
A veces se llama Bélica. Otras es una chica del siglo XXII y se llama Futura. En ocasiones es cantante de salsa o una hiphopera agresiva o diseñadora de vestuario.
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No es un asunto enfermizo de identidades cruzadas. Es, más bien, un juego. Uno que permite, cómo no, sacarse personajes de adentro que reflejan actitudes. Eso es: un juego de actitud. Entonces Annabella Almenar es Bélica y unas cuantas poses más. Es la reflexiva Nina Ill, la coqueta y resbalosa Juana Flecha. También Malonna, la versión decadente de ya sabemos quién. Y si la clave suena con campana y timbal, se le sale el Chita Rivero para entrarle con todo a la añeja salsa brava. Mañana será Futura: avizorando al robot desde el imaginario punk. Y también puede ser dos o tres actitudes más que prefiere mantener en cierto grado de privacidad porque quizás no sean tan políticamente correctas. Qué se le hace: la vanguardia es así, diría Charly.
Hoy, asegura, anda un poco más Nina Ill que otra cosa. Pero el patrón dominante es Bélica, la que es, la que verdaderamente las reúne a todas en esa breve humanidad de frágiles formas y fiero aspecto que tanto ha cultivado el empaque rockstar que hace rato la define: "Tengo imagen de artista desde los 14 años. A esa edad salía a la calle con botas militares y falditas con liguero. Y me escapaba del colegio para ir a las tiendas de ropa usada en el centro de Caracas. Siempre he tenido gran pasión por el vestuario y la imagen. Eso es parte de la formación de un artista, el manejo de su imagen. Estás haciendo moda, las personas te idealizan. Para mí es imperdonable esa gente que sale a tocar un concierto como si fuera a comprar pan a la esquina. Yo casi todas las semanas tengo un look distinto. Ahora me dejo asesorar por el diseñador Oscar Carvallo y tengo patrocinio de la marca de ropa POW y de la línea de lentes Black Flys. Uno debe creerse su propio cuento".
En el cuento de Bélica ya hay un disco propio con un sonido ecléctico que ella define como "pop subversivo" y que para que podamos entendernos suena electrónico, con aportes de instrumentos y a veces se maquilla de trip hop y otras más da un perfil a lo Madonna especialmente en los temas escritos en inglés pero sin perder las maneras de su propia originalidad y que la ha ubicado en una afortunada posición en una escena pop que adolece de chicas con buena voz y presencia inteligente. También hay una herencia musical que le viene de sangre y oído, algunos galanes que le aportaron soundtrack a su historia, un clan de guerreros de la calle con hambre de éxito y mucho talento y unas metas a mediano y largo plazo que según se vea la hacen aparecer o como incurable delirante o como alguien que atesora legítimas aspiraciones porque tiene con qué: "Estoy entregada a mi carrera y a mi música. Y estoy dispuesta a llegar bien lejos. A Venezuela le hace falta que una cantante la represente bien y elegantemente. Hay que poner a Venezuela en el mapa, como Shakira a Colombia, como Paulina a México. ¿Y Venezuela qué? Quiero ganarme un Grammy, quiero hacer una gira en Japón. Estoy trabajando mis metas. Tengo claro mi foco. Soy como la vinotinto, pana, hay que apoyarme".
teniendo un ego asi, tan definido, y siendo para ser más justos el primer compacto en su faceta de solista, no podía sino llamarse como ella misma. Bélica, el disco, es el producto de dos años de trabajo más o menos interrumpidos por otros compromisos, pero es también el resultado de ese foco puesto en el futuro, de ese asumir como verdad lo que proyectaba la imagen de la chica a la que ya habíamos visto demostrando habilidades vocales y ante el teclado en un par de bandas La Hermandad, y la fase terminal de Zapato 3 que dejaron su impronta en el panorama rock de este país olvidadizo. Es el resultado de ver convertidas en canciones hechas y derechas lo que alguna vez fue verbo desparramado desde la adolescencia y más acá, en algún cuaderno de solitarias anotaciones. Y es, también, el retoño digital de su encuentro con el artista plástico, rapero y productor musical, Carlos Julio Molina: el tan mentado Trece.
"Haber conocido a Trece me expandió la visión musical", dice con franco agradecimiento plasmado en el impreciso color de sus ojos: "Yo venía de bandas, de hacer y escuchar rock and roll y desconocía y rechazaba todo esto de los dj’s y la electrónica. Y ahora amo el drum n’bass, el hip- hop, el dance hall, el mundo de los DJs y las máquinas y todo ese montón de cosas que antes desconocía porque era muy cerrada. Estoy en un punto en el que tengo herencia de la vieja escuela de las bandas y también de la electrónica. Y fusiono ambos mundos".
