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El primer fin de semana de octubre, visité a Bono en Cancún, México, donde los u2 se estaban tomando una semana de descanso antes de empezar la segunda etapa norteamericana de su Vertigo Tour. Bono y el baterista Larry Mullen Jr. estaban con sus familias; de hecho, su hijo Elvis Mullen cumplía 10 años, y lo iban a festejar con un asado en la casa junto al mar donde estaban parando Bono y su familia (su mujer desde hace veintitrés años, Ali, y sus cuatro hijos).
Como afuera estaba por largarse una tormenta, Bono y yo nos fuimos a su dormitorio, donde nos sentamos para empezar nuestra charla. Era el mediodía, y hablamos hasta la noche, para retomar la conversación la mañana siguiente. En total, fueron durante más de diez horas. Cualquiera que haya ido a un recital de u2 conoce su habilidad dramática para contar historias y su amor total por las palabras. Cara a cara, Bono es igualmente seductor, lleno de astucia y encanto. Y le gusta mucho hablar. Dos semanas más tarde, el día antes del quinto concierto a sala llena en el Madison Square Garden de Nueva York, Bono visitó por la redacción de Rolling Stone para pasar una o dos horas más aclarando algunos puntos. “Después de esto vas a necesitar un descanso de Bono por un par de años.”
La historia de Bono y de su banda es una historia de compromiso del uno con el otro (luego de veintinueve años, se mantienen como una unidad notoriamente estable) y con las grandes causas de justicia social por las que Bono ha arriesgado su reputación. Bono nos entrega una visión de cómo el mañana puede ser mejor que el presente. Apela a algo más grande que nosotros mismos. Nos cuenta la historia de su vida y lucha en términos que todos puedan entender. “New York Times Magazine” lo describió como “un Estado personal que alimenta su tesoro con la moneda global de la fama... la figura políticamente más efectiva de la historia reciente de la cultura popular”.
Nuestros temas de conversación fueron desde los primeros años de la banda hasta su admiración por el hip hop, pasando por la problemática relación con su padre. Siendo un artista de primer nivel, extrañamente Bono habla de su vida y de su trabajo con candor y transparencia. Y puede ser tan impiadoso con sus propios discos como el peor crítico. Esta entrevista representa quizá la quinta parte de nuestra conversación total. Pero, para Bono, la charla no termina nunca. Su objetivo es involucrar a su público en ella durante tanto tiempo como sea posible: no nos podemos quejar. -J.S.W.
Antes que nada: ¿de dónde sacaste esos anteojos?
Son de Bvlgari. Mucha gente, cuando ve la b a un costado, piensa que es una señal de mi propia megalomanía. Pero ésa es una verdad a medias. Soy la Imelda Marcos (esposa del dictador filipino Ferdinand Marcos, famosa por su infinita colección de zapatos) de los anteojos de sol.
¿Por qué los usás todo el tiempo?
Soy muy sensible a los rayos del sol. Si alguien me saca una foto, todo el día tendré el flash en mis ojos. Mi ojo derecho se hincha. Tengo una obstrucción ahí, y mis ojos se ponen rojos muchas veces. De modo que en parte es vanidad y en parte sensibilidad.
I. INFANCIA
¿Cómo fue tu infancia en Dublín?
Crecí en lo que podríamos llamar un barrio de clase media baja. En los Estados Unidos no hay nada equivalente. Pero era una calle agradable, con gente buena. Aunque, si tengo que ser honesto, había una sensación de violencia inminente.
Mi casa era una típica casa con tres dormitorios. El tercero, donde apenas entraba una alacena, era “la caja”: ahí dormía yo. Mi madre partió temprano: murió junto a la tumba de su padre. En pocos días perdí a mi madre y a mi abuelo, y la casa se convirtió en un hogar de hombres; tres hombres muy rudos, por cierto. Con todo lo que eso implica: la cuestión de la agresión es algo con lo que todavía estoy trabajando. Ese nivel de agresión, tanto interior como exterior, no es normal ni apropiado.
Eras un adolescente brillante luchando por encontrar tu destino. Y estabas en un lugar que no parecía prometerte muchas posibilidades. La actitud general de tu padre hacia vos era la típica actitud irlandesa: “¿Quién carajo te pensás que sos? Esto es la vida real”. ¿Voy bien?
Bob Hewson, mi padre, venía del centro de Dublín. Era un verdadero dublinés, pero amaba la ópera. Y él mismo tenía que ser un poco grandioso, ¿no? Era un autodidacto, versado en Shakespeare. Su pasión era la música: era un gran tenor. La gran frustración de su vida fue no haber aprendido piano. Extrañamente, no alentaba a sus hijos a tener grandes ideas, musicales o de cualquier tipo. Soñar era obligarse a un desengaño. Lo cual, por supuesto, explica mi megalomanía.
Yo era un chico brillante, está bien, desde temprano. Después, en la adolescencia, durante toda una etapa pensé que era un estúpido. Mi rendimiento escolar se fue a pique; no podía concentrarme. Empecé a creer en el mundo fuera de la escuela. La música fue mi venganza.
Da la impresión de que era una situación sin salida.
Lo que hay que superar es la tibieza, la grisura. Me juntaba con una pandilla muy vívida, surrealista. Eramos fans de los Monty Python. Hacíamos performances en el centro de Dublín. Yo me subía al colectivo con una escalera de mano y un torno eléctrico. Cosas muy locas. El humor era nuestra arma. Me quedaba parado ahí, con el torno en la mano. Estupideces adolescentes.
