
Un caso de muerte asistida desató un fuerte debate en Italia
Un médico cumplió el deseo de un paciente terminal y lo desconectó de su respirador
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ROMA.- Tras batallar meses para que le permitieran apagar la máquina que lo mantenía con vida, Piergiorgio Welby, un enfermo terminal de 60 años paralizado por sufrir distrofia muscular progresiva, alcanzó anteayer su meta.
Un médico, Mario Riccio, lo ayudó a morir anteanoche retirándole el respirador, en una acción que reavivó aun con mayor fuerza el debate sobre la eutanasia, una práctica prohibida en Italia, considerada por el Vaticano "un asesinato" y un tema que divide profundamente en este país católico.
"Accedí a su petición de morir", dijo Riccio, en una conferencia de prensa en la Cámara baja de esta capital, organizada por el partido radical italiano Rosa en el Puño, que apoya la legalización de la eutanasia y que siempre respaldó la cruzada de Welby.
Médico anestesista del hospital de la ciudad de Cremona (al Norte), Riccio contó que, además de desconectar el respirador artificial, le dio a Piergiorgio los medicamentos necesarios para evitar que sufriera. Falleció "una media hora antes de la medianoche", detalló el médico, que aseguró que ése "era claramente el deseo de Welby [que se desconectara la máquina] y [yo] no veía ningún obstáculo".
Riccio negó que la desconexión del pulmotor fuese una forma de eutanasia, y subrayó que simplemente se trataba de acatar la garantía constitucional de negarse a recibir tratamiento médico. "Para decirlo con franqueza, en los hospitales italianos todo el tiempo se suspenden terapias, y eso no conduce a intervenciones de jueces o a problemas de conciencia", dijo el médico, que añadió que estaba tranquilo y que no temía consecuencias legales.
Si bien la eutanasia es ilegal en Italia, la Constitución garantiza a los pacientes el derecho a negarse a recibir tratamiento forzado, por lo que no es claro si la justicia tomará medidas contra Riccio. Según fuentes de prensa, la eutanasia, o el suicidio asistido, pueden significar hasta 15 años de cárcel.
El anuncio de la muerte de Welby, que de este modo se convirtió en Italia en un verdadero paladín de la eutanasia -porque recurrió a la justicia, a sus médicos y hasta al presidente para que lo ayudaran a morir-, fue hecho anteriormente por el presidente del Partido Radical Italiano, Marco Pannella, durante una transmisión radial. "Welby finalmente ha sido liberado de su tortura y ha logrado lo que deseaba", dijo Pannella, con voz emocionada. Serán muchos los que les estarán "eternamente agradecidos" tanto a él como a Luca Coscioni, el presidente del Partido Radical, que murió en febrero pasado a los 38 años por una esclerosis amiotrófica que padeció durante una década, agregó.
Coscioni y Welby, que encabezaban una sociedad para la Libertad de la Investigación Científica, "han sido y serán fuente de fuerza de amor y de esperanza", aseguró Pannella.
Enfermo desde hace 30 años de un mal incurable y terrible, y postrado en una cama sin poder ni moverse ni hablar ni comer, Welby había comenzado su campaña el 24 de septiembre pasado. Entonces, envió al presidente del país, Giorgio Napolitano, una carta-video estremecedora, en la que pedía que le fuera practicada la eutanasia.
A través de un sintetizador, Welby afirmaba con voz metálica que su "grito" no era de desesperación, sino de "esperanza humana y civil para el país" y que su estado era el de una persona que sólo deseaba no despertarse al día siguiente.
"Morir me horroriza, amo la vida, pero lo que por desgracia tengo no es vida... sólo es un testarudo e insensato ensañamiento en mantener activas las funciones biológicas", afirmaba. "Este cuerpo no es mío", agregaba.
"Si fuera suizo, belga u holandés, podría evitar el ultraje, pero soy italiano y aquí no hay piedad", decía.
Welby, cuyo estado se había agravado en las últimas semanas, agregaba que no pedía una muerte "digna, ya que la muerte nunca puede ser digna, sino que digna debería ser la vida".
Además de haber enviado esta misiva, Welby había recurrido a los tribunales para que se le suspendiera la respiración asistida, previa sedación terapéutica. Pero una jueza del Tribunal Civil de Roma, Angela Salvio, el sábado pasado consideró "inadmisible" el recurso presentado, debido a la existencia de un vacío legal.
Hace dos días esta decisión fue impugnada, por contradictoria, por la Fiscalía de Roma, para la cual "un derecho personal existe o no existe" y cuando existe "no puede no estar tutelado".
Anteayer, en tanto, el Consejo Superior de Sanidad, que había sido interpelado por la ministra de Salud, Livia Turco, para aclarar si en el caso Welby había ensañamiento terapéutico, había respondido que no. Esta enésima negativa evidentemente llevó al enfermo, que la semana pasada se definió como un hombre "extenuado", a considerar agotadas todas las instancias legales, y a verse obligado a actuar por sí solo, sin el apoyo de las instituciones.
A fines de noviembre, para que no quedaran dudas de su voluntad, Welby -que vivía en Roma cuidado por su esposa, Mina-, había enviado una carta a los médicos que lo trataban en la que solicitaba "oficialmente" que se lo desconectara "usando sedación, si es posible por vía oral, para evitar sufrir".
La hermana de Welby, Carla, dijo que todo sucedió "como él quería". Y añadió: "Fue un gran director también en esta situación, en la que quiso darse cuenta de todo, saludar a todos, a cada uno de una manera justa".
Kevorkian, el "doctor muerte"
- ROMA (De nuestra corresponsal).- La acción llevada a cabo por el doctor Riccio en Italia recuerda a Jack Kevorkian, el médico de Detroit que ayudó a suicidarse a unas 130 personas en Estados Unidos, más conocido como "doctor muerte". Kevorkian fue condenado en 1999 a un mínimo de 10 años de prisión por haber contribuido a dar una dosis letal a una persona de 52 años que padecía el mal de Lou Gehrig, acción que fue grabada y difundida por TV. De 78 años, Kevorkian saldrá en libertad condicional en junio próximo.


