Todos ganaron: un triunfo moral para los peruanos y una victoria económica para los chilenos

Adriana Riva
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28 de enero de 2014  

Pese a la cantidad de agua que abarcaba la disputa -unos 38.000 kilómetros cuadrados de océano-, el fallo no ahogó a nadie. Perú festejó lo poco que ganó; Chile, lo mucho que conservó. Fin de la disputa.

"La mejor solución es aquella que no deja contento a nadie, pero que al mismo tiempo no deja a alguien tan descontento como para desconocerlo. Entonces, habrá gente que se centrará en el vaso medio lleno y otra, en el vaso medio vacío." Así opinaba, días atrás, a la espera del veredicto de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya sobre el diferendo marítimo entre ambos países, el historiador y analista peruano Nelson Manrique.

"Lo fundamental -añadía- es que la mayoría de la población de los dos países esté convencida de que es ventajoso para todos." Y eso fue, precisamente, lo que generó ayer el fallo salomónico de La Haya, gracias al cual Chile y Perú lograron poner fin a décadas de rencores y discusiones sobre cómo dividir una de las zonas marítimas más ricas del mundo.

Líderes de ambos lados hablaron de una nueva era. "Espero que a partir de esta sentencia, se marque un antes y un después, en el que seamos capaces de avanzar en una nueva etapa en la historia de nuestros países", resumió la presidente electa chilena, Michelle Bachelet.

"El final de la controversia permitirá abrir una nueva etapa en las relaciones con Chile, avanzando hacia la consolidación de una relación de respeto mutuo, confianza, cooperación y amistad que privilegie intereses compartidos, con especial énfasis en integración fronteriza", coincidió el presidente peruano, Ollanta Humala.

Cada lado, sin embargo, contó su versión de los hechos.

Perú tenía todo por ganar y nada que perder. Durante mucho tiempo, de hecho, sólo perdió. Y así, su territorio fue achicándose y cediendo en beneficio de Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia e incluso Chile, con quien antes de la Guerra del Pacífico (1879-1884) ni siquiera compartía una frontera.

"El ambiente en Perú es que el fallo fue favorable, porque donde no teníamos nada, ahora tenemos algo. Hay sabor a triunfo", afirmó a LA NACION el analista Luis Benavente, de la Universidad de Lima.

"El terreno marítimo ganado tiene un gran valor simbólico, que ensalza el patriotismo y el nacionalismo peruano. Por primera vez, Perú ganó", explicó.

En igual sentido se expresó el ex presidente Alan García, durante cuyo gobierno se presentó formalmente la demanda ante la CIJ, en enero de 2008, al expresar: "No es todo lo que hubiéramos querido, pero algo se ha ganado. Tenemos que estar contentos".

En términos jurídicos, no obstante, Benavente reconoció que "Perú no ganó tanto".

A decir verdad, casi nada. El fallo acogió el argumento de Chile de que el límite estaba fijado sobre la línea del paralelo desde el Hito 1 de la frontera terrestre y reconoció la línea equidistante recién a partir de la milla 80 del paralelo. "Chile 2 - Perú 1", escribió un chileno en Twitter.

Para Chile, la situación era la opuesta a la peruana: tenía todo por perder y nada que ganar. Lo que estaba en juego era su statu quo territorial y por eso se preparaba, desde hacía meses, para un fallo adverso. Pero la sentencia casi no lo alteró. No ganó nada, pero estuvo lejos de perderlo todo.

"Tenemos una pérdida de territorio marítimo que lamentar, como dijo el presidente Sebastián Piñera, pero el fallo no nos quitó soberanía territorial ni tocó nuestros principales recursos económicos de pesca", señaló a LA NACION el politólogo chileno Cristóbal Aninat.

Último capítulo

El veredicto fue un triunfo moral para Perú, que lo recibió con aplausos, y una victoria económica y geopolítica para Chile, que respiró aliviado.

Pero, más importante aún, fue el último capítulo de una larga historia que finalmente cerró una frontera.

"El litigio ya no daba para más. El fallo marca un punto histórico y positivo para ambos países, que hoy comparten una agenda mucho más amplia e importante que la limítrofe", opinó Aninat.

Si bien existen dudas sobre la celeridad con la que se acatará el fallo, que es inapelable y vinculante para ambos países, tanto La Moneda como la Casa de Pizarro prometieron que la sentencia se respetará y se aplicará.

Las aguas, finalmente, están calmadas.

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