
Tarcisio Bertone
Fuera del ámbito eclesiástico, Tarcisio Bertone alcanzó la fama repentina hace menos de un mes, cuando arremetió contra uno de los libros más vendidos del mundo, "El Código Da Vinci", e instó al público a que no lo comprara ni lo leyera.
En su explosivo ataque, el arzobispo de Génova calificó al controvertido best-seller -que entre otras teorías afirma que Jesús tuvo un hijo con María Magdalena y que la Iglesia ocultó el hecho durante siglos- como un "castillo de mentiras" y un intento deliberado de desacreditar a la Iglesia mediante falsificaciones absurdas y vulgares.
Con su llamado a boicotear la obra del estadounidense Dan Brown, el purpurado no sólo rompió el silencio oficial del Vaticano respecto del libro -algo que no habría sido muy bien recibido en la cúpula eclesiástica-, sino que, como en ocasiones anteriores, volvió a hacer relucir su papel de celoso guardián del dogma.
En cuestiones de moral católica, de hecho, el arzobispo genovés es célebre por su ortodoxia, y prueba de ello es que formó parte de la poderosa Congregación de la Doctrina de la Fe, el organismo cuyos orígenes se remontan a la Inquisición y que actualmente dirige Joseph Ratzinger (en este cargo, Bertone fue delegado por el Santo Padre para ocuparse de la publicación de la tercera parte del secreto de Fátima).
Al igual que el cardenal alemán, en cuyo regazo doctrinal se ha criado, el religioso italiano se ha dedicado a defender tenazmente los lineamientos principales de una iglesia poco proclive a los grandes cambios.
Pero a diferencia de Ratzinger, Bertone tiene más experiencia en lo pastoral, un agudo sentido del humor y un excelente rapport con los jóvenes, lo que lo hace atractivo ante los ojos de los cardenales que buscan un Ratzinger más joven y menos intransigente.
De carácter extravertido, el cardenal es un fanático seguidor de la Juventus de Turín, la ciudad en cuya región nació, hace 70 años. Su pasión por el fútbol lo ha llevado incluso a convertirse en comentarista de los encuentros del equipo de Génova, la Sampdoria, para la televisión local.
Jurista vinculado por décadas con la enseñanza universitaria -fue catedrático de Teología Moral y Derecho Canónico y, en 1989, nombrado rector magnífico de la Universidad Pontificia Salesiana-, Bertone es uno los seis prelados italianos a los que, en octubre de 2003, Juan Pablo II impuso la birreta de cardenal en la última de las ampliaciones del "club de los príncipes de la Iglesia".
El flamante cardenal fue citado entonces por los vaticanólogos como uno de los purpurados italianos con mayores posibilidades de suceder a Karol Wojtyla. En las últimas semanas, no obstante, su excesiva presencia mediática fue recibida con cierto recelo.
Además de su encendida cruzada contra "El Código Da Vinci", Bertone también llamó la atención el martes pasado, cuando, cual candidato político en campaña -si bien la gente común no puede votar en el cónclave-, se prodigaba en besos y abrazos con la ferviente multitud que rebasaba la Plaza de San Pedro, hacía declaraciones ante las cámaras de televisión que seguían cada uno de sus movimientos y daba palabras de aliento a los fieles, desconsolados por la muerte de Juan Pablo II.
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