
Vivir con niños en Alemania
1 minuto de lectura'
Hace tiempo me tienta la idea de compartir mi experiencia "primermundista". A veces creo que soy demasiado emocional a la hora de evaluar. Otras veces leo lo que escribe gente en situaciones similares a la mía y creo que sólo soy objetiva. Tengo diversas opiniones polémicas sobre la vida aquí pero quizás esta sea la más resonante: Alemania no es un país para vivir con niños, lo dice una madre de tres chiquitos.
Semejante afirmación pide una explicación, creo.
Caminando por la calle del pequeño pueblo dónde vivo (en las afueras de Düsseldorf) lo primero que llama la atención es la forma en que las miradas se concentran sobre mi familia, especialmente si son más de las 7 de la tarde. Jóvenes y viejos se dan vuelta para ver el fenómeno: una familia con tres niños pequeños. Y si es de nochecita más aún, ya que aquí los niños se acuestan rigurosamente a las 8 de la noche (aunque en verano oscurece a las 22.30hs).
Vamos al mercado. Mi nenita de tres años toma una naranja y la suelta al instante, amedrentada por el reto de la vendedora. Empiezo a preocuparme, lamentándome por no haber contratado aún ese seguro de familia que cubre cualquier daño que mis hijos puedan causar... ¿cuánto me costará esa naranja?.
La anécdota sirve para entender por qué los alemanes arguyen que no tienen hijos porque son muy caros.
Sumemos : el seguro, el jardín de infantes que, a diferencia de la escuela, sí se paga (y bastante por cierto); la loca idea de tener una baby sitter (de aproximadamente 16 años) si uno necesita salir, no ir al cine sino al médico ya que los horarios vespertinos no existen; la ropa, el espacio en la casa (la vivienda es carísima); la comida, aunque pese al terrible invierno sólo comen pan y fiambre en la cena; un auto grande con una sillita homologada para cada niño de hasta 14 años o los pases de transporte público que también son carísimos, etc, etc, etc. La cuenta es enorme.
La contracara de esto es el valor del salario familiar por hijo que paga el Estado que, si bien es mucho mayor que lo que se percibe en la Argentina, jamás compensa los gastos. Sobre todo si a esto se le suma la imposibilidad de trabajar de las madres. Aquí trabajar y tener hijos se torna una tarea imposible. No hay sueldo que pueda pagar los honorarios de las niñeras y del personal doméstico en general. Las guarderías son escasísimas (en el Municipio donde vivo hay sólo una con 5 vacantes contra 24 jardines de infantes) y carísimas. Y los niños menores de 3 años no pueden asistir al jardín de infantes. Esto es equivalente a decir que la madre de niños pequeños no puede ir ni al médico sin pagar una babysitter, siempre costosísima y cuasi-niña.
Por otro lado la oferta de actividades para menores de cinco años es casi nula y en general se mueve con elevadísimos precios. Los edificios y lugares de vacaciones se dividen entre aptos y no aptos para niños (¡cómo se extrañan los restaurantes con pelotero de Buenos Aires!), y lo que es más llamativo aún, la actitud general de la gente hacia los niños es de rechazo : se los hace callar en lugares públicos, si hacen ruido en el colectivo se les llama la atención... todo con la más distante frialdad. Sólo alguna que otra señora ochentona se acerca con una sonrisa y parece compadecerse diciendo "tres chicos, cuanto esfuerzo...".
Y es así. En la Argentina tener tres hijos y seguir viviendo una vida normal tanto familiar como laboral es posible... aquí es un gran esfuerzo.
Hace un año, cuando recién llegamos creí que yo, al no conocer gente, no tener familia y sobre todo al no estar organizada a la alemana, era la única que llevaba esta vida. Pero no es así, las mujeres alemanas no conocen ni comprenden otra forma de vivir. Los hijos las atan definitivamente al hogar, pero no es una alegre unión con espacios placenteros compartidos. Cada mujer se encierra en su casa y en las tareas domésticas y allí se acaba su mundo. Reuniones de dos familias los fines de semana no existen, tomar un café con otra mamá del jardín y los chicos de ambas es un evento absolutamente inusual (en realidad la costumbre de tomarse un cafecito con amigos no entra en sus imaginarios).
Esta sociedad no parece preparada para las mujeres con hijos que desean tener una vida propia, y menos aún para los niños que según nuestras conclusiones " sólo se hacen visibles" en las plazas o en las escuelas. Fuera de esos lugares probablemente sean inmateriales.
Probablemente cueste creer lo que cuento. Antes de venirnos una colega que había vivido acá me dijo "lo que más te va a doler va a ser la forma en que tratan a tus hijos". En ese momento no la pude entender... hoy la recuerdo todo el tiempo.
Alemania es una sociedad envejecida, con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, pese a los incentivos que el Estado brinda para las familias numerosas. Es evidente que el rechazo que los niños generan al quedar identificados con una suerte de objetos de lujo, sólo al alcance de quien esté dispuesto a todo tipo de sacrificios y renuncias, no se desdice sólo con intenciones. Mis hijos y los de todas las familias del mundo merecen un espacio donde realmente sean la alegría del hogar. Y eso aquí parece imposible.
1
2Barcelona duplica la tasa que le cobra a los turistas y se convierte en una de las más altas de Europa
- 3
Trump apunta contra Irán en su discurso y Teherán responde con una dura advertencia antes de las negociaciones
4Venezuela: un hombre clave de Maduro renuncia como fiscal general y asume un nuevo cargo en el país