¿Sólo para provocar a la gente? ¿Una performance?
Exactamente. Inventamos ese mundo, al que llamamos Lipton Village. Eramos adolescentes, intentábamos defendernos de la mentalidad patotera.
¿Había muchas peleas?
Sí, claro. En el orden del día estaba ser golpeado muchas veces, a morir, por bandas de vagos de los barrios vecinos. Cuando te preguntaban de dónde eras, tenías que dar la respuesta correcta o sufrir. Cuanto más fuerte nos pegaban, más extraña y surrealista era nuestra respuesta.
¿Ustedes eran los chicos raros?
Sí. Gavin Friday, que ahora está haciendo la música para la película de 50 Cent, era el que tenía el look más surrealista. Tenía un corte onda Eraserhead [David Lynch, 1977]. Usaba vestidos y botas con taco. Quiero decir: Guggi –mi otro amigo– y yo éramos lo suficientemente hábiles. Podíamos defendernos solos. Pero aunque algunos de nosotros aprendimos algo acerca de la violencia, otros no. Y a ésos les daban con todo. Yo pensaba que eso era normal. Me acuerdo de batallas increíbles. Recuerdo de un demente que tenía una barra de acero, tratando de golpearme en la cabeza con toda su fuerza, y yo sosteniendo la tapa de un tacho de basura que salvó mi vida. Los adolescentes no tienen sentido de la mortalidad, propia o ajena.
¿Entonces ésa fue tu rebelión adolescente?
No sé si fue una rebelión. Fue un mecanismo de defensa. Nos reíamos de la gente que tomaba. Nosotros no tomábamos. Nos creíamos mejores que los tipos que salían de los pubs los viernes a la noche y caían en la vereda.
¿Ustedes eran los intelectuales?
Eramos un rejunte de marginales. No éramos los chicos brillantes. Si tenías una buena colección de discos, eso ayudaba. Lo mismo si no jugabas al fútbol. Era parte de la cosa. Viéndolo desde hoy, había cierta arrogancia en ello; es como mirar al resto desde arriba...
¿A los patoteros?
A los patoteros, a los skinheads. Tal vez es la misma arrogancia que tenía mi padre, que escuchaba ópera y le gustaba el críquet. Porque eso lo separaba del resto.
Escribiste una canción extraordinaria acerca de tu padre, “Sometimes You Can’t Make It on Your Own”. Cuando hablé con The Edge esta semana, me dijo que te estás convirtiendo en tu padre.
Era un hombre maravilloso y muy gracioso. Había que ser rápido para vivir cerca de él. Pero no creo ser como él. Tengo una relación diferente con mis hijos de la que tenía él con nosotros. En verdad, conmigo ni siquiera tenía una relación. Generalmente pensaba que nadie era tan inteligente como él. Como en “A Boy Named Sue”, la canción de Johnny Cash, en la que un chico recibe un nombre de mujer y tipos muy machos lo golpean toda la vida, pero al final él se convierte en el más duro de todos.
¿Vos sos el chico llamado Sue?
Al no alentarme para que me dedicara a la música, aun cuando él siempre había querido ser un músico, mi padre me convirtió en eso. Diciéndome que nunca tuviera grandes sueños, o que soñar es obligarse al desengaño, hizo que tuviera grandes sueños. Diciéndome que la banda duraría cinco o diez minutos, hizo que llegáramos hasta acá.
Parece haber un poder en esa relación que va más allá de la típica historia de padre e hijo. Seguramente vos eras uno de los chicos más difíciles del barrio.
No debe haber sido fácil criarme.
Tu padre estaba tratando de criar a dos chicos sin su madre. Y acá estás, inflexible, sin compasión, apareciendo a cualquier hora rodeado de una manga de dementes. Yo creo que es increíble que te haya tolerado y que no te haya mandado a la mierda. ¿A veces no te sentís culpable por cómo lo trataste?
¡No, no hasta que te conocí a vos! Le gustaba la batalla. El día de Navidad en casa era una larga pelea. Todo el tiempo nos estábamos gritando: mi hermano, yo, y después mis tíos y mis tías. El tenía un sentido de la indignación moral, una actitud de reprobación didáctica. Políticamente era muy astuto. Era de izquierda, pero elogiaba al tipo de derecha.
Cuanto más hablás acerca de él, más parece que estuvieras describiéndote a vos mismo.
Esa es una manera interesante de abordar el tema, y creo que mucha gente estaría de acuerdo con vos. Yo amaba a mi padre. Pero éramos combativos. Luchábamos hasta el final. De hecho, sus últimas palabras fueron un insulto. Yo estaba durmiendo en un colchón al lado de él en el hospital. Me levanté, y él produjo un sonido muy fuerte, una especie de bramido, y me despertó. Entonces vino la enfermera. “¿Está usted bien, Bob?”. El la miró y susurró: “¿Por qué no te vas al carajo? Sacame de acá, este lugar es una cárcel. Me quiero ir a casa”. Ultimas palabras: “Andate al carajo”.
II. UNA EDUCACION MUSICAL
¿Cuáles fueron los primeros discos de rock & roll que escuchaste?
Los Beatles, a los 4 años. “I Want to Hold Your Hand”. 1964, creo. Me acuerdo de estar viendo a los Beatles con mi hermano el Día de San Esteban, después de Navidad. Me impresionó la sensación de pandilla que daban, en el sentido de lo que te estaba diciendo antes. También su potencia melódica, los cortes de pelo y la sexualidad. Yo procesaba todo eso.
