Todos pelean por lo suyo, y nadie por lo de todos

José Ignacio Torreblanca
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24 de noviembre de 2012  

MADRID.- Cómo es posible que en plena crisis, cuando todos los Estados están recortando sus gastos y sometiéndose a durísimas medidas de austeridad, la Comisión Europea (CE) aparezca con una propuesta de presupuesto para el período 2014-2020 que aumenta el gasto de la Unión Europea en nada menos que el 5 por ciento?

¿No sería más lógico que, en un contexto de recesión, la Unión Europea (UE) también se apretara el cinturón, en especial teniendo en cuenta que los recursos que financia el bloque vienen de los propios presupuestos de los Estados miembros, vía contribuciones directas, y de los bolsillos de los ciudadanos, por medio de las contribuciones del IVA?

¿No tendría más sentido congelar, o incluso reducir, el presupuesto de la UE, que en la actualidad asciende a 943.000 millones de euros en lugar de subirlo hasta 1,09 billones, como proponía la CE?

Un razonamiento con el que sería tentador alinearse si no fuera porque coincide exactamente con la línea argumental que está defendiendo el gobierno del premier británico, David Cameron, que puso sobre la mesa la exigencia de una congelación del presupuesto en términos reales. Según el Tesoro británico, eso significaría bajar el techo del gasto hasta 886.000 millones de euros.

Una vez más, Londres saca a relucir su genio diplomático, mostrando ser uno de los países que mejor entendió que en la UE negociar es argumentar, y argumentar es negociar.

Reforzando la posición negociadora de Cameron están los ultraescépticos, como el alcalde de Londres, Boris Johnson, y el líder del Partido de la Independencia del Reino Unido, Nigel Farage, dos políticos populistas, de trazo grueso y vuelo rasante cuyas carreras parecen estar dedicadas exclusivamente a desmentir ante el mundo que los británicos son unos caballeros educados y pragmáticos amantes del fair-play .

Escuchando a Cameron decir que una de sus cifras favoritas sobre la UE es que el 16% de sus funcionarios ganan más de 100.000 euros al año, parece que Johnson y Farage serán aplacados con algún sacrificio ritual que afecte a los 55.000 funcionarios de las instituciones europeas, que verán sus salarios y beneficios laborales reducidos en consonancia con los recortes que los Estados están imponiendo en casa.

Pero no son los histrionismos de Johnson y Farage los que deben preocupar a los países de la cohesión, como Polonia, uno de los grandes beneficiarios del presupuesto, o España, que se arriesga a perder 20.000 millones de euros de un presupuesto que ya era sumamente negativo para Madrid en razón de la disminución de los pagos agrícolas y en concepto de los fondos de cohesión territorial.

El problema es que España y otros se enfrentan a una doble penalización: sufrirán por culpa de unas políticas de austeridad exageradas y contraproducentes. Y, además, por la ausencia de las únicas medidas de estímulo que la economía europea podía esperar, que eran las provenientes de un presupuesto europeo ya de por sí raquítico (representa apenas el 1% del total de la economía del bloque).

Agazapados detrás de los británicos, están los alemanes, los holandeses, los austríacos y los suecos, que no ven con malos ojos recortar las políticas de solidaridad.

Víctima

Berlín es víctima desde hace tiempo de esa mal llamada "fatiga del donante". Pagó la factura de la ampliación mediterránea en los 80, luego la de su propia unificación en los 90, y más tarde asumió gran parte del coste de la ampliación al Este.

Pero cuando pensó que el ciclo había terminado, se encontró con que vuelve a financiar la rehabilitación del Sur vía las garantías y avales que hacen viables los paquetes de rescate a Grecia, Portugal, Irlanda y España.

Disfrazados de "amigos de un mejor gasto", estos países ya lograron que la presidencia chipriota rebaje la propuesta de la CE en 53.000 millones de euros, a lo que su titular, Herman van Rompuy, añadió otro recorte de 27.000 millones para desesperación de España, que ve las ayudas para las regiones de Andalucía, Castilla-La Mancha y Galicia reducirse en forma sustancial.

No es de extrañar que las tensiones se hayan disparado: de seguir así, el presupuesto para 2013 estará por debajo del de este año, lo que resulta inaceptable para un grupo de países -España, entre ellos- que consideraban que lo último que necesita la economía europea es otro recorte, esta vez por arriba, en las cuentas europeas.

Así es la UE en la que vivimos: todo el mundo mira por lo suyo y nadie por lo de todos.

© El País, SL

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