
Aquella "bromita" de Chejov
"Nandenka". Basada en "Una bromita", de Anton Chejov. Dramaturgia: Laura Cuffini. Elenco: Roxana Carrara e Ignacio Rodríguez de Anca. Escenografía y vestuario: Adriana Estol. Dirección: Claudio Quinteros. La Hormiga Espacio Cultural, sábados, a las 21. Entrada libre y gratuita. Nuestra opinión: muy bueno
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Manipular la delicada filigrana chejoviana no suele ser tarea sencilla. El genial autor ruso manejaba como nadie los matices de las pasiones humanas y entretejía con maestría los vínculos entre las personas. Eso no es ninguna novedad.
Lo sorprendente, conmovedor, en este caso, es la sensible manera en que los actores y el director comprendieron y protegieron ese pulso que subyace en Chejov, ese latido perpetuo.
Se trata de una inspiración surgida a partir de un cuento del célebre escritor, "Una bromita"; sin embargo, pese a las relecturas y maniobras que implica realizar un trabajo de dramaturgia sobre un texto dado, la esencia del autor permaneció inalterada.
Es un encuentro: hombre y mujer, apenas más que adolescentes, y un nexo dado por el juego de la seducción, por ilusiones que nacen. Ella es dueña de unos fascinantes ojos acerados a los que él hace rendida referencia. El viento, la montaña, la nieve, ofician de marco para el ritual de estar juntos.
Claudio Quinteros, que suele ser un actor de buenas armas, ofició aquí como director. En escena, Ignacio Rodríguez de Anca y Roxana Carrara, como instrumentos ideales para el buen destino del trabajo grupal.
Con una prolijidad inusual, Quinteros conduce la puesta sobre andariveles genuinamente teatrales. Sus recursos son simples, pero contundentes, y abren los ojos de los espectadores para crear lo que es imprescindible a la historia.
Sencilla intimidad
Todo esto sucede en cincuenta minutos, en La Hormiga Espacio Cultural, un reducto teatral que este grupo, discípulo de Alejandra Boero, armó para desarrollar sus actividades independientes.
En la salita sólo entran unas veinticinco personas. De esta manera, los actores, con su carga de efluvios amorosos, se encuentran muy próximos a quienes miran.
El director saca provecho de esa intimidad con una puesta extremadamente sencilla que, incluso en la escenografía y el vestuario, dispone armónicamente de los colores.
Tanto Ignacio Rodríguez de Anca como Roxana Carrara realizan trabajos de una fina sensibilidad, acorde con el concepto general de la dirección. Son, sencillamente, adorables, con la mirada justa, la intención precisa, la emoción intacta y esa rara avis que es la excelente comunicación entre ambos.
"Nandenka" regala uno de esos momentos que reavivan la pasión por este arte complejo y muchas veces escurridizo.