También escuchaba a intérpretes como Tom Jones. Veía a Tom Jones los sábados a la noche en un show de variedades. Yo tendría 8 años, y ahí estaba el tipo, sudando como un animal, sin restricciones. Cantando con abandono. Un blanco con una gran voz de negro. Y después, claro, Elvis. Yo pensaba: “¿Qué diablos es esto?”. Porque aquello cambiaba la temperatura de la habitación... la gente dejaba de hablar.
¿Cuándo te cruzaste con Elvis?
Debo de haber escuchado sus canciones, pero fue en el especial del regreso, cuando estaba parado porque no podía sentarse para tocar. El no estaba al mando de aquello; aquello estaba al mando de él. El abandono era realmente atractivo.
A esa edad, ¿quién te impactó más musicalmente?
Antes de llegar a los Who, los Rolling Stones, Led Zeppelin y esas cosas; me acuerdo muy bien de Imagine, de John Lennon. Creo que tenía 12; ése fue uno de mis primeros discos. Y me encendió de verdad. Era como que Lennon te estaba hablando al oído; sus ideas acerca de lo que era posible hacer... Diferentes maneras de ver el mundo. Cuando tenía 14 y perdí a mi madre, volví a la Plastic Ono Band.
Y, al mismo tiempo, Bob Dylan. Escuchaba sus discos acústicos. Mi hermano tenía un libro de canciones de los Beatles, y yo trataba de aprender a tocar la guitarra, con su ayuda.
Y esa canción, “If I Had a Hammer”... Es una canción genial, ahora que lo pienso. Y uno se siente avergonzado al día siguiente de conocerla. Esa canción es un tatuaje.
¿Esa fue la primera canción que aprendiste a tocar?
“If I had a hammer, I’d hammer in the morning/ I’d hammer in the evening/ All over this land/ I’d hammer out justice/ I’d hammer out freedom/ Love between my brothers and my sisters/ All over this land.” [si tuviera un martillo, machacaría a la mañana / machacaría a la tarde/ en toda la tierra/ machacaría con la justicia/ machacaría con la libertad/ con el amor entre mis hermanas y mis hermanos/ en toda la Tierra]. Fantástica. Todo un manifiesto.
Todavía seguís haciendo la misma canción. (Risas) Es verdad.Y todo lo que pasaba en Londres en los años 60, los Beatles, los Stones, los Who, los Kinks... ¿Cómo influía todo eso sobre vos?
Ah, sí, los Who. Cuando tenía 15 años, todas estrellas conectándose. Entre todo el ruido y el estrépito, entre los acordes poderosos y la furia, hay otra voz. “Nobody knows what it’s like behind blue eyes...” [nadie sabe lo que se siente detrás de esos ojos azules...]. Y el comienzo de lo que yo descubriría que es uno de los aspectos esenciales para mí, el motivo por el cual puede cautivarme un trozo musical: algo que tiene que ver con la búsqueda. La sensación de que hay otro mundo que tiene que ser explorado. Eso me lo enseñó Bob Dylan; eso me lo enseñó Pete Townshend.
¿Imagine es lo primero realmente poderoso para vos?
Imagine y Bob Dylan. “Blowin’ in the Wind”, todo eso, la cosa folclórica. Que es, supongo, lo que me llevó a John Lennon.
¿Dylan te preparó el terreno para escuchar a John Lennon?
Porque es folk, y el folk es eso, las palabras y los susurros, esa cosa silenciosa. Estaba en mi cuarto escuchando un casete con los auriculares. Una escena muy íntima. Es como hablar con alguien por teléfono, como hablar por teléfono con John Lennon. No estoy exagerando. Esta música cambió la forma de mi cuarto. Cambió la forma de la realidad que rodeaba al cuarto; cambió mi manera de mirar por la ventana y cambió aquello que yo miraba.
Me acuerdo de John Lennon cantando “Oh My Love”. Es como un pequeño himno. Ciertamente, es una oración de alguna clase. Aun cuando él fuera ateo. “Oh, my love/ For the first time in my life/ My eyes can see/ I see the wind/ Oh, I see the trees/ Everything is clear in our world.” [oh, mi amor/ por primera vez en mi vida/ mis ojos pueden ver/ veo el viento/ oh, veo los árboles/ todo está claro en nuestro mundo]. Para mí, estaba hablando de un velo que cae, de unas vendas que son quitadas de los ojos. Ver por la ventana con la nueva claridad que te brinda el amor. Recuerdo ese sentimiento.
Yoko vino cuando yo tenía veintipico, puso su mano sobre mí y me dijo: “Sos el hijo de John”. ¡Qué cumplido fascinante!
¿Has dicho que u2 “viene del punk”? ¿Qué quiere decir eso?
Estoy hablando de 1976. Yo estaba en el colegio, en una fase de adolescente odioso. No hacía los deberes, estaba siempre enojado, vivía con dos hombres. Pensaba que mis amigos seguramente tendrían grandes vidas, porque eran muy inteligentes, y que yo seguramente no podría concentrarme lo suficiente para ser tan inteligente.
Siempre había tenido estas melodías en mi cabeza. En momentos más tranquilos (en el bar del barrio, en el pasillo de una iglesia), si había un piano cerca, ponía el dedo en una tecla. Me imaginaba que, si oprimía el pedal ahí abajo, la nota podría escucharse en todo el pasillo. Reverb, ¿no? Convierte a esta iglesia en una catedral. Escucho un verso para la nota en mi cabeza; de verdad lo escucho. Puedo encontrar otra nota que suene bien con ella, pero no tengo manera de expresarla.
