Del ceño fruncido a la sonrisa ganadora: cómo estuvieron Hillary Clinton y Donald Trump durante el debate presidencial
El magnate republicano golpeó de entrada pero la candidata demócrata cerró mejor el primer cruce de los tres pautados
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WASHINGTON.- Fueron noventa minutos. Pero puede que no haya sido un solo debate sino dos. La primera hora mostró a un Donald Trump efectivo, guiando la conversación y seguro. Pero la hora siguiente fue de Hillary Clinton, con la ex secretaria de Estado guiando la conversación y mostrando hasta qué punto es conveniente prepararse para estos cruces. El resultado final la mostró a ella como ganadora.
En materia gestual ocurrió otro tanto. Hillary arrancó dura. Había ensayado hasta los saludos. Incluso la broma inicial con la que quiso arrancar “creo que esta noche me acusarán de todo lo que ocurre”, le salió mal. Trump, rápido, replicó: “ ¿Por qué no?”, en clara referencia a la larga presencia de su apellido en la esfera pública.
Él arrancó suelto y divertido. Ella, dura y contenida. Pero en la medida en que pasaron los minutos, las pantallas mostraron a un Trump sediento, de ceño fruncido y mirada, por momentos, perdida. Tratando de explicarse, gesticuló tanto que hasta el saco le quedó fuera de línea.
Clinton se mantuvo igual. Sonriente, mirando fijo y con una estrategia audaz: dejarlo hablar. Los buenos estrategas dicen que ese es un truco arriesgado pero efectivo: dejar que el adversario hable hasta enredarse solo. “¿Ustedes escucharon lo que dice? Simplemente, escúchenlo”, invitó después.
Los mejores momentos de Trump fueron en la primera media hora, que, para los expertos, es la que más vale. La de mayor audiencia y la que fija un criterio inicial.

Fue el momento en que se habló de lo que mejor conoce: comercio y puestos de trabajo, Un Donald Trump que encontró su mejor línea argumental en acusar a Hillary Clinton como parte de los problemas existentes. “Ha estado haciendo lo mismo durante 30 años y seguirá haciendo lo mismo”, acusó. Le reprochó ser parte de la elite política que creó los problemas que hoy deben combatirse. Usó la experiencia de Clinton como arma de ataque. Como culpable de lo que ocurre. Lo curioso es que no se haya preparado para la otra parte de la misma mirada: él qué haría en su lugar.
Los tramos siguientes, sobre racismo, seguridad y política internacional, fueron los que mostraron a Clinton más sólida. Forzó a Trump a dar la que, posiblemente, sea la explicación más larga de la historia sobre por qué no presenta su declaración de impuestos. Y sonreía mientras lo explicaba. Él contraatacó con los correos privados. “Cometí un error y asumo toda la responsabilidad por ello”, dijo Clinton. Trump no tuvo por dónde seguir. Siguió pegando golpes y Clinton, sonriendo.
Lo que no está tan claro es si cada uno de ellos logró el objetivo inicial. Trump, durante el primer tercio, mostró un temperamento presidenciable. Seguramente será algo de lo que corrija en los dos debates que quedan por delante. Hillary tenía que mostrarse más cálida y cercana. No está tan claro que lo haya logrado. Sí que es sólida y qué está mejor preparada.
Los sondeos posteriores la dieron claramente como la ganadora del cara a cara. Lo demás sigue siendo una incógnita.
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