Zelensky se equivocó: los ucranianos demostraron cómo funciona una sociedad civilizada
Incluso los líderes más inspiradores toman decisiones desacertadas, como ocurrió con la destitución de un innovador ministro de Defensa
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WASHINGTON.– De los líderes de los casi 200 países del mundo, no hay ninguno al que admire tanto como Volodimir Zelensky. Desde los tiempos de Winston Churchill, pocos han mostrado un perfil de coraje comparable al suyo. Es posible que su país ya no existiera si hubiera seguido el consejo de algunos aliados y hubiera huido cuando las tropas rusas estaban a las puertas de Kiev, en febrero de 2022. Según se informó entonces, rechazó una oferta de evacuación de Estados Unidos con una frase que se volvió célebre: “Necesito municiones, no un viaje”.
Aunque Zelensky es un líder inspirador en tiempos de guerra, no es infalible. Aproximadamente una vez al año toma una decisión claramente equivocada. Hace casi exactamente un año intentó limitar el poder de los organismos independientes de control anticorrupción, pero las protestas de los ucranianos lo obligaron a dar marcha atrás. La semana pasada destituyó a su popular ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, lo que desencadenó la segunda ola importante de protestas callejeras desde el inicio de la guerra.
Fedorov llevaba apenas seis meses en el cargo, pero en ese breve período la situación militar de Ucrania mostró una mejora evidente. Exministro de Transformación Digital, supervisó una expansión espectacular de la guerra con drones del país.
Los drones de largo alcance están llevando el combate al territorio ruso, destruyendo infraestructura petrolera y aumentando así el descontento interno, además de reducir los ingresos disponibles para el Kremlin. Solo en las últimas dos semanas, Ucrania asegura haber atacado 172 embarcaciones de la “flota fantasma” en el mar Negro y el mar de Azov utilizadas para transportar petróleo ruso y eludir las sanciones occidentales.
Al mismo tiempo, los drones de alcance medio aíslan a la Crimea ocupada por Rusia e interrumpen el abastecimiento de las tropas rusas. Los drones de corto alcance, por su parte, lograron frenar el avance ruso.
Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), las fuerzas rusas están perdiendo actualmente más de 30.000 soldados muertos o heridos por mes, una cifra superior al número de efectivos que logran movilizar. Las bajas rusas se producen a un ritmo casi ocho veces mayor que las ucranianas, cuando al comienzo del conflicto la relación era de dos o tres a uno. El director de la CIA, John Ratcliffe, afirmó la semana pasada que los soldados rusos sobreviven apenas entre 20 y 30 minutos en el frente antes de morir o resultar heridos.

Durante décadas, la artillería fue considerada el “rey del campo de batalla”, porque causaba la mayoría de las bajas enemigas. Eso seguía siendo cierto en Ucrania incluso en 2022. Ya no. Ahora, aproximadamente el 96% de las bajas rusas son provocadas por drones. “Transformamos a Ucrania en un líder tecnológico global y en una potencia de defensa”, escribió Fedorov el viernes en sus redes sociales.
Mientras Fedorov simboliza la capacidad de Ucrania para innovar, su principal adversario dentro de la burocracia militar, el general Oleksandr Syrskyi, de 60 años y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, representa un estilo más antiguo de guerra terrestre, basado en el desgaste y las grandes pérdidas humanas. Syrskyi inició su carrera en el Ejército Rojo soviético. Al comienzo de la guerra obtuvo reconocimiento por dirigir la defensa de Kiev y la exitosa ofensiva en la provincia de Járkov, pero desde entonces muchos lo consideran un obstáculo para las reformas. Se ganó el apodo de “el Carnicero” por su disposición a sacrificar a sus propias tropas en combate.
Fedorov sostiene que le pidió a Zelensky que destituyera a Syrskyi. Cuando el presidente se negó, aseguró que estaba dispuesto a seguir trabajando con el jefe militar. Sin embargo, Syrskyi, quien acumuló un importante poder entre bastidores, insistió en que no podía trabajar junto a Fedorov. Finalmente, Zelensky optó por despedir al ministro de Defensa, que impulsaba una modernización de las Fuerzas Armadas y buscaba erradicar la corrupción arraigada en el sistema.

Como protesta, Pavlo Yelizarov, un reconocido comandante especializado en guerra con drones a quien conocí en Kiev en marzo, renunció a su cargo como subcomandante de la Fuerza Aérea ucraniana. Calificó la salida de Fedorov como “un gran mal para la capacidad de defensa del país”.
Una rebelión parlamentaria impidió que Zelensky nombrara a su primer candidato para reemplazar a Fedorov. Como solución transitoria designó como ministro interino de Defensa al mayor general Yevhen Khmara, un prestigioso jefe de las fuerzas de operaciones especiales y uno de los arquitectos de la espectacular Operación Spiderweb, ejecutada en junio del año pasado, cuando Ucrania logró posicionar en secreto drones dentro de Rusia para atacar bombarderos estacionados en bases aéreas.
Durante las protestas del viernes, los manifestantes no solo reclamaban la restitución de Fedorov, sino también la destitución de Syrskyi. El Financial Times informó que Zelensky analiza la posibilidad de nombrar a un nuevo comandante militar.
Este episodio representa un gol en contra de Zelensky, pero difícilmente altere, a largo plazo, lo que parece perfilarse como una victoria inevitable de Ucrania sobre los invasores rusos. La verdadera fortaleza de la resistencia ucraniana reside en su sociedad civil. Las protestas por la destitución de Fedorov demostraron que Ucrania sigue siendo una democracia vibrante, aun cuando la guerra impide celebrar elecciones.
Aunque Zelensky se equivocó al remover a Fedorov, el sábado afirmó en un video que escuchó el mensaje de los manifestantes. No eligió el camino de los autócratas: no envió tropas para dispersar las protestas ni descalificó a los manifestantes como agitadores pagos o instrumentos de intereses extranjeros.
Cuando el presidente ruso Vladimir Putin destituyó en 2024 a su histórico ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, la noticia apenas despertó indiferencia entre la mayoría de los rusos, porque Shoigú era visto como otro burócrata corrupto e incompetente que simplemente decía a su jefe lo que este quería escuchar. Y aunque los rusos hubieran querido protestar, difícilmente habrían podido hacerlo: criticar al Kremlin constituye un delito en Rusia. El contraste con Ucrania no podría ser más claro.
Este episodio no debería hacer perder la confianza ni en Ucrania ni en Zelensky. Incluso los mejores líderes se equivocan de vez en cuando; Churchill, por ejemplo, impulsó numerosas operaciones descabelladas durante las dos guerras mundiales.
Lo que Ucrania demostró es que, pese al enorme poder que concentra un presidente en tiempos de guerra, siguen existiendo contrapesos institucionales capaces de limitar sus decisiones. Zelensky es, sin duda, un líder y un símbolo de la resistencia. Pero aún más importantes son los millones de ucranianos comunes que arriesgan todo para defender su libertad.