Entonces la nota me la da un chico, hoy hace veintinueve años. Es un chico, tiene 14 años, y yo 16. Quiere armar una banda. Toca la batería. Entonces mi amigo Reggie Manuel dice: “Tenés que ir”. Me sube a su motocicleta y me lleva a esta casa suburbana donde vive Larry Mullen. Larry está en una cocina diminuta, y tiene su kit de batería ya armado. Y hay otros chicos. Está Dave Evans, que parece un tipo inteligente y tiene 15 años. Y su hermano Dick, que parece todavía más inteligente y ha construido su propia guitarra. Es un científico loco. Larry empieza a darle a su kit: es un sonido asombroso. Sólo el golpe del címbalo es maravilloso. Edge tocó un acorde de guitarra que yo nunca había oído en una guitarra eléctrica. Quiero decir, se abrió un camino. Empezaron a llegar chicos de todos lados. Muchas chicas. Sabían que Larry vivía ahí. Ya estaba gritando; ya estaba trepando la verja. Larry ya estaba acostumbrado a todo eso, y les apuntaba con la manguera del jardín. Y así empezó la cosa. Un mes más tarde empecé a salir con Ali. Ya la conocía de antes, pero fue entonces que la invité a salir.
Ese fue un gran mes.
Sí, un muy buen mes. Lo interesante es que, en los meses que siguieron, yo atravesé la fase más depresiva de mi vida. Sentía una terrible frustración adolescente. No sabía si quería seguir viviendo. Estaba desesperado. Le rezaba a Dios, pero no sabía si él me estaba escuchando.
¿Entonces fue que recibiste la influencia del punk?
No, esto no tiene nada que ver con el punk. Esto es septiembre del 76. El punk acababa de empezar en Londres ese verano. Adam [Clayton] fue a Londres el verano siguiente. Londres estaba en llamas. Y Adam volvió con los Stranglers, con los Jam, los Clash. Insólitamente, en nuestros primeros ensayos, ya estábamos hablando acerca de qué música tocar. Todo el mundo empezó a hacer sugerencias. Yo quería tocar como los Rolling Stones de la época de High Tide and Green Grass, y como los Beach Boys. La cosa del hard rock me estaba cansando.
¿A qué te referís con hard rock?
El pelo largo y los extensos solos de guitarra. Yo decía: “Volvamos al rock & roll”. Entonces la gente decía: “¡Por Dios! ¿Escuchaste a los Clash?”. Y después vimos a The Jam en Top of the Pops en el 76. Eran de nuestra edad: el sueño era posible. Y los Radiators From Space, nuestra banda punk local, tenían una canción llamada “Telecaster” o algo así: “Gonna push my Telecaster through the television screen/ ‘Cause I don’t like what’s going down” [voy a romper mi Telecaste contra el televisor/ porque no me gusta lo que está pasando]. Y era una canción fácil de tocar.
¿Ya estabas integrado en la banda?
Por el momento eran ensayos ocasionales. Tocábamos canciones de los Eagles. Tocábamos a los Moody Blues. Pero resulta que éramos un desastre para eso. No éramos capaces de tocar canciones de otros. Tratamos de tocar “Jumpin’ Jack Flash”, y fue un desastre. Entonces empezamos a componer nuestras propias canciones: era más fácil.
La gran influencia punk para ustedes, ¿fueron los Ramones o los Clash?
Más los Ramones que los Clash. Aunque vimos por primera vez a los Clash en Dublín en el 77, y fue extraordinario. Había un aire de violencia, la sensación de que podía morirse alguien. Pero no conectábamos con la música de la misma manera que con la música de los Ramones.
¿Y qué era lo que los conectaba a los Ramones?
Yo no tenía la gravitas que tenía Joe Strummer. Joey Ramone cantaba como Dusty Springfield... Era una voz melódica como la mía.
¿David Bowie fue una influencia grande?
Gigante. El es el Elvis inglés. Bowie fue mucho más responsable de la estética del punk rock de lo que habitualmente se piensa. Así como influyó decisivamente en la mayoría de las cosas interesantes que ocurrieron en los 70 y 80. Yo pegué afiches de Bowie en la pared de mi cuarto. En nuestra fase de “banda para fiestas de casamiento” tocamos “Suffragette City”.
Empezamos a escuchar a Patti Smith. Edge empezó a escuchar a Tom Verlaine. Y, de repente, los acordes del punk no son la única alternativa. Ahora teníamos un lenguaje diferente y empezamos a buscar distintos colores, además de los primarios.
III. UNA VIDA ESPIRITUAL
¿Qué rol jugó la religión en tu infancia?
Sabía que en nuestra cuadra éramos diferentes porque mi madre era protestante. Y se había casado con un católico. En una época de gran sectarismo en el país, yo sabía que era especial. No íbamos a las escuelas del barrio; íbamos en ómnibus. Yo rescaté siempre el coraje que habían tenido para seguir adelante con su amor.
¿Te sentías religioso cuando ibas a la iglesia?
Incluso entonces, rezaba más fuera de la iglesia que adentro. Vuelvo a las canciones que escuchaba entonces; para mí, eran oraciones. “How many roads must a man walk down?” [¿cuántos caminos tiene que caminar un hombre?]. Esa no era para mí una pregunta retórica. Estaba dirigida a Dios. Es una pregunta para la que quería conocer la respuesta, y yo me preguntaba: a quién le voy a preguntar eso. No se lo voy a preguntar a un maestro. Por ejemplo, cuando John Lennon canta: “Oh, my love/ for the first time in my life /My eyes are wide open” [oh, mi amor/ por primera vez en mi vida/ mis ojos están del todo abiertos]... Esas canciones tienen un grado de intimidad del que no participan sólo personas, me doy cuenta ahora. No es sólo una intimidad sexual, es una intimidad espiritual.
