
Una guerra civil endémica que aún no ha llegado a lo peor
Por Narciso Binayán Carmona
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Con excepcional buena voluntad -y una gran dosis de inconsciencia- se puede pensar en las cálidas y selváticas playas de Sierra Leona como lugar atinado para pasar unas vacaciones. Sus guardias fronterizos son deportivamente corruptos y gustan de saquear los equipajes y/o bolsillos de los incautos viajeros.
Una vez dentro del país, hay que cuidarse de los factores permanentes y endémicos: paludismo, virus variados, enfermedad del sueño, hepatitis y fiebres surtidas. Además de estos inconvenientes, está la guerra más o menos civil y más o menos internacional y ya endémica desde 1991.
¿Cuál es, entonces, la hipótesis del conflicto? Que las cosas no han llegado ni remotamente a lo peor.
La Sierra Leona moderna no sólo es, como casi todos los países negros, una creación totalmente artificial, sino de gabinete.
Nació de la combinación folklórica inglesa de idealismo y de negocio. La idea fue crear un refugio para esclavos liberados y devueltos al Africa; el negocio fue tener una base para el comercio con la parte occidental del continente.
Con este objetivo se compró la península de Freetown al rey local Naimbana II, en 1787, y allí se instalaron los primeros colonos: 450 esclavos liberados por su fidelidad a los ingleses durante la Guerra de Independencia norteamericana. Con ellos fueron 60 mujeres blancas de Londres (existe una áspera controversia sobre si eran o no prostitutas).
A ellos se sumaron 1196 libertos instalados por los ingleses en Nueva Escocia (1792) y, en 1800, unos 550 cimarrones de Jamaica, que habían huido de sus amos españoles.
Los tres grupos no se llevaron bien entre sí y la llegada de los cimarrones desagradó a los neoescoceses, que se aliaron con la tribu temné contra ellos (primera crisis). Otra más curiosa fue la "monarquía" proclamada por John Macaulay (1843) y restablecida brevemente por su hijo George (1897).
Razonable convivencia
Por otra parte, se había sumado un cuarto grupo que pronto sobrepasó en número a los demás: los esclavos liberados de barcos de tratantes en ruta hacia América. Sin embargo, el marco social era pintorescamente británico al estilo de la Nueva Escocia, de la que venía el segundo grupo de colonos. Este grupo tenía una marcada conciencia de "clase alta" y dio el tono de la vida social de la colonia hasta hace pocos lustros.
Pero esta elite formaba apenas el 2 % de la población y la abrumadora mayoría del país -las tribus locales- es de la gran familia de los mandingas, con dos principales ramas: los mendé (32 %) y los temné (25 por ciento).
Durante casi todo el primer siglo hubo una razonable convivencia, pero esto tuvo un corte brusco con el "impuesto a las chozas" de 1898, que gravó pesadamente a los nativos.
En la rebelión que siguió, muchos de la elite fueron muertos y los ecos de esa infeliz decisión en favor del fisco no se han desvanecido. La elite tomó entonces conciencia de que sin los británicos estaría sumergida por los nativos hasta el punto de que aún en 1961, año de la independencia, algunos dirigentes intentaron que Gran Bretaña diera marcha atrás.
Políticamente, el país quedó dividido en dos partidos: el de los mendé (Partido del Pueblo), dirigido por Milton Matgai, en el Sur, y el de los temné (Congreso del Pueblo), liderado por Siaka Stevens, en el Norte. La lucha política -y armada- que siguió consistió en una monótona sucesión de gobiernos civiles y golpes militares.
Interferencia extranjera
La situación actual arranca con el golpe contra el presidente constitucional Ahmed Tejan Kabbah (25 de mayo de 1997), con dos vertientes: militares revolucionarios, al mando de Johnny Koroma, y el Frente Revolucionario Unido (FRU), de Foday Sankoh (lucha desde 1991), que gobernaron hasta marzo de 1998.
Ello provocó la intervención de la Fuerza del Oeste Africano para la Paz (Ecomog), con influencia nigeriana. Finalmente, Kabbah fue repuesto y Sankoh condenado a muerte.
Telón de fondo: "Mataré a todo ser viviente si pasa algo a Sankoh", declaró Sam Bockarie, líder de los rebeldes, en noviembre último.
Más telón de fondo:fuerte apoyo a los rebeldes por parte del Frente Nacional Patriótico de Liberia, dirigido por Charles Taylor, ahora presidente, de origen norteamericano. Más y más telón: existe un fuerte apoyo de Libia a los movimientos guerrilleros.
En cifras de hace pocos meses: cantidad de muertos desde 1991, aproximadamente 25.000; refugiados en Guinea, cerca de 240.000; en Liberia, 120.000.
Y un dato importante: el control de la mina de diamantes de Togo. En este entrevero, Freetown y Togo cambian de mano en medio de los combates.