A su disco lo considera un viaje por sus años de carrera, mejor dicho, un paseo por la herencia de esos tiempos en los que anduvo montada en tarimas o tocando para los amigos, o sentada ante un vetusto teclado en el piso del departamento que comparte con su madre: "Allí están las influencias de toda mi vida. Hay un poco de todo, trip hop, rock, un bolero electrónico, una especie de balada blues. Hay un tema, "Volando dormida", que grabé en el segundo disco de La Hermandad que nunca se editó y es como una transición porque en esa época fue cuando me encontré con la movida electrónica. "Ausente presencia" fue una de las primeras canciones que compuse en mi vida. Al momento de grabar preparamos 25 canciones, de las cuales quedaron trece. Las letras son mis vivencias, mis sentimientos. Hay cosas súper oscuras, pero también algunas de las más cursis y románticas que te puedas imaginar. Dentro de todo lo agresiva que pueda parecer, la verdad es que también soy muy cursi".
Un momento no muy rosa también tuvo el proceso de este larga duración editado por el pequeño sello independiente Black Bombay Records que capitanean Trece [quien produce, firma en las composiciones y aporta su voz en algunos temas] y Mara Montauti. Un episodio clásico de tortuosa separación con Alberto Cabello, su representante al momento de entrar a grabar, y que derivó en un escabroso culebrón de acusaciones públicas y arremetidas legales que por poco deja al proyecto en perpetua hibernación: "Pero este disco fue hecho con tanta pasión y autenticidad que es imposible que algo malo le caiga encima".
Conjurado el mal rato, la primera tirada del compacto salió a la calle en diciembre y le ha deparado a la singular Bélica la dulce victoria de escucharse en la radio, ya han sonado dos sencillos y también algunos otros momentos extrañamente circulares: "Me está pasando que las canciones se han vuelto como predicciones o algo así. Es una vaina muy loca, pero lo que dicen casi todas las letras me está pasando en este momento. Algunas de ellas otra vez. Me sentencio con mis canciones. Voy a tener que empezar a escribir cosas bellas porque se están cumpliendo. Este disco es una sentencia. A veces me asusta. Pero es algo mágico: junto una música con una letra y algo como que se rompe en el universo o algo se impulsa por ahí y las cosas suceden".
carlos almenar otero es una presencia importante en la música venezolana de otros tiempos. Tenor, músico, compositor, maestro de canto y padre de la criatura [vive en Miami y desde allí le manda casettes grabados con ejercicios de canto], las generaciones más recientes lo recuerdan mejor sentado entre el jurado de Cuánto vale el show, un desaparecido programa que puede ubicarse en la prehistoria de formatos actuales como American Idol, en el que aspirantes a vocalistas se atrevían a dejar de cantar bajo la ducha para buscar fortuna frente a las cámaras y ante un panel en el que sólo Almenar demostraba saber qué rayos se estaba evaluando en esa gente que soñaba con desbancar al Puma del estrellato.
"Toda mi vida ha estado basada en la música", recuerda Bélica: "Por mi papá, por su academia, sus discos. A los ocho años recibí clases de piano. Y supongo que de él heredé eso que se llama oído absoluto. También estuve en clases de guitarra, de cuatro y de mandolina". Pero la ruptura de los padres generó una etapa de rebelión infantil que la alejó de los instrumentos: "Hoy reconozco que el divorcio me cambió y determinó mi independencia precoz y una rebeldía casi sin causa. La música quedó guardada y además la rechazaba por la presión familiar de que tenía que aprender a cantar y todo eso".
Hasta que llegó el primero de los galanes, guitarra al ristre: "A los 16 años me empaté con un músico que además tenía como dos mil CDs de toda clase. Con él conocí con mayor profundidad a los Beatles, a los Rolling Stones, a los Doors. Pero además él tenía una banda y yo, por supuesto, lo acompañaba a los ensayos y me ponía a jugar con la guitarra o la batería. Un amigo de él, otro guitarrista, tenía una imitación de una Gibson Les Paul y me retó: dijo que si empezaba a tocar y componía algunas canciones me regalaba esa guitarra. Se la quité de una vez. El que era mi novio me dio un amplificador chiquitico y a las dos semanas ya tenía unas cuantas canciones muy básicas y súper fresa. Así fue como empecé a componer".
Con otro novio posterior, músico también, pero esta vez un bajista, armó un dúo que tocaba canciones propias sólo para un público selecto y solidario: los panas. Pero fue su relación con otro músico [la tercera es la vencida, dicen] la que condujo a la primera experiencia en grande que tuvo Bélica: el ex Zapato 3, Fernando Batoni: "Lo conocí en el momento correcto porque él estaba formando La Hermandad con Yatu [Seguridad Nacional], una especie de Bob Dylan venezolano". La novia, no podía ser de otra manera, asistía a los ensayos [era 1997] y un día se apareció con su pandereta -"no sabes cómo toco la pandereta"- y un teclado mínimo que todavía usa en casa: "A los tipos le gustó y así entré al grupo tocando teclados y haciendo coros. Grabamos un disco en vivo, Jai, en una gira en autobús por el interior del país con un DAT y una consola de ocho canales. Ahí me di cuenta de que eso era lo que quería hacer".