¿Quién es Dios para vos en este punto de tu vida?
No lo sé. Sería muy raro que me haga estas preguntas dentro de una iglesia. Veo que a la iglesia va gente adorable. Ocasionalmente, cuando canto un himno religioso como “When I Survey the Wondrous Cross” o “Be Thou My Vision”, algo se remueve en mi interior. Pero en aquella época la religión me producía indiferencia.
Tus primeras canciones exhiben cierta confusión, una búsqueda de espiritualidad en una época en la que casi todos los chicos de tu edad escribían acerca de chicas y de la violencia.
Sí. Nosotros hicimos el camino inverso.
Te salteaste “I Want to Hold Your Hand”, y fuiste directo…
A la mística. El viaje de Van Morrison sería el inverso. Es este período turbulento de los 15 o 16 años. A esa edad llegan las tormentas eléctricas. También estaba mi amigo Guggi. Sus padres no sólo eran protestantes, pertenecían a un culto oscuro dentro del protestantismo. En los Estados Unidos, serían pentecostales. El hablaba constantemente de las Escrituras y tenía la sensación de que había que prepararse para el final.
¿Vivías con su familia?
Sí. También iba a la iglesia con ellos. Aunque Guggi y yo nos reíamos del absurdo que era todo eso, la retórica nos iba quedando. No nos dábamos cuenta, pero nos estábamos sumergiendo en las Sagradas Escrituras. Eso es lo que nos quedó de todo eso: el lenguaje rico, los trozos de antigua sabiduría.
¿Es por eso que con menos de 20 escribías canciones tan serias?
Esto es lo extraño: la mayoría de la gente con la que uno creció en la música negra tenía un bautismo del espíritu similar, ¿no es cierto? La diferencia es que la mayoría de estos intérpretes sentía que no podía expresar su sexualidad delante de Dios. Tenían que darse vuelta. De modo que el rock se convirtió en una música de gente que daba vuelta la espalda. Estaban huyendo de Dios. Pero yo nunca creí en eso. Nunca lo vi como una disyuntiva excluyente.
¿Nunca sentiste que el rock & roll, la llamada música del demonio, era incompatible con la religión?
Mirá a la gente que formó mi imaginación. Bob Dylan: en el 76 atraviesa un período similar. Patti Smith: “Jesus died for somebody’s sins/ not for me” [Jesús murió por los pecados de alguien/ no por mí]. Y después va y convierte a “Gloria”, de Van Morrison, en una canción litúrgica. Ella está luchando con estos mismos demonios, los del catolicismo en su caso. En camino hacia Wave, donde le habla al Papa.
La música que me atrapa está corriendo hacia Dios o huyendo de él. Todos reconocen que Dios está en el centro de la cuestión. Lo mismo sucede con el blues, que huye, y el gospel, que corre hacia él. Y más tarde uno lo analiza y descubre que es así como funciona. El blues es como los salmos de David. Acá estaba este personaje, viviendo en una cueva, cuyas exte-riorizaciones bruscas eran tanto críticas como alabanzas. Y David canta: “Oh, Dios, ¿dónde estás cuando te necesito? ¿Tú te llamas a ti mismo Dios?”. Y eso es el blues. Ambos trabajan la relación con Dios. Desde entonces comprendí que la furia con Dios es muy válida. Escribimos una canción acerca de ese tema, “Wake Up Dead Man” en el disco Pop, y la gente no la entendía. “Ayudame, Jesús/ Estoy solo en este mundo/ Y es un mundo de mierda, además/ Contame, contame una historia/ La historia acerca de la eternidad/ Y cómo van a ser las cosas/ Despertate, hombre muerto.”
Poco después de empezar con la banda, te uniste con Larry y con The Edge a un grupo de estudio de la Biblia llamado Shalom. ¿Qué te aportó esa experiencia?
Estábamos haciendo teatro callejero en Dublín, y conocimos a unos tipos que estaban más locos que nosotros. Era una especie de grupo de gente del centro de la ciudad que llevaba un estilo de vida similar al del siglo i después de Cristo. Buscaban signos y milagros, vivían una especie de religión de los primeros tiempos. Era una comunidad. La gente que tenía dinero lo compartía. Eran apasionados, graciosos, y parecían no tener deseos materiales. Su enseñanza de las Escrituras me recordaba a esa gente a la que había escuchado más de joven con Guggi. Ahora me doy cuenta de que se trataba simplemente de una insaciable curiosidad intelectual. Pero la cosa se tornó demasiado intensa, como siempre. Se convirtió en una especie de grupo sagrado. Y esta gente (que tenía ideas tan grandes y era capaz de transmitir grandes enseñanzas) parecía no molestarse por nuestras vestimentas. Pero muy pronto nos dimos cuenta de que no era así. Empezaron a hacer preguntas acerca de la música que escuchábamos. ¿Por qué usábamos aros? ¿Por qué usábamos crestas?
¿Cómo terminó ese asunto?
Creo que nos fuimos de gira.
¿Y olvidaron regresar?
