Un mundo que pudo ser distinto si el final hubiera sido otro

Una incógnita se repite: qué habría sucedido si Kennedy no hubiera sido asesinado
Juan Landaburu
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16 de noviembre de 2013  

En una de sus últimas novelas, Stephen King cuenta la historia de un hombre que logra regresar en el tiempo a los años 60 y que se fija como objetivo evitar el asesinato de John Kennedy, el presidente que durante toda su vida había encarnado la esperanza de un mundo mejor.

Cuando finalmente logra su cometido y vuelve al presente, se encuentra con un mundo apocalíptico: Kennedy es reelecto, pero con un Parlamento paralizado nunca se aprueban las leyes sobre derechos civiles, lo que motiva un alzamiento racial en Estados Unidos. Con mala imagen por su política local y por una pobre estrategia en Vietnam, Kennedy es sucedido por un presidente que decide tirar una bomba atómica en Hanoi. El mundo se descontrola, hay suicidios en masa, crecen los fanatismos y más guerras nucleares. Al-Qaeda logra hacerse a fines de los 90 con el arsenal nuclear soviético y lo usa en Estados Unidos. Los terremotos se multiplican y los científicos pronostican el fin del mundo para 2080.

La realidad, por suerte, no siempre se parece a los libros de Stephen King. Pero la pregunta de qué habría pasado si Kennedy no hubiera sido asesinado es un motivo de debate desde hace décadas.

El de su muerte tal vez sea el video más icónico del siglo XX, así como el de la caída de las Torres Gemelas lo es del siglo XXI. Hoy, 12 años después, sabemos con certeza que el atentado del 11 de Septiembre tuvo un impacto profundo en la geopolítica mundial. Sin embargo, tras 50 años de debate, no hay un consenso sobre qué cosas habrían sido distintas si Kennedy hubiera sobrevivido.

A fines de octubre, los historiadores norteamericanos James Blight y Janet Lang, autores del libro Virtual JFK: Vietnam if Kennedy had lived , publicaron un artículo en la revista New Statestmen en el que afirmaron que su muerte fue una "tragedia griega porque el mundo y Estados Unidos perdieron a un líder cuya prioridad número uno era mantener a su país fuera de la guerra", en contraposición a su sucesor, Lyndon B. Johnson, que no dudó en escalar el conflicto en Vietnam.

"Si JFK hubiera sobrevivido a Dallas, el mundo sería probablemente un lugar mucho más seguro y pacífico. Incluso es posible que la Guerra Fría hubiera retrocedido y se hubiera encaminado a un final amistoso para 1969", dicen los autores, al argumentar que ése era el espíritu que había entre el presidente norteamericano y Nikita Kruschev tras la crisis de los misiles de 1962.

La tesis, por supuesto, no fue bien recibida por muchos historiadores, más escépticos del carácter heroico de Kennedy. Los argumentos van desde los que dicen que su principal legado es haberse muerto joven, hasta quienes dicen que su debilidad por las mujeres hubiera precipitado el fin de su carrera política.

"Kennedy fue un buen presidente, pero no un gran presidente", sentenció en un reciente artículo Joseph Nye, una de las mayores eminencias en el campo de las relaciones internacionales, que consideró que, "a pesar de su retórica, Kennedy tenía una personalidad más cauta que ideológica".

Lo que sí sabemos es que aspiraba a la reelección y tenía muchas chances de conseguirla. Su popularidad tras 1000 días de gobierno era del 58%, mayor que la que en el mismo punto de mandato tuvieron Richard Nixon, Ronald Reagan, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, cinco presidentes que fueron reelectos.

Las especulaciones sobre Kennedy nos llevan de vuelta a uno de los mayores interrogantes sobre el gran trauma norteamericano: ¿el desarrollo de la guerra de Vietnam pudo ser distinto?

