Un punto de inflexión tras una década de guerras

Robert Burns
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6 de enero de 2012  

WASHINGTON.- Barack Obama está imprimiendo su sello personal a una nueva estrategia del Pentágono para recortar miles de millones en gastos de defensa, lo que marca un punto de inflexión en la política de seguridad de Estados Unidos después de una década de guerras.

Obama hizo ayer una infrecuente aparición en el Pentágono, donde anunció los resultados de la revisión de la estrategia que ordenó hace más de seis meses. El objetivo era doble: optimizar la eficiencia militar en épocas de ajustes presupuestarios y revaluar las prioridades de defensa a la luz del ascenso de China y de otros cambios en el contexto internacional.

La decisión de Obama de anunciar personalmente los resultados subraya la dimensión política del debate que genera en Washington la cuestión del ahorro en defensa. El gobierno dice que el Pentágono necesita achicar su presupuesto, pero no a costa de socavar un poderío militar en transición, aunque se vea reducido.

En un año de elecciones presidenciales, la estrategia le da a Obama una herramienta retórica para defender sus decisiones a la hora de los recortes. Sus rivales republicanos en la carrera hacia la Casa Blanca ya hicieron públicas sus críticas a Obama sobre un amplio rango de cuestiones de seguridad nacional, incluyendo la defensa misilística, la situación en Irán y la reducción de fuerzas terrestres.

Obama también quiere que la nueva estrategia sea una bisagra en su manejo de la política de defensa, que durante su presidencia soportó el peso de dos guerras heredadas, con su consecuente derroche de recursos.

Se espera que la nueva estrategia no implique un cambio radical que altere las prioridades en defensa. Sin embargo, podría sentar las bases de recortes de gastos en Europa y de otros grandes programas de armas.

También alejará aún más a Estados Unidos de su objetivo de ser capaz de llevar adelante con éxito conflictos bélicos regionales -como la Guerra del Golfo de 1991 o la perspectiva de una guerra en Corea- al mismo tiempo. Esto implica prestar mayor atención a las amenazas inmediatas, como la guerra informática y el terrorismo.

El gobierno ya está recortando gastos para dar cuenta del fin de la guerra de Irak y del retiro de Afganistán. El impresionante presupuesto de defensa para 2013, que alcanza los 662.000 millones de dólares, es 27.000 millones inferior al deseado por Obama y 43.000 millones menor que el monto que el Congreso le otorgó al Pentágono para este año.

Los factores que determinan los recortes no se limitan a la estrategia bélica. También incluyen preocupaciones sobre el modo de contener el creciente costo del programa de salud de los militares, los salarios y los beneficios previsionales.

La Casa Blanca está dando los toques finales a los recortes específicos del presupuesto 2013. La estrategia implicará recortes por 489.000 millones de dólares durante los próximos 10 años. Se solicitará un recorte adicional de 500.000 millones desde 2013.

Compromiso

Un punto importante de la nueva estrategia para el Pentágono aparentemente será un renovado compromiso con la seguridad de la región Asia-Pacífico. Durante su viaje por Asia, hace unos meses, el jefe del Pentágono, Leon Panetta, dejó en claro que la región será central en la estrategia de seguridad norteamericana.

"Después de una década en guerra, estamos en un punto de inflexión", dijo Panetta. "Al-Qaeda está entre las preocupaciones, pero por su histórico rol de potencia del Pacífico, Estados Unidos necesita construir una red de alianzas más amplia y profunda en la región", agregó Panetta.

China es una preocupación especial, por su pujanza económica y el rápido crecimiento de su aparato de defensa. Una preocupación más inmediata es la que representa Irán, no sólo porque amenaza con interrumpir el flujo internacional del petróleo, sino por sus ambiciones nucleares.

Sobre el debate del presupuesto de defensa se cierne la sombra de tener que reducir el gasto en armamentos nucleares. Thomas Collina, de la Asociación de Control de Armas, cree que el programa nuclear puede recortarse en 45.000 millones de dólares en diez años sin que afecte su poderío.

Collina estima que reduciendo la flota de submarinos nucleares de 12 a 8 naves se podrían ahorrar 27.000 millones en los próximos 10 años. Otros 18.000 millones más podrían ahorrarse postergando la construcción de una flota de bombarderos con capacidad nuclear, aseguró.

Traducción de Jaime Arrambide

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