Una guerra que involucra a seis países africanos
La muerte de Kabila agravaría la crisis
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KINSHASA.- En un continente poblado de violencia étnica y conflictos territoriales, las dos balas que habrían matado a Laurent D. Kabila podrían magnificar lo que se conoce como la "primera guerra mundial de Africa".
Apoyado por Zimbabwe, Angola y Namibia, Kabila ocupaba un puesto clave en el caótico equilibrio de poder de una guerra civil que incluía a otros países. Con el presidente caído, milicias y etnias rebeldes, alentadas por Ruanda y Uganda, tratarán de no perder oportunidad para tomar el poder, y con él, apoderarse de la abundancia de oro, diamantes y café en el Congo.
Al momento de desterrar a Mobutu Sese Seko en 1997, Kabila surgió como la esperanza congoleña de un futuro al menos pacífico. Pero con su estilo dictatorial y la amenaza de grupos rebeldes, el presidente no pudo llevar estabilidad al Estado centroafricano. En cambio, atrajo un nuevo conflicto e involucró a sus vecinos.
Occidente no tardó en describir el conflicto como la "primera guerra mundial de Africa", en la que otras seis naciones luchan más por un interés propio que por cualquier preocupación relacionada con el bienestar de los 50 millones de congoleños.
Hasta ayer, los esfuerzos de gobierno y diplomáticos occidentales no pudieron contener la guerra en el centro de Africa. Ahora temen que un remolino de poder en Kinshasa conduzca a un prolongado período de caos e inflame las divisiones internas y regionales, según informó la BBC.
"La muerte de Kabila no es el fin del conflicto. Sólo complica una situación que ya estaba muy complicada", declaró ayer el ex presidente de Botswana y negociador de paz para el Congo, Ketumile Masire.
Un acuerdo de cese el fuego fue firmado en 1999 en Lusaka, pero jamás entró en vigencia. Con la muerte de Kabila y la inestabilidad interna, el tratado probablemente sea depositado en el cajón de los recuerdos.
"El este del país se ha trasformado ya en un territorio dividido en feudos de poder de señores de la guerra. La integridad territorial del Congo se ve amenazada, como lo estará la estabilidad de sus nueve vecinos si continúa el caos," , señala un informe del mes último del Grupo Internacional de Crisis, una organización de ayuda.
Según sus detractores, el presidente Kabila había pasado de ser la llave de la solución de la guerra a parte insoslayable del problema. Con su asesinato, parte del problema parece haber desaparecido, pero tanto sus detractores como sus aliados regionales pugnarán por reemplazarlo.
El presidente congoleño fue reemplazado por su hijo, Joseph Kabila, para anticipar cualquier ofensiva rebelde que desestabilice aún más la de por sí convulsionada región. A su apoyo, corrieron también los aliados de su padre, conscientes de que el destino del Congo está ahora más que nunca pendiente de su decisión.
"Zimbabwe no va a abandonar al pueblo del Congo, y todavía menos en este momento crítico", comentó el ministro de Defensa de Zimbabwe, Moven Mahachi. Al igual que los presidentes de cinco países vecinos y los rebeldes congoleños, Zimbabwe tampoco abandonará la guerra por las riquezas del Congo.