Juan Gabriel Tokatlian, experto en relaciones internacionales, comparte que tras la crisis de los misiles Estados Unidos y la Unión Soviética "moderaron sus ambiciones maximalistas", pero aclara que, de todos modos, las potencias nunca "creyeron en la coexistencia plena".

"En Estados Unidos se fue consolidando por aquellos años lo que el sociólogo C. Wright Mills advirtió en 1956 y el presidente D. Eisenhower enunció en su discurso de despedida en 1961: el complejo industrial-militar que avanzaba con una agenda propia y ambiciosa de agresiva expansión internacional", dice Tokatlian a LA NACION, que aclaró que hacer estas hipótesis contrafácticas era "internarse en terra incógnita".

"Finalmente, sabemos por recientes documentos desclasificados que fue Kennedy, y no una camarilla a sus espaldas [como se dijo por años], el que apoyó activamente el derrocamiento de Ngo Dinh Diem en Vietnam del Sur el 2 de noviembre de 1963, 20 días antes de su asesinato. Es probable que Kennedy hubiera incrementado la intervención militar en Vietnam y con ello la guerra se hubiera expandido. La supervivencia de Kennedy difícilmente hubiese alterado el curso de la historia: continuidad de la Guerra Fría, del expansionismo de Estados Unidos en el mundo y del conflicto bélico en Vietnam", agrega.

Donde es más claro que las cosas podrían haber sido muy distintos es en el plano interno norteamericano. En primer lugar, porque es altamente probable que Johnson nunca hubiera sido presidente si Lee Harvey Oswald no hubiera acertado sus disparos.

Kennedy y Johnson no podían ser más distintos. Uno era un "aristócrata" urbano de Nueva Inglaterra, disciplinado y de carácter distante. El otro era el prototipo de un cowboy: texano, emotivo, expansivo.

Así los describe la historiadora Graciela Abarca, profesora de la Universidad Di Tella, experta en la historia norteamericana de los años 60.

"A pesar de haber quedado en la historia como el presidente que escaló la guerra de Vietnam y preparó el camino para la mayor derrota militar en la historia de Estados Unidos, Johnson fue el presidente más progresista del siglo XX", explica Abarca, que, en contraste, dice que, para Kennedy, el tema de los derechos civiles era un tema "al que se dedicaría de lleno cuando el momento fuera correcto".

Apelando al legado de Kennedy, Johnson llevó adelante una legislación de alto impacto social y una agenda que difícilmente hubiera sido exitosa sin el asesinato de su antecesor. Kennedy, en cambio, recién dos años y medio después de asumir su mandato pronunció su primer discurso sobre derechos civiles. Estrictamente en este punto, entonces, Abarca coincide con el mundo paralelo de Stephen King: con Kennedy vivo, muchas conquistas sociales, tal vez, no hubieran ocurrido, o por lo menos no ese momento histórico.

Y el hecho de que hayan ocurrido justo en ese momento, mientras el país sufría el peor revés militar de su historia, fue fundamental para lo que estaba por venir, porque en ese tenso clima político, los republicanos se encargaron de echarle la culpa de todos los problemas del país al ala progresista del Partido Demócrata, que terminó sufriendo una profunda crisis interna.

"Todas las condiciones estaban dadas para que Nixon iniciara la ofensiva contra el Estado de Bienestar y preparara el camino para la revolución conservadora que Ronald Reagan y George Bush liderarían durante 12 años", explica Abarca.

La presidencia de Johnson, entonces, fue el disparador para que toda una serie de eventos históricos cayeran hasta el día de hoy como fichas de dominó. Si Kennedy no hubiera sido asesinado, Johnson no habría sido presidente. Si Johnson no hubiera sido presidente, entonces el neoconservadurismo no se habría impuesto como la ideología hegemónica en los 80. ¿Hasta dónde es posible seguir el recorrido de las fichas de dominó? ¿Hasta la crisis de 2008? Probablemente. Sólo que, a menos que nos rindamos a la imaginación de Stephen King, nunca lo sabremos.

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