
Toledo, el hombre que quiere revivir el imperio incaico
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LIMA (De un enviado especial).- "Voy a ser el próximo Pachacutec" dijo Alejandro Toledo durante toda su campaña electoral. "Asumiré el gobierno en Machu Picchu para que el mundo vea que el Perú va a recuperar su antigua grandeza", prometió.
Y aunque este hombre de 54 años esté muy lejos de poder reanimar el imperio que se diluyó con aquel último jefe Inca, al menos sus pronósticos cayeron en tierra firme: el candidato opositor tiene altas posibilidades de ser el próximo presidente del Perú después de haber forzado a Alberto Fujimori a enfrentar una segunda vuelta.
Para muchos, tiene un perfil perfecto para estos tiempos. Para otros, no es más que un farsante populista que hará retroceder al país a su triste pasado de violencia y hambre. Toledo logró utilizar con gran eficacia su perfil de economista étnico. Sostuvo que mantendrá un programa de economía de mercado, dijo que insistirá con reformas en el Estado y mostró sus contactos con los Estados Unidos para una eventual nueva negociación con la banca extranjera. Pero además, con el ropaje de Cholo de los Andes se dedicó a calar hondo en la diferencia de sangre que existe entre él, un descendiente de la gloria incaica, y el Chino Fujimori, el mandatario que gobernó por una década.
Indio terco
"Es hora de que el Perú esté en manos de un hombre más parecido al pueblo", arengaba a sus potenciales votantes. "Soy un indio terco y con coraje", dijo en la Plaza de Armas de Cuzco después de encomendarse a los dioses de la cordillera y ofrecerse para llevar al Perú hacia un destino distinto, más igualitario, y con mayor educación.
Como parte de la estrategia de la campaña electoral, el gobierno le tiró encima la imagen de Alan García, y equiparó sus propuestas a las del ex presidente que dejó al país en bancarrota y huyó para evitar que lo lincharan.
Su historia, la del hijo de una familia pobre que logra romper el cerco de sus limitaciones económicas, fue valorada por muchos peruanos que no quieren perder la esperanza de una vida mejor.
De niño, Toledo trabajaba de lustrabotas en su pueblo de Cabana, en el distrito de Ancash. Cuando dejó la adolescencia consiguió una beca para estudiar economía en los Estados Unidos, en la Universidad de San Francisco, primero, y en Stanford, después.
En aquellos años de universitario conoció a Elianne Karp, una estudiante de economía que después se convirtió en antropóloga. La esposa de Toledo tiene una buena formación política y se interesó desde principios de los ´90 por el desarrollo del campesinado en el Perú.
Formaron una pareja multicultural llamativa. La participación de Elianne en la campaña le reportó a Toledo una buena cantidad de votos, y un buen soporte profesional. "Ella me ayuda a proyectar muchas cosas, pero no es la dueña de todos mis proyectos", aclaró.




