
Tras 14 años, vuelven a fusilar a un reo en EE.UU.
Ronnie Lee Gardner eligió ese método antes que la inyección letal
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DRAPER, Utah.- Cuatro proyectiles de alto calibre apuntados al corazón pusieron fin a la agonía de Ronnie Lee Gardner, que aguardaba morir desde hacía 25 años en una prisión del estado de Utah y que se convirtió ayer en el primer reo fusilado en los últimos 14 años en Estados Unidos.
Antes de la ejecución, minutos después de la medianoche, el prisionero, de 49 años, fue amarrado a una silla con seis tirantes, desde los tobillos a la frente. Los cinco miembros de elite del pelotón de fusilamiento, enmascarados, recibieron la orden de abrir fuego y apuntaron sus rifles hacia un tiro al blanco prendido con un alfiler sobre el corazón de Gardner.
A las 0.20, el fiscal general de Utah, Mark Shurtleff, informó que el reo había muerto. "Pueda Dios concederle la misericordia que él les negó a sus víctimas", escribió en Twitter.
La ejecución de Gardner tuvo lugar pese a las demandas de indulto de último momento. Había sido sentenciado a la pena máxima en 1985 por matar a tiros a un abogado mientras intentaba escaparse de una audiencia en la corte donde era juzgado por el asesinato de un cantinero en un robo.
Gardner se convirtió ayer en el tercer hombre ejecutado por un pelotón en Estados Unidos desde que la Suprema Corte reinstauró la pena capital, en 1976. Aunque Utah modificó su ley sobre la pena de muerte en 2004 para que la inyección letal se transformara en el método oficial, nueve reos sentenciados antes de esa fecha, incluido Gardner, pudieron optar por el método de fusilamiento.
Sin familiares
En abril pasado, Gardner le dijo al juez: "Me gustaría el pelotón de fusilamiento, por favor". Su abogado señaló que la decisión fue tomada por su preferencia, y no por el deseo de atraer atención a su caso.
Además, el reo había pedido a sus familiares que no estuvieran presentes en la ejecución. Así lo hicieron: se reunieron en un parque cercano a la prisión, donde esperaron la noticia de su muerte. Quienes sí estuvieron fueron un grupo de periodistas, funcionarios estatales y parientes de las víctimas de Gardner.
En la sala, en la que todo fue pintado de negro, le ofrecieron al reo hacer una última declaración. "No quiero. No", fue su respuesta. El director de la cárcel, Steven Turley, le cubrió la cabeza con una capucha negra. A los treinta segundos -"largos como una eternidad", según un testigo- se desataron los disparos. Cuatro dieron en el blanco marcado sobre el corazón. Gardner contrajo la mano izquierda. Luego la abrió y la cerró de nuevo. Hasta que quedó inmóvil.
Fuera de la prisión, en el parque, sus familiares, con carteles que decían " Free Bird " (Pájaro libre), soltaron 25 globos, uno por cada año que esperó a que se hiciera efectiva la condena. "Ahora es verdaderamente libre", dijo su hermano Randy.
Gardner cumplió el martes con su última cena -que incluyó carne, langosta, tarta de manzana y helado de vainilla-, antes de realizar un ayuno de 48 horas solicitado por él mismo. Sus últimas horas, dijeron fuentes judiciales, las pasó en su celda leyendo la novela de David Baldacci Justicia Divina y viendo la trilogía de El Señor de los Anillos .
Ya se había despedido de su hermano cuando anteayer saludó por última vez a su abogado. "No te metas en problemas", le dijo Gardner. "Tú tampoco", le respondió el abogado.



