
Una serie de asesinatos a manos de comandos preocupa al Pentágono
Los militares habían estado en Afganistán
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NUEVA YORK.- Primero fue Teresa Nieves; el 11 de junio, su marido, el sargento Rigoberto Nieves, le pegó un tiro en la cabeza y se suicidó.
Una semana más tarde, el sargento William Wright confesó que, tras una pelea, estranguló a su mujer. Ese día, mientras discutían su inminente divorcio, el sargento Brandon Floyd asesinó de un disparo a su esposa, Andrea, y luego apuntó a su propia cabeza y se mató.
Pocos días después apareció muerta Marilyn Griffin, apuñalada 50 veces por su marido, el sargento Cedric Griffin.
Cuatro asesinatos en los últimos dos meses; todos en el mismo escenario: la base militar de Fort Bragg, en Carolina del Norte, sede de los comandos de elite del ejército norteamericano.
La extraña serie de asesinatos pasionales, tres de los cuales fueron protagonizados por soldados que acababan de llegar de Afganistán -Nieves, Wright y Floyd-, fue mantenida bajo secreto hasta que la semana pasada el diario The Fayetteville Observer reveló que todos los incidentes de violencia habían despertado la atención de los generales del Pentágono, preocupados por si la tensión a la que son sometidos estos jóvenes militares pudo haber generado estas tragedias.
Inmediatamente, todos los medios aterrizaron en Fayetteville, que alberga a los 55.000 militares de Fort Bragg, hogar de afamadas unidades como la Fuerza Delta y los Boinas Verdes. Durante años, debido a varios episodios de violencia con soldados de la base, esta comunidad cargó con la reputación de ser una suerte de pueblo del Lejano Oeste, donde quien tiene un arma manda.
"No pudimos encontrar ningún vínculo entre estos casos", se apresuró a señalar el coronel Tad Davis, comandante de cuartel en Fort Bragg, quien apuntó que el ejército estaba investigando cada caso en forma aislada, aunque los estudios al respecto han demostrado que las parejas en las fuerzas armadas tienen un índice mayor de abuso doméstico y violencia en el hogar que la población civil.
El coronel Davis rechazó también la idea de que la estada en Afganistán haya influido. "Tenemos a miles de soldados desplegados en todo el mundo, en situaciones tan tensas y estresantes como las de Afganistán", dijo Davis.
La guerra en Afganistán fue la primera en la cual tropas especiales del ejército, como los Boinas Verdes y la Fuerza Delta, tomaron la delantera en la lucha sobre el terreno. Sus miembros estuvieron totalmente incomunicados de sus familias por semanas, lo que genera preocupaciones que van desde cuentas impagas hasta infidelidades de sus esposas.
Las tropas que conforman estos comandos especiales son las que soportan el proceso de selección más riguroso en todas las fuerzas armadas. Sólo para ser candidato a convertirse en Boina Verde, un soldado debe pasar antes por varios exámenes físicos y psicológicos que llevan más de un año.
Entre el asombro y el contagio
Nieves, Wright, Floyd y Griffin habían estado fuera por unos dos meses (Griffin había estado trabajando en Europa; los otros en Afganistán) y, según familiares y amigos, ya tenían relaciones complicadas con sus parejas. Sin embargo, de acuerdo con los informes castrenses, no mostraron signos de estrés cuando regresaron.
Allí, el ejército normalmente provee a sus soldados de programas de contención después de volver de una misión. Ahora el ejército ha prometido que reexaminará estos programas para ver si se está haciendo lo suficiente para apoyar a estos militares, cuya edad promedio es de 24 años.
Igualmente, según Jim Martin, que dicta un curso sobre la vida familiar en las filas en el Bryn Mawr College, las largas separaciones y la guerra no son los factores principales que llevan a un hombre a atacar a su esposa. "En la mayoría de los casos, estos episodios están relacionados con problemas anteriores", dijo Martin.
De cualquier manera, los militares veteranos no salen de su asombro y buscan algún nexo entre los cuatro casos. "He estado en esto por más de 20 años y nunca había visto algo así", dijo el teniente coronel Glen Bloomsprom, jefe de la Oficina de Asuntos Familiares del ejército. "Tal vez alguno de estos hombres escuchó sobre el primer asesinato y eso puso la idea en su mente", explicó, temiendo que ahora se dé un "contagio" en otras bases militares del país.
Mientras tanto, en Fort Bragg quedan cuatro mujeres asesinadas, dos soldados suicidados y otros dos en prisión.
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