Bueno, nos hubiera gustado. Pero el grupo exigía el rechazo del mundo. Y ya entonces nosotros entendíamos que uno no puede escapar del mundo, no importa adónde se dirija. Y menos que menos en encuentros religiosos muy intensos, que pueden ser más corruptos y más tendenciosos –en términos de las presiones que ejercen sobre la gente– que las fuerzas exteriores.
¿Qué es lo que te atrajo tan profundamente de Martin Luther King?
Acá hay que hacer un corte hasta 1980. Un grupo de rock irlandés, que ha atravesado el fuego de cierto revival, un revival de tipo cristiano, viaja a los Estados Unidos. Uno enciende la televisión la primera noche, y está lleno de tipos hablando de las Escrituras. Pero se trata muy obviamente de lunáticos. Entonces uno se pregunta qué diablos es eso. Y cambia de canal. Y hay otro lunático. Uno cambia de canal otra vez, y hay un vendedor de autos usados. Uno piensa: “No, por Dios”. Pero sus palabras suenan tan similares a las palabras que salen de nuestras bocas...
Y entonces ¿qué pasa? Uno aprende a callarse la boca. Uno dice: ¿qué es lo que está pasando? Uno se queda extrañamente quieto y en silencio. Si uno habla así en los Estados Unidos, todo el mundo pensará que uno es como ellos. Y uno se da cuenta de que ésos son los mercaderes del templo.
Hasta que uno va a una iglesia negra, y ve que piensan lo mismo. Pero su religión parece estar muy ligada al deseo de justicia social; la lucha por la igualdad. Y un periodista de la Rolling Stone, Jim Henke, que ha creído en uno más que nadie, te acerca un libro llamado Let the Trumpet Sound, que es una biografía del doctor King. Y eso cambia tu vida.
Aunque soy creyente, me resulta muy difícil estar con otros creyentes: me ponen nervioso. Hacen que cuide mi espalda. Salvo cuando estoy en una iglesia negra. Ahí me relajo, me siento como en mi casa. Puedo llevar a mis hijos allí: hay cantos, hay música.
¿En qué creés hoy en día? ¿Cuál es tu concepto de Dios?
Si pudiera ponerlo en palabras simples, diría que hay una fuerza de amor y lógica en el mundo, una fuerza de amor y lógica detrás del Universo. Y creo en el genio poético de un creador que elegiría expresar un poder tan inconmensurable bajo la forma de un niño nacido en la pobreza. Por lo tanto, la historia de Cristo tiene sentido para mí.
¿De qué manera tiene sentido?
Como artista, veo la poesía que hay en ello. Es brillante. Que esta escala de la creación, y el Universo inconmensurable, se describa a sí misma bajo un aspecto de tanta vulnerabilidad, como un chico. Eso me vuela la cabeza. Supongo que eso me convierte también en cristiano. Aunque yo no uso esa etiqueta, porque es muy duro vivir con ella. Siento que soy el peor ejemplo de cristiano, y por eso prefiero mantener la boca cerrada.
¿Rezás o llevás a cabo alguna práctica religiosa?
Trato de tomarme un tiempo todos los días para la oración y la meditación. Me siento como en casa tanto en una catedral católica como en una tienda revivalista. También siento un enorme respeto por mis amigos ateos (la mayoría de mis amigos lo son), y por el coraje que implica no creer.
¿Qué influencia tiene la Biblia sobre las letras de tus canciones? ¿Hasta qué punto te inspirás en el imaginario y las ideas bíblicas?
La religión me sostiene.
¿Como creencia o como mirada artística?
Como creencia. Estos son temas de conversación muy pesados, porque uno puede quedar como un imbécil hablando de ellos. Yo tengo la clase de personalidad que necesita de un ancla. Quiero estar rodeado de objetos que no puedan moverse. Quiero construir mi casa sobre una piedra, porque aun cuando las aguas no suban, voy a volver con una tormenta. Eso está en mí. Y la religión me apuntala. No leo la Biblia como un libro de historia. No la leo como un libro que da buenos consejos. Dejo que me hable de otras maneras. La llaman el “rema”. Es una palabra griega difícil de traducir, pero significa que cambia en el momento en que estás dentro. Eso es lo que me produce la religión.
¿Estás diciendo que la religión es algo vivo?
Es como una plomada para mí. En las Escrituras, es descripta como una fuente de agua clara en la que uno puede verse a sí mismo, para ver dónde está, si uno todavía se basta. En este momento estoy escribiendo un poema llamado “The Pilgrim and His Lack of Progress” [el peregrino y su falta de progreso]. No creo ser el mejor publicista para este tipo de cosas.
¿Qué pensás del auge del movimiento evangélico en los Estados Unidos?
La fe fuera de las acciones concretas me provoca recelo. Igual que la religiosidad que ignora el ancho mundo. En 2001, sólo el siete por ciento de los evangélicos se sentían llamados a responder a la emergencia del sida. Esto me horrorizó. Solicité reuniones con todos los líderes de iglesias que estuvieran dispuestos a tenerlas. Utilicé mi formación religiosa para hablarles acerca de la llamada lepra de nuestra época y cómo sentía que Cristo hubiera reaccionado ante un fenómeno de ese tipo. Y era mejor que pusieran manos a la obra lo antes posibles, porque si no estarían enfrentados a Dios.
