre del síndrome de descompresión vale oro. Lo triste es que en la mayoría de casos, los pacientes llegan 24 o 48 horas más tarde desde el primer síntoma de mareo o parálisis que siente el paciente. Las distancias son largas y los barcos pesqueros no disponen de lanchas con motores robustos para llegar rápido a Puerto Lempira. Atiliano tardó día y medio en ser trasladado.

El único fisioterapista que opera la maquina se llama Cedrak Waldan Mendoza, un hombre corpulento que trabaja sin horarios fijos y durante la temporada de pesca de langosta, de julio a febrero.

"La recomendación que damos es que no regresen a bucear", dice Mendoza, mientras observa a Charly Meléndez, otro buzo misquito de 28 años, quien gesticula dentro de la cámara hiperbárica

Meléndez bucea desde los 16 años y asegura que el día que se puso mal pescó 60 libras de langosta. Eso pasó en noviembre de 2017 y aún ahora, tras nueve sesiones, no ha conseguido recuperarse.

"No puedo parar yo sólo todavía", dice. "No puedo estar sentado mucho tiempo, después de una hora duele mi cuerpo".

Cedrak, el fisioterapeuta, dice que la difícil situación económica de los buzos no ayuda a combatir el problema. "Algunos así como están regresan al buceo; uno se los encuentra en la calle y les pregunta por qué van, y ellos responden que es porque sus hijos tienen hambre", cuenta. "Cuando a uno le dicen que los hijos tienen hambre entonces para qué hacer una segunda pregunta, eso da pesar".

Ernesto Ronas de 30 años, durante la inmersión para pescar langostas
Ernesto Ronas de 30 años, durante la inmersión para pescar langostasRodrigo Abd - AP

En Honduras más del 60% de su población vive en pobreza y el Banco Mundial estima que en zonas rurales uno de cada cinco hondureños vive en pobreza extrema, es decir, con menos de 1,90 dólares al día.

Atiliano y Meléndez son el eslabón más vulnerable, y vital, del engranaje que hace funcionar la industria de la langosta. El gobierno de Honduras dice que la pesca del crustáceo se tradujo le significó 40 millones de dólares en 2017. Prácticamente la totalidad de las ventas son para el mercado de Estados Unidos.

Atiliano confía en volver a trabajar. Se ve de nuevo en el mar, pero no por gusto, sino porque no hay muchas opciones.

"Si llego a recuperar, por la necesidad y por la falta de trabajó tendré que regresar a bucear", dice, aún con la mirada perdida.

Limpieza de langostas antes de congelarlas para su traslado a la costa
Limpieza de langostas antes de congelarlas para su traslado a la costaRodrigo Abd - AP
Saul Ronaldo Atiliano es ayudado por un amigo al arribar a Puerto Lempira
Saul Ronaldo Atiliano es ayudado por un amigo al arribar a Puerto LempiraRodrigo Abd - AP
Charly Melendez de 28 años quedó postrado por el síndrome de descompresión
Charly Melendez de 28 años quedó postrado por el síndrome de descompresiónRodrigo Abd - AP
Charly es llevado por su hermana Rosa y su hijo Jason hacia el hospital de Puerto Lempira a una sesión de rehabilitación
Charly es llevado por su hermana Rosa y su hijo Jason hacia el hospital de Puerto Lempira a una sesión de rehabilitaciónRodrigo Abd - AP
Los pescadores descansan en hamacas en la costa de Miskito
Los pescadores descansan en hamacas en la costa de MiskitoRodrigo Abd - AP
Hombres a caballo en Irlaya
Hombres a caballo en IrlayaRodrigo Abd - AP
Un hombre se baña en los pantanos de Irlaya
Un hombre se baña en los pantanos de IrlayaRodrigo Abd - AP
Elvira Mendoza Espinosa anuncia la misa matutina en Kaukira, Honduras
Elvira Mendoza Espinosa anuncia la misa matutina en Kaukira, HondurasRodrigo Abd - AP
El dueño de una de las embarcaciones revisa la cantidad de cigarrillos consumidos por la tripulación durante la última salida de pesca
El dueño de una de las embarcaciones revisa la cantidad de cigarrillos consumidos por la tripulación durante la última salida de pescaRodrigo Abd - AP
Trabajadoras procesan las langostas en una planta de La Ceiba, Honduras
Trabajadoras procesan las langostas en una planta de La Ceiba, HondurasRodrigo Abd - AP
Un preso trata de vender un pequeño barco de madera
Un preso trata de vender un pequeño barco de madera Rodrigo Abd - AP
Un guardia penitenciario vigila los prisioneros en la cárcel de Puerto Lempira, en Honduras
Un guardia penitenciario vigila los prisioneros en la cárcel de Puerto Lempira, en HondurasRodrigo Abd - AP
Un pastor evangelista brinda una misa en la cárcel de Puerto Lempira
Un pastor evangelista brinda una misa en la cárcel de Puerto LempiraRodrigo Abd - AP
Niños juegan con autos hechos de botellas plásticas en Puerto Lempira
Niños juegan con autos hechos de botellas plásticas en Puerto LempiraRodrigo Abd - AP
Misael Banegas Diaz, de 49 años es asistido por el fisioterapeuta Cedrak Waldan Mendoza y su esposa, al salir de la cámara hiperbárica
Misael Banegas Diaz, de 49 años es asistido por el fisioterapeuta Cedrak Waldan Mendoza y su esposa, al salir de la cámara hiperbáricaRodrigo Abd - AP
Buzos que sufrieron el síndrome de descompresión, inician una sesión en el hospital de Puerto Lempira
Buzos que sufrieron el síndrome de descompresión, inician una sesión en el hospital de Puerto LempiraRodrigo Abd - AP
Bedy Atiliano, de 22 años, es atendido por un médico
Bedy Atiliano, de 22 años, es atendido por un médicoRodrigo Abd - AP
Un buzo en silla de ruedas en la costa de Puerto Lempira
Un buzo en silla de ruedas en la costa de Puerto LempiraRodrigo Abd - AP
Oscar Salomon Charly, murió a los 31 años por los daños que le causó el síndrome de descompresión
Oscar Salomon Charly, murió a los 31 años por los daños que le causó el síndrome de descompresiónRodrigo Abd - AP
El funeral de Oscar, en el Cabo Gracias a Dios, en Nicaragua
El funeral de Oscar, en el Cabo Gracias a Dios, en NicaraguaRodrigo Abd - AP
Las palmeras aparecen bajo las primeras luces de la mañana en Irlaya, Honduras
Las palmeras aparecen bajo las primeras luces de la mañana en Irlaya, HondurasRodrigo Abd - AP

Texto e Imágenes: Rodrigo Abd

Edición Fotográfica: Enrique Villegas