
Adam Sandler, entre la política y la risa
En el film que se estrenará mañana interpreta a un agente del ejército israelí que sueña con ser peluquero
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La comedia puede ser el género más complicado de realizar. Para conseguir una risa, guionistas, actores y directores son capaces de mucho, pero nunca nadie fue capaz de tanto como Adam Sandler en No te metas con Zohan, la película que presenta Columbia mañana en la cartelera local. El film fue escrito por el propio Sandler junto a Robert Smigel, guionista histórico de Saturday Night Live y colaborador del actor desde aquellos tiempos en que era una promesa joven y extrañamente iracunda de la televisión. Claro que esta vez lo que predomina en la historia de Zohan, el agente del servicio secreto israelí más letal, que interpreta Sandler, es el humor que deriva del enfrentamiento en Medio Oriente. Sí, aunque parezca imposible, el protagonista y su equipo logran hacer comedia utilizando como materia prima un conflicto que, como dice la madre de Zohan, "ya lleva dos mil años. ¿Cuánto más puede durar?". Lo cierto es que mientras Sandler cuenta las experiencias del agente que se deshace de terroristas con acrobacias circenses pero que sueña con ser un peluquero de look ochentoso, de paso se burla de los habitantes de uno y otro lado de la frontera israelí. Como pocas, tal vez ninguna otra película en su tipo, Zohan toma los estereotipos que existen sobre palestinos e israelíes y los explota, literal y figurativamente, en beneficio de la comedia. Así, cuando Zohan logra dejar atrás la vida en el ejército para cumplir su sueño de peluquería en Nueva York, encuentra que sus coterráneos venden artículos electrónicos sin marca y que el único que lo reconoce es un taxista palestino que lo odia porque le robó su cabra favorita. Claro que lo que más descoloca a Zohan, un hombre de acento tan fuerte como su libido (expresada más allá del límite del buen gusto), es que en la tierra de las oportunidades que es para él Estados Unidos israelíes y palestinos conviven en precaria armonía, pero armonía al fin.
"Desde el atentado a las torres nuestra vida aquí se hizo muy difícil. Todos creen que somos terroristas", dice un hombre de turbante cuando en una de las más delirantes escenas del film grupos de inmigrantes de Medio Oriente se enfrentan como si estuvieran en sus países de origen. "La nuestra tampoco ha sido tan fácil. Nos confunden con ustedes todo el tiempo", contesta un israelí que rápidamente pasa a discutir quién es más sexy: Michelle Obama o Cindy McCain. Y, sorpresa, en eso se ponen de acuerdo.
Es tan particular esta comedia que al tiempo que se anima a una escena tan graciosa como políticamente incorrecta en la que un trío de palestinos llama a un 0600-Hezbollah para pedir elementos para armar una bomba, hace gala de un humor digno de la menos inspirada y zarpada de las picarescas. Así, una mirada sagaz sobre un conflicto de política internacional que deja mudos a casi todos aparece junto a groseras bromas sobre genitales, encuentros sexuales en la tercera edad y varios tópicos que parecen de otra película. Pero no. Porque para Sandler y sus amigos ningún tema está prohibido si de lo que se trata es de hacer reír.