Cuando estaban preparando el segundo compacto de La Hermandad, apareció otro caballero -esta vez sin noviazgos, "somos sólo pareja musical, más que hermanos, nuestra música va más allá de todo, es un amor como platónico"- para aportar otro tumbao: "Conocí a Trece en una cena en su casa a la que fui con Fernando. Escuché parte del disco que estaba grabando en ese momento y me encantó. Trece me propuso hacer unos coros, pero yo tenía mucho rechazo a la electrónica y al hip- hop. Me llamó tantas veces que al final me compré una botella de brandy y me fui para el estudio. Y esa noche salió casi toda mi participación en el disco y empezó el cambio total y radical de mi vida musical. Tocaba con Trece y con La Hermandad al mismo tiempo, hasta que la banda me presionó: o el rock and roll o el hip- hop. Y escogí mi carrera, mis sueños. Aunque reconozco y agradezco a La Hermandad porque ellos me pusieron en el ruedo. Y a Fernando porque también me llevó a la etapa final de Zapato 3 en Miami y eso fue maravilloso. Después, Trece me aseguró que íbamos a hacer mi disco y aquí estamos".
Cuando dice que desde que conoce a Trece no ha pasado un solo día en el que no hayan hecho música juntos, hay que creerle. Bélica trabaja con él en La Cocina, el estudio de donde han salido otros proyectos que han pegado fuerte en estos tiempos en que el hip- hop emerge de los barrios bajos caraqueños. Bélica hizo los coros, los arreglos y la composición musical para los famosos discos de Vagos y Maleantes, Guerrilla Seca y el compacto Montecarlo de Trece [además se atareó con el vestuario de la película Secuestro Express]. Y se integró, sin ser rapera pero música es música, al colectivo de la Familia Subterránea en el que aporta, ante una joven audiencia que busca la letra dura de la calle, el lado femenino de este malencarado combo que anda por ahí con ganas de comerse al mundo.
"Estoy viviendo la música como integración. Y el movimiento que estoy ayudando a construir junto a Trece y la Familia Subterránea se trata de eso, de integrar. No hay límites para hacer y compartir música. No hay prejuicios, hay público para todo. En los toques con ellos, yo abro el show y pongo la nota suave y la gente me respeta. Ya después, los otros se encargan de darles su malandreo".
Esa etapa junto a Trece, Vagos y Guerrilla ya está consolidada. Ahora está trabajando en la conformación de una banda y hasta en la preparación de un show para defender como corresponde los colores de su trabajo como solista: "Ya armé una agrupación y estamos ensayando. Quiero presentarme con bajo, guitarra, batería y secuencias de teclado para dar conciertos grandes y no seguir cantando sobre pistas. Pero también quiero tener bailarinas y coristas, aunque sé que eso me va a tomar un poco más de tiempo".
En paralelo Bélica va dando rienda suelta a sus actitudes junto a las del propio Trece quien tiene unos cuantos alias más en una dupla que parece no concebir espacios vacíos. Está, por ejemplo, lo que llaman Proyecto Chita: "Somos los dos haciendo música electrónica instrumental. Es un sonido experimental que tiende hacia el trip hop y el drum & bass, con elementos como selváticos, un poco africanos. Eso ya está listo, el disco debe salir en un par de meses". También se afanan a cuatro manos en el próximo compacto de Trece y en el inminente debut si es que de verdad se puede llamar así de Los Tres Dueños, con los Vagos y Maleantes y el hombre del ubicuo número.
Otra idea que amenaza con cobrar vida es el viejo deseo de conformar un grupo de punk rock con casting femenino al que ya bautizó Chupeta Vagón: "Voy a hacer el disco en estudio, pero quiero tener la banda de chicas para tocar en vivo. Creo que Futura es la vocalista de Chupeta Vagón". Y está, faltaba más, el segundo lanzamiento de Bélica: "Tendrá más canciones en español y será un disco de hits, de temas con gancho, muy movidos. Un poco más comercial, pero sin abandonar la calidad de mi sonido. Sería un sueño poder incluir o grabar una canción con mi papá, uno de sus hits pop de los sesenta que son una maravilla. Ese podría ser un bonus track".
La chica de mil caras
Antes de lanzarse como solista, Bélica hizo seis discos que iban desde la electrónica hasta el hip hop. Además trabaja como vestuarista free lance y tiene una colección respetable de ropa de décadas anteriores tan grande que tuvo que habilitarse un clóset enorme en el apartamento que comparte con su madre para que cupiera tanto capricho, que probablemente comenzó cuando era chica y su padre incentivaba su vocación artística con una grabadora, en la que registraba con frecuencia su voz. De hecho, el primer disco de Bélica fue en realidad un cd quemado en el que suena su voz cantando los pollitos y una suerte de canciones no tan infantiles. Y ahora, además de su trabajo en solitario, de su afición por la ropa y de su obsesión por dormir hasta tarde, quiere grabar con Caramelos de Cianuro, Benny Blanco [de Todosantos], La mala Rodríguez, Sean Paul y, por qué no, con su padre.
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