Una exitosa prueba de astucia y autenticidad

José María Poirier Lalanne
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27 de septiembre de 2015  

Irrefutable prueba de la original combinación político-pastoral que caracteriza a Jorge Bergoglio, el viaje a Cuba y Estados Unidos quedará como uno de sus mayores logros. ¿Quién podía imaginar que la primera mención religiosa en suelo norteamericano sería Moisés, el líder religioso y legislador que libera a su pueblo y lo conduce a la tierra prometida? Figura clave para el judaísmo, el cristianismo y el islam.

¿Y era imaginable la evocación en el Capitolio de cuatro figuras norteamericanas tan emblemáticas como diferentes? Se refirió al republicano Abraham Lincoln, al Nobel de la Paz Martin Luther King y a los católicos Dorothy Day, periodista y activista social, y Thomas Merton, monje y pensador, considerado uno de los grandes escritores espirituales del siglo XX. Convengamos en que Bergoglio sorprende.

En Cuba se mostró cauteloso y conciliador; hasta fue a visitar al legendario Fidel. Se le criticó que no mencionara a los disidentes. ¿Podía hacerlo en un país que carece de libertad de expresión sin poner en riesgo las tratativas con Raúl Castro y Barack Obama? Allí se dejó guiar por la experiencia del arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, hábil negociador. Pero conviene atender a los hechos: fueron indultados más de 3500 presos en ocasión de su visita. ¿Querrá Francisco reconducir a dos antiguos y subversivos ex alumnos jesuitas al redil de la fe? No podría desear nada mejor un misionero.

También fue clave en la gira el secretario de Estado John Kerry, demócrata y católico practicante, negociador del acuerdo nuclear con Irán, de privilegiado trato con el Papa. Y, sin duda, la presencia del discreto cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano y ex nuncio en Caracas.

Los temas centrales del Papa son recurrentes en las palabras y siempre respaldados por su conducta: la cercanía con los pobres, el cuidado de la naturaleza, la defensa de la libertad, de la familia y de los jóvenes, la denuncia de las injusticias sociales y económicas, de la corrupción y la muerte que generan el narcotráfico y el comercio de las armas. En el contexto católico fue una vez más intransigente con los abusos de menores, e insistió en el testimonio de austeridad, cosa que a algunos mandatarios eclesiásticos parece costarles demasiado. Acertaba el vaticanista Marco Politi, autor del libro Francisco entre los lobos, al observar a su paso por Buenos Aires que muy pocos cardenales en el mundo conocieron de primera mano sus ciudades como Bergoglio cuando era arzobispo.

La emoción del pueblo y de los dirigentes de Cuba y Estados Unidos llegó a las lágrimas. Incluso un ámbito tan tildado de burocrático y formal como la ONU parecía encontrar su más auténtica vocación de servicio cuando fue iluminada por las palabras de Francisco, de quien podría pensarse que de no haberse sentido llamado al sacerdocio posiblemente se habría dedicado a la política.

Se podrá estar de acuerdo o no con determinados aspectos de su mensaje. Se lo podrá criticar porque lucen mejor sus diagnósticos que sus propuestas. Él parece ubicarse a mitad de camino entre el pastor y el profeta, el sacerdote y el estadista. Lo cierto es que millones de personas lo perciben como cercano y amigo, acompañante y confidente, hermano y padre. Se muestra indiferente ante los peligros, seguro de su camino y apresurado por cumplir la tarea que siente encomendada. Brilla tanto por su autenticidad sobre la clase dirigente como por su amplitud y respeto intelectual frente a otros eclesiásticos. Y se muestra como un argentino que enorgullece al país por su sabiduría, sencillez y astucia.

El autor dirige la revista Criterio

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