Sorpresivamente, respondieron. Casi me arruina, porque a mí me encanta criticar a la Iglesia y a la cristiandad. Pero ellos de verdad reaccionaron. Jesse Helms se arrepintió públicamente de su anterior postura acerca del sida. Comencé a comprender que esta comunidad era un recurso verdaderamente interesante en los Estados Unidos. Yo los he descripto como “idealistas de miras estrechas”. Si uno puede ensanchar las miras de ese idealismo, esta gente querrá cambiar el mundo. Quieren que sus vidas tengan un sentido. Y es una de las cosas en que ha fallado el Partido Demócrata. Ya se sabe, en el pasado la reserva moral fue muchas veces propiedad del Partido Demócrata: allí tenemos a Roosevelt, a Robert Francis Kennedy, a César Chávez. Y ahora supongo que la cuestión es la pasión de Hillary por el abaratamiento de la atención médica. Y de Teddy Kennedy, por supuesto.
IV. EL DESPERTAR POLITICO
Después de Live Aid, fuiste a Etiopía con Ali, tu esposa. Eso fue en septiembre de 1985. ¿Cómo te afectó esa experiencia?
Es una gran pregunta. Tu camino es interesante, ya sea consciente o no. Pero me estás pidiendo que explique cómo justifico mi pertenencia a una banda de rock. Yendo hacia atrás, yo relaciono la música con la no propiedad de las ideas. Eso es lo que he aprendido. A compartir la autoría. Lo mismo aprendí en la banda. Y esa actitud puede llevarte un tiempo de aprendizaje, pero sin duda te llevará más lejos.
¿Qué herramientas tenés que usar, además de tu fama y tu poder de seducción?
Un argumento implacable y riguroso que nos persuada de que, a menos que solucionemos la enorme desigualdad existente, no podremos seguir manteniendo el mismo nivel de vida. Me refiero a una dimensión espiritual, a una dimensión económica y a una dimensión política. Es muy raro conocer a un norteamericano o a un irlandés o a un inglés que no lo sepa.
V. EN BUSCA DE LA GRACIA
El mánager de u2, Paul McGuinness, te dijo una vez que el deber de un artista es ilustrar los problemas del mundo, mostrárselos al público, pero no solucionarlos.
Los artistas no podrán solucionarlo, pero esta generación podrá erradicar la extrema pobreza. No la pobreza, pero sí la pobreza extrema. Yo la llamo la “pobreza estúpida”: chicos muriendo de hambre. Esto no debería ocurrir, y no tiene que seguir ocurriendo. La gente tiene que darle a los políticos permiso para gastar lo que a fin de cuentas es el dinero de la propia gente. Estoy harto de mendigar en nombre de los mendigos. Ya hay dos millones de personas que firmaron a favor de la campaña para la eliminación de la pobreza. En 2008, tendremos cinco millones, más que la Asociación Nacional del Rifle. Eso es poder de fuego real.
¿Pensás que tu obligación como artista es ayudar a que eso ocurra?
Ojalá no fuera así, porque preferiría estar en un estudio componiendo una canción. Cuando esa canción forma algo que diez minutos antes no existía, y ahora parece que va a ser emitida por una radio en Tokio, uno siente algo maravilloso. Disfruto de mi trabajo como activista, pero mi talento es ser cantante, compositor e intérprete. Y he aprendido a hacer otras cosas para proteger ese talento, y esas nuevas habilidades parecen convertirme en un activista.
¿Qué te hace avanzar? ¿Es el miedo o el fracaso o la necesidad de demostrar que podés hacer cualquier cosa? ¿Cuál es el origen de tu energía?
El miedo a perder oportunidades. Puedo ver un camino hacia lo que mi amigo Jeff Sachs llama “el fin de la pobreza”. Esto no es palabrerío a cargo de una estrella de rock irlandesa . Se trata de objetivos que pueden lograrse. Al parecer, yo soy capaz de comunicarlos, y si no lo hago, he perdido una oportunidad de cambiar el mundo en un sentido en que realmente lo necesita.
Estás embarcado en una cruzada sin fin por la paz y la no violencia desde los 17 años. ¿Te sentís ungido o llamado a esto? ¿Tenés un complejo mesiánico, como dijo Bruce en broma?
Y está bien que lo dijera. En cuanto al llamado, yo levanté la mano para pedir este trabajo. Seguramente cansé al Señor: “Está bien, tenés mi bendición”. Estoy seguro de que no estaba escrito. Es como la historia de los dos hermanos, Jacob y Esaú, que buscan la bendición de Isaac. Jacob, el más chico, simula ser Esaú para obtener la bendición antes de que su padre muera. Yo soy como él. ¿Por qué Dios concedió esa bendición? Hace poco entendí por qué: porque Jacob la deseaba más que Esaú. Sabía que la bendición era muy poderosa.
Una vez que entendés cuál es el problema y también cuál es la solución, no hay escapatoria. Lo ves y no podés apartar los ojos. Quiero sentir todo esto como una aventura, no como una carga. Y no lo digo sólo por mí, sino por todo el movimiento. Esto es algo extraordinario, algo que entusiasma. Esto no es compasión por los pobres africanitos muriendo de hambre con las moscas revoloteando alrededor de sus caras. Ellos son gente muy noble, gente excelente, con la carcajada fácil, muy innovadores. Esto también es por nosotros mismos. Es acerca de quiénes somos, cuáles son nuestros valores, si es que los tenemos. Es excitante.
¿Qué es lo que sienten los muchachos de la banda cuando ven de qué manera tus cruzadas le dan forma a la percepción de la banda?
En los primeros años estaban muy preocupados. Es un trabajo muy poco cool. Pensaron que nuestro público se cansaría de ello, pero nuestro público ha terminado sintiéndose más poderoso por el hecho de que yo levanté la voz en nombre de ellos.
¿Me podés describir cuál es hoy la misión de u2?
