
Yugoslavia: luego de Milosevic, el gran desafío es la economía
EE.UU. otorgará ayuda financiera
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BELGRADO.- La vida continúa en Belgrado el día después del tan esperado arresto de Slobodan Milosevic, un dictador culpable de guerras, genocidios en Bosnia y en Kosovo, y, para la gente, el responsable de todos los males que aquejaron a Yugoslavia desde que murió otro dictador, el mariscal Josep Broz Tito, en 1980.
La vida continúa, y la gran preocupación de la gente ahora es sobrevivir: el país se encuentra en un estado desastroso. No sólo se debe al manejo de la economía, la malversación de fondos, la corrupción y los fraudes de los que se acusa ahora a Milosevic, sino también a las sanciones internacionales y los bombardeos de la OTAN de hace dos años, cuyos devastadores efectos aún pueden verse en una docena de edificios de esta ciudad. Según los datos oficiales, la inflación alcanza el 100%, la desocupación llega al 50% y el PBI per cápita no supera los 1400 dólares anuales.
Más allá de que ayer Estados Unidos anunció que finalmente dará la tan mentada ayuda financiera que había condicionado al arresto de Milosevic antes del 31 de marzo, se sabe que la situación no cambiará de la noche a la mañana.
"Ahora va a ser todo muy duro, y la gente deberá tener paciencia", explica a La Nación Carolina Podestá, una de los poquísimos argentinos que viven en Yugoslavia, que trabaja aquí como periodista free-lance . Nacida en Comodoro Rivadavia hace 28 años, Carolina se enamoró de Belgrado -"una ciudad un poco kafkiana"- en un viaje que hizo a los Balcanes y decidió establecerse aquí hace dos años, justo en la época de los bombardeos de la OTAN.
Carolina, que aprendió a hablar serbocroata, vivió en carne propia los últimos dos años de la dictadura de Milosevic, cuando "los servicios secretos te pinchaban el teléfono, te seguían por la calle y te controlaban el correo electrónico". También vivió, hasta hace poco, la escasez y el desabastecimiento. "Había que hacer colas de tres horas para comprar aceite porque estaba racionado: había precios máximos y, por ello, una economía paralela basada en el contrabando". Desde diciembre no existe más porque el nuevo gobierno eliminó los precios máximos, "y esto generó incertidumbre, así como pérdida de empleos para quienes trabajaban en la economía en negro".
Todo mejoró luego de la "revolución de octubre", que logró sacar del poder al demonizado Slobo, y hoy, más allá de la precaria situación económica -el salario promedio es de 30 dólares- el centro de Belgrado llama la atención por su vitalidad y energía.
Período de transición
En ese escenario, Carolina se considera una privilegiada, ya que trabaja para medios internacionales y vive como una extranjera en un país donde todo es baratísimo si uno gana en dólares. Piensa ella, que por supuesto extraña Buenos Aires -aunque cree que aquí puede realizar mejor sus proyectos- que ahora vendrá la parte más dura para los yugoslavos. No sólo porque ayer, por ejemplo, entraron en vigencia nuevos impuestos, sino también porque -con Slobo tras las rejas- comenzará una nueva etapa de transición: de una dictadura a una democracia afianzada y de una economía estatal a una de mercado.
"El arresto de Milosevic significa el final de la revolución del 5 de octubre, que nunca había terminado. A todo el mundo le parecía una tomadura de pelo el hecho de que Milosevic siguiera viviendo en la residencia oficial de Dedinje -una suerte de Quinta de Olivos-, cuando en verdad le correspondía al nuevo presidente, Vojislav Kostunica", dice.
"El arresto de Milosevic fue también un mecanismo infantil del gobierno yugoslavo", agrega. ¿Por qué? "Porque podrían haberlo arrestado antes, y no justo cuando vencía el plazo impuesto por Estados Unidos. Los serbios pasaron de la soberbia de desafiar a la OTAN a la humillación de arrodillarse ante Estados Unidos para que no les suspendieran los créditos."
Además de los problemas económicos, Carolina cree que los yugoslavos también deberán sortear un gran problema interno: la pulseada entre el primer ministro serbio, Zoran Djindic, un liberal filooccidental que quiere privatizar todo cuanto antes, y Vojislav Kostunica, el presidente de Yugoslavia, que representa al nacionalismo moderado.
Kostunica nunca ocultó su actitud crítica hacia lo que había definido como un diktat americano, con relación al arresto de Milosevic. Mientras que Djindic, consciente de la necesidad de la ayuda financiera, decidió desafiar a su adversario Kostunica poniendo en marcha el arresto de Slobo.
"En este caso se impuso Djindic -explica Carolina-, pero nadie sabe quién ganará la próxima pulseada."
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