
Uno de los símbolos de España
La tauromaquia forma parte de su historia, pero es criticada por su crueldad
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MADRID.- La tauromaquia, una gran tradición española que se remonta a la Edad Media, es cada vez más criticada por los defensores de los animales, que denuncian su "crueldad".
La prohibición de las corridas decidida ayer por el Parlamento regional de Cataluña ilustra la presión creciente que sufre este espectáculo, muy apreciado todavía por los aficionados en España, el sur de Francia, Portugal -donde no se mata al toro- y en cinco países de América latina, entre ellos México, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela.
Sus orígenes se remontan a los juegos taurinos, esencialmente ecuestres, apreciados por el Cid Campeador y Carlos V en la Edad Media, que luego se transformaron en el siglo XVIII en los primeros combates a pie en la arena. Pero fue sobre todo a partir del siglo XIX cuando se desarrolló, tanto en España como en Francia, el arte de la tauromaquia moderna con el rito del capote, los picadores, las banderillas, la faena y la muerte del toro con el estoque.
Grandes figuras españolas de la tauromaquia han contribuido después a afinar y a popularizar este espectáculo en el siglo XX: Joselito, Belmonte, Manolete, Dominguín, Ordóñez -al que ensalzó Ernest Hemingway- o El Cordobés, y más recientemente José Tomás. Las tradicionales plazas de toros como Madrid, Sevilla y Bilbao siguen atrayendo en España a los amantes de las corridas, aunque, a diferencia de Francia, se trata de un público cada vez menos joven.
Cataluña, en tanto, ha sido desde el siglo XIX tierra de grandes toreros y un referente del taurinismo mundial, con 27 matadores desde "Peroy" a Enrique Guillén. El mítico Manuel Rodríguez "Manolete" fue un referente en los años 40, un ídolo de masas cuya rivalidad con el mexicano Carlos Arruza fue de las que más fervor despertaba.