No ser falsos. Hay un acuerdo: vos podés no preocuparte por el costo de la educación y por el seguro médico de tus hijos y también podés tener una casa en el sur de Francia, pero no nos avergüences haciendo música de segunda.
Ir a un lugar muy oscuro dentro de uno mismo es muy caro. Muchas bandas llegan a un determinado nivel de confort y no quieren estar ahí. u2 sigue lista para estar ahí, y pensamos que hay mucho todavía por demostrar. ¿Qué podemos hacer Edge, Larry, Adam y yo? Mientras nuestros culos no se pongan muy gordos, creo que todavía tenemos diez años por delante. Pero si sacamos un disco de mierda y engordamos, estamos muertos.
¿Cómo sería u2 sin Bono?
Creo que Edge está cantando muy bien. Tiene un hermoso falsete. Suena como un grupete de hermosas mujeres negras. Edge llevaría al grupo a lugares extraordinarios si no estuviera yo, y habría menos presión, pero menos diversión. Nos reímos mucho. Ellos también. Estoy seguro de que se ríen conmigo además de reírse de mí.
¿Necesitás a tus compañeros por una cuestión de equilibrio y salud mental?
La verdad es que los necesito más de lo que ellos me necesitan a mí.
¿Por qué?
Es la manera como estamos conectados. Ellos hacen que mi juego valga. Me aterroriza estar solo en un cuarto, o solo con la gente que es empleada mía. Esa es mi definición del infierno en la Tierra. Uno es tan bueno como las discusiones que genera. Yo soy mejor persona si estoy cerca de estos tipos. Son personas muy dignas.
¿Cómo sentís el hecho de envejecer y tocar para un público más grande? ¿Esto afecta tus propias percepciones de vos mismo? Sabés que hay gente que te sigue y tiene mucha plata.
Es que los ricos también tienen sentimientos (risas). Tenemos un público universitario muy vital, pero también una parte del público que ha estado con nosotros durante mucho tiempo, y eso trae consigo un gran peso.
¿Y cómo te afecta eso?
El “nosotros” contra “ellos” de los 60 ya no funciona. Conozco a gente de 70 años que es mucho más radical que sus nietos de 17. La edad trae consigo cierto poder. Fijate en la cara de Johnny Cash antes de abandonar este mundo, y en su voz. O en Mick Jagger, que parece Nureyev. Sus rostros son más interesantes. Son hombres más peligrosos a medida que envejecen. Conocen los caminos del mundo, y tienen más cosas para decir. Si fueras novelista o fotógrafo o pintor, a los 45 estarías empezando. ¿Por qué en la música no sucede así? La gente, y especialmente los grupos de gente, muchas veces arruina las cosas. Creo que tiene que ver con aquello de que estábamos hablando antes, y ésa es la inhabilidad de la gente, y en especial de los grupos, para relacionarse.
The Edge me dijo que vos deberías ser el presidente de Sobreexigidos Anónimos.
Ahí tenés otra cuestión con la que debo lidiar. Dios ha hecho demasiado con muy poco, diría yo.
¿Dónde te ves dentro de veinte años?
Me gustaría volver a la ficción y a la poesía. Me gustaría ser simplemente un escritor, y un cantante, y un intérprete. A los 60 seré mucho más buen mozo que ahora. Estoy seguro de ello. No espero morir antes de llegar a viejo. La mayoría de mis héroes son gente que está viva, no muerta, y viva desde hace mucho.
En otras palabras, ¿te gustaría estar haciendo lo mismo en una forma más pura, sin todo el trabajo exterior?
Las palabras se están volviendo más y más importantes para mí. Yo nunca fui un hombre que escuchara las palabras. Simplemente las escribía. Y realmente estoy disfrutando de la escritura, ya sea de discursos o de cartas, o de poemas en prosa, guiones o letras de canciones. Quizá porque cuando empiezo a escribir dejo de hablar.
Si no hubieras estado en u2, ¿qué estarías haciendo?
Habría sido periodista.
¿Por qué decís eso?
Por curiosidad. Me gusta escribir. Me atraen las cosas que me dan miedo. Corresponsal de guerra, periodista, guionista. Los medios desempeñan un papel realmente valioso en una sociedad libre. Los Estados Unidos tienen el periodismo de mejor calidad en el mundo, aunque su televisión realmente apesta.
¿Puede el rock&roll contener todo lo que querés hacer?
¡La música es tan excitante! De verdad. Creo en el viejo adagio que dice que todo arte aspira a la música.
¿Qué significado le das a esa frase?
La música es algo verdaderamente extraordinario. Finalmente es el modo como le hablamos (o no) a Dios. Es el lenguaje del espíritu. Si creés que contenemos dentro de nuestra piel y de nuestros huesos un espíritu que puede durar más que el tiempo en el que respiramos, si hay un espíritu, la música es aquello que lo despierta. Y ciertamente me despertó a mí. Y parece ser la manera como nos comunicamos a otro nivel.
Acabo de venir de una de las experiencias más conmovedoras de mi vida: tocar en Polonia, escuchar a miles de personas cantando cada palabra de una lengua que no es su lengua materna. Las sentían antes de entenderlas. Como letrista uno se siente humillado, y como músico, gratificado. Aquello que me mueve es una suerte de curiosidad acerca del mundo y de la gente. A veces levanto las piedras del suelo y encuentro algunas sorpresas. A través de la música he accedido a artistas de otros campos, a economistas, a novelistas, a médicos, a enfermeros. Para mí ha sido maