Un planteo que reactiva la polémica del Cóndor II
El anuncio, sin eco en la Casa Rosada
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En febrero último, en una cumbre en Buenos Aires, Néstor Kirchner y Hugo Chávez firmaron y anunciaron documentos de todo tipo y tenor: uno de abastecimiento energético por el que Venezuela enviará al país 8 millones de barriles de fuel oil y un millón de gasoil, otro para avanzar en el desembarco de Pdvsa en la Argentina y dos más por los que aquel país recibirá vacas y ascensores de producción nacional para hospitales.
Sin embargo, en ese encuentro no se dio a conocer públicamente absolutamente nada vinculado con la posibilidad de avanzar en la producción de energía nuclear de manera conjunta, una iniciativa que Chávez mencionó ayer en su programa de radio y televisión y que, de pasar al plano de los hechos, podría provocar una fuerte controversia internacional.
Los dichos del mandatario venezolano podrían despertar una señal de alarma en los Estados Unidos, siempre atentos a los movimientos del chavismo en la región y, sobre todo, a los referidos a una virtual política de rearme. Nadie en el Gobierno respondió ayer a las consultas de LA NACION por el tema. Incluso, en el Ministerio de Defensa dijeron desconocer esa posibilidad difundida por Chávez.
En rigor, las afirmaciones del presidente de Venezuela introducen nuevamente a la Argentina en un terreno sensible en su relación con el resto del mundo: el de la eventual instrumentación de la energía nuclear en la industria bélica.
La cuestión nuclear constituye un factor determinante en la relación entre Buenos Aires y Washington. En la historia de ese vínculo existe un antecedente: la desactivación dispuesta por el gobierno de Carlos Menem del proyecto misilístico Cóndor II (C-II), uno de los hechos de la política exterior nacional que fue condición, en 1991, para el acercamiento entre la Argentina y los Estados Unidos.
En rigor, Menem dispuso el 29 de mayo de aquel año, tras insistentes reclamos de la Casa Blanca, terminar por completo con ese proyecto, que consistía en la construcción de un misil de mediano alcance diseñado para llevar una carga nuclear hasta 1200 kilómetros.
El proyecto, comandado de manera ultrasecreta por la Fuerza Aérea en una planta subterránea situada en Falda del Carmen, Córdoba, empezó a desarrollarse después de la Guerra de las Malvinas, en 1982, y terminó de desactivarse en 1993, cuando los restos de los misiles viajaron a España para ser destruidos y una misión norteamericana visitó la fábrica para verificar su cese en ese tipo de actividades.
En las instalaciones de Córdoba se habían construido los motores de los misiles y se desarrolló un método propio para la fabricación del combustible sólido necesario para este tipo de medio de transporte de armas.
Desde su nacimiento, el proyecto C-II había provocado fuertes reclamos a la Argentina por parte de Estados Unidos, que temía que esos materiales bélicos fueran exportados a Medio Oriente.
El 3 de junio de 1991, Menem firmó el decreto 995, que dejó sin efecto otros dos decretos por los cuales el ex presidente Raúl Alfonsín había autorizado una serie de acuerdos entre la Fuerza Aérea y un grupo de empresas europeas para la construcción del C-II.
Era una señal para el comienzo de las llamadas "relaciones carnales".
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