Anomalías de un doble retrato

Marcelo Stiletano
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24 de noviembre de 2013  

U n año atrás, el 22 de noviembre de 2012, Néstor Kirchner, la película, comenzaba a exhibirse en 86 salas comerciales de todo el país. El lanzamiento, uno de los más ambiciosos del cine nacional durante todo ese año, encontró una respuesta de público notable al término de esa jornada. Los números de Ultracine ubicaron ese jueves al film de Paula de Luque segundo entre los más vistos de la cartelera local, con un total de 21.359 entradas vendidas y a muy poca distancia del líder, Amanecer, parte 2 (el cierre de la saga Crepúsculo), con 28.458.

Al término de ese primer fin de semana, Néstor Kirchner, la película había sido vista por 70.502 personas. Algunos se animaron en ese momento, apoyándose en las estimaciones habituales para un film con estos números de lanzamiento, a proyectar un techo de medio millón de espectadores. Otros se entusiasmaron todavía más a partir de un respaldo menos técnico y más político: el público que llenó las salas en esos primeros días, sobre todo en el segundo cordón del Gran Buenos Aires, pertenecía a organizaciones sociales y políticas identificadas con el kirchnerismo puro, cuyos referentes adquirieron (desde un interés genuino o forzoso) las entradas con anticipación y en paquete. Cada pasada del film era la repetición celebratoria del ritual oficialista que soñaba con la re-reelección.

Con esta anomalía, quedó a la vista que los cálculos habituales en estos casos ya no servían. Una vez que los incondicionales defensores del "modelo" cumplieron con su compromiso militante, la película dejó de interesar y a principios de diciembre sólo se exhibía en dos salas de la Capital Federal. Desde entonces, Néstor Kirchner, la película expuso ante todos una gigantesca paradoja: los 110.521 espectadores que sumó en 2012 alcanzaron para ubicarla entre las 10 películas argentinas más vistas del año, pero no lograron disimular (de tan vertical que fue la caída de convocatoria en tan poco tiempo) una evidente sensación de fracaso que perdura hasta hoy.

Las razones de esa frustración quedaron a la vista desde el momento mismo del estreno. Señalamos por entonces en estas páginas que Néstor Kirchner, la película no era una biografía sino la afirmación de un dogma. El panegírico de una figura política (y del proyecto continuado por su viuda, la actual Presidenta) narrado en clave autocelebratoria, sin tachas, preguntas o cuestionamientos por parte de una realizadora plenamente identificada con el oficialismo y consciente de que el film, más que interrogarse sobre Kirchner, se sumaba por entonces a las necesidades de un proyecto encaminado a seguir en el poder más allá de 2015.

El símbolo de ese anhelo fue el preestreno que el sábado 17 de noviembre se preparó en el Luna Park como celebración del Día de la Militancia Peronista. Medio gabinete, funcionarios, gobernadores, intendentes, legisladores, intelectuales, periodistas y artistas compartieron una celebración que incluyó "alfombra roja, carpa VIP, fino catering, mujeres de largo y tacos altos, hombres de traje o saco y corbata", según la crónica de Natalia Pecoraro en LA NACION.

Hoy, doce meses después, la misma historia se narra de otro modo. ¿Qué ocurrió en el medio? Nada más y nada menos que la reivindicación del trabajo de Israel Adrián Caetano, originalmente convocado por Jorge Devoto y Fernando Navarro (productores del documental y militantes kirchneristas) para realizar el documental. Como sabemos, el dúo no quedó conforme con la versión de Caetano y salió a buscar una alternativa más apologética.

Todo empezó de nuevo cuando el muy recomendable sitio de Internet Los trabajos prácticos (www.bonk.com.ar) dio a conocer a principios de mayo un primer montaje del trabajo de Caetano, construido sobre la base de registros documentales y periodísticos de la vida pública de Kirchner, sumada a algunos videos caseros que también formaron parte de la película de De Luque. Esa revelación llegó a manos de Cristina Kirchner, que le dio el visto bueno, y desde allí los acontecimientos se precipitaron. Ambas realizaciones (un work in progress y un film terminado) vieron la luz casi simultáneamente en televisión y Caetano retomó lo que había dejado.

Este 21 de noviembre, NK comenzó a exhibirse solo en dos salas pertenecientes a los Espacios Incaa. Los números de Ultracine ubicaron el último jueves al flamante documental de Caetano en el puesto 22 entre las películas más vistas con 137 espectadores, a una distancia sideral del líder (Los juegos del hambre: en llamas, con 42.244). El interés comercial por difundir la película fuera de los ámbitos de exhibición oficial esta vez brilló completamente por su ausencia. Y las organizaciones políticas y sociales que hace un año llegaban con bombos y banderas a los cines para acompañar el estreno del film de Paula de Luque ni siquiera pensaron esta vez en movilizarse con el mismo cometido. Más anomalías.

En este cambio de perspectiva también talló con fuerza el elemento simbólico del Día de la Militancia Peronista. En este sentido, vale la pena comparar aquella euforia de un año atrás en el Luna Park con la imagen que llegaba en directo desde parque Lezama, en la noche del último domingo, retransmitida por el programa ultrakirchnerista 6,7,8. Allí, parte de esa misma militancia que se había enfervorizado hace un año con el primer documental seguía, ahora en silencio y con calma, el desarrollo del film de Caetano.

Dos hojas de ruta diferentes, avaladas en sucesivas instancias por los mismos responsables de la travesía. Otra anomalía que tal vez no sea la última, según lo sugiere Alejandro Lingenti en el cierre de la crítica de NK, publicada ayer en estas páginas: "El errático derrotero de este proyecto simboliza con claridad que aún falta perspectiva".

Al menos Caetano, con su retrato de Kirchner como una suerte de rompecabezas o modelo para armar, le agregó varias cucharadas de curiosidad a un abordaje que en manos de De Luque planteaba preguntas con todas las respuestas formuladas de antemano. La mirada de Caetano no es distante ni ajena: siempre se reconoció peronista y, según se desprende del documental, comparte las "batallas épicas" libradas por Kirchner contra el campo, el periodismo independiente y la ortodoxia económica. Pero lo que quiere ante todo es interrogarse sobre el lugar que el ex presidente (como una suerte de ave solitaria) eligió ocupar en el amplio entramado del PJ, saber cómo interactuó con sus grandes referentes (Menem, Duhalde) y qué estrategias trazó para instalarse como alternativa de poder. Preguntas que vale plantearse con el genuino compromiso activo de un documental político, y no desde las urgencias políticas y el sueño inútil de quedarse para siempre en el gobierno.

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