Una canción para Hillary
Por Mario Diament
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MIAMI.- En 1968, Tammy Wynette, la prodigiosa cantante de Red Bay, Alabama, borroneó la letra de una canción durante una pausa de 15 minutos en una sesión de grabación. La canción se llamó "Stand by my man" (Defendiendo a mi hombre), vendió tres millones de discos y le valió a Wynette el título de "Primera Dama" de la música country.
Con su voz trémula y doliente, Wynette cantaba: "A veces es difícil ser una mujer/Darle todo tu amor a un solo hombre/Tendrás tristes momentos y él tendrá buenos momentos/Haciendo cosas que no comprenderásÉ" Veinticuatro años después, en vísperas de las primarias de New Hampshire, una futura primera dama, Hillary Clinton, respondía en el programa "60 Minutos", de la CBS, a las acusaciones de adulterio que pesaban sobre su marido, proclamando, desafiante: "Pongamos las cosas en claro: yo no soy otra Tammy Wynette defendiendo a su hombre".
Pero los años en Washington, la realidad política y, sobre todo, los compulsivos apetitos de Bill Clinton han ido borrando las diferencias entre la altiva abogada de Arkansas y la humilde trovadora de Alabama. Mal que le pese a Hillary, la admisión de Clinton de su relación con Lewinsky la han forzado a salir a defender a su hombre en los términos casi literales de la canción de Wynette: "Pero si lo amas lo perdonarás/Aun cuando resulte difícil comprenderlo/Y si lo amas, siéntete orgullosa de él/Porque, después de todo, es sólo un hombreÉ" La transformación del rol de Hillary, de independiente y ardiente feminista en esposa engañada, forzada a enfrentar públicamente las abrumadoras evidencias de adulterio de su esposo, no ha sido un espectáculo particularmente agradable para muchas mujeres. Algunas feministas se declaran defraudadas por la "wynetización" de Hillary, señalando que su falta de reacción ante la humillación ocasionada por las revelaciones del informe Starr constituyen un retroceso a la vieja fórmula de "el hombre-cerdo y la mujer-comprensiva".
Críticas
"Resulta degradante ver que la propia primera dama, que hasta no hace mucho brillaba en su papel de hacedora de política y mujer de sustancia alrededor del mundo, ahora utiliza a su secretaria de prensa para difundir un comunicado oficial en el que insiste en que cree en el matrimonio y que el amor por su esposo es inalterable y compasivo", escribió Ann McFeatters en The Arkansas Democrat-Gazette.
Pero aunque el 68% de las mujeres encuestadas por Gallup asegura que no se iría de vacaciones con un marido que acaba de admitir una relación adúltera, la mayoría respeta la capacidad de Hillary de haber puesto su sentido de la lealtad por encima de la humillación. "Todos los hombres engañan", es la frase que más se escucha en boca de mujeres de toda edad y condición social, acompañada de gestos de irreparable fatalismo.
Mientras la estatura moral de Clinton disminuye, la de Hillary crece, porque el público, paradójicamente, adivina en ella el estoico lamento de Wynette: "Defiende a tu hombre, dale dos brazos para apoyarse/Y algo cálido a lo que volver cuando las noches son frías y solitariasÉ" Pero algo se ha quebrado en Hillary desde que Clinton admitió sus trapisondas con la ambiciosa pasante de 22 años. Aún aparece junto a él, sólida, digna, sonriente, predicando sus causas favoritas, pero la combativa defensa de su esposo se ha silenciado.
Tal vez no se trate tanto de una cuestión personal como de falta de alternativas. La confesión de Clinton clausuró el debate y le quitó argumentos. Hillary ya no puede salir a defender la inocencia de su marido ni a denunciar la existencia de una conspiración ultraconservadora, porque lo que los conspiradores dicen que ha sucedido, ha sucedido.
Sus amigos aseguran que lo que siente en estos momentos es que es tarea de Clinton emprender "las reparaciones personales" que le corresponden, tanto con su familia como con el Congreso y la nación. Como el resto del país, se siente herida y defraudada.
Tammy Wynette murió en abril de este año sin alcanzar a presenciar la definitiva "wynetización" de Hillary Clinton. Tanto el presidente como su esposa lamentaron públicamente su desaparición.
Pero el mejor homenaje a su memoria son los tres versos finales de su canción, convertidos ahora en la empecinada doctrina de vida de la primera dama: "Defiende a tu hombre y muéstrale al mundo que lo amas/Continúa dándole todo el amor que puedas/Defiende a tu hombre."




