Aun con Florencia sitiada, el calcio se jugaba
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El 17 de febrero de 1530, en la ciudad de Florencia, mientras era sitiada, se jugó un célebre partido de calcio, uno de los antecedentes del fútbol actual.
La escena es la siguiente: en la amplia plaza de la iglesia de la Santa Croce, templo donde hoy yacen los restos de, entre otros, Dante Alighieri y Miguel Angel, dos escuadras, una blanca y una verde, de cerca de 30 jugadores cada una, disputan aguerridamente la posesión de una pelota. El objetivo es introducirla en la meta contraria, que recorre todo el ancho de cancha rectangular cubierta de arena para la ocasión.
A los costados, el pueblo florentino viva, festeja y alienta a los contendientes, nada moderados a la hora de utilizar todo tipo de artimañas para adueñarse del balón e impedir que el enemigo progrese en el terreno.
Desde lo alto del tejado de la iglesia, una orquesta acompaña las evoluciones de los cuerpos agitados, vestidos con libreas a todo color.
En eso se escucha a lo lejos un fuerte estampido proveniente de una de las colinas que rodean la ciudad. Segundos después, un silbido: se trata de un proyectil que cruza el cielo de la plaza y va a dar más allá, sin graves consecuencias. El público, los jugadores y los músicos se burlan a los gritos y se ríen a carcajadas de la mala puntería ajena.
El juego de calcio continúa y la orquesta sigue tocando desde el techo del templo, donde fue ubicada precisamente para que los sitiadores pudieran verla mejor y, así, entender el desprecio que la ciudad les tiene.
El momento, digno de una comedia del cine italiano, transcurría en una república florentina asediada por las tropas de Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que intentaba imponer su poder y el del papa Clemente VII.
El juego del calcio, pronúnciese calcho, contaba ya con una larga tradición en Florencia, practicado sobre todo por los nobles. De orígenes remotos, con pasado grecorromano, las formas adoptadas en el siglo XIV buscaron poner orden a una práctica que los entusiastas jugadores realizaban en cualquier calle de la ciudad.
En rigor, más cercano al rugby que al fútbol, el juego terminó por tener reglas muy definidas y una parafernalia escenográfica que se desarrollaba sobre todo durante los carnavales y en fechas señaladas.
Caído en desuso a finales del siglo XVIII, el calcio fiorentino resurgió en 1930 para conmemorar los 400 años de aquella partida histórica. Esa costumbre se sigue practicando cada junio, y más de una vez los partidos deben ser suspendidos por las verdaderas batallas campales que se arman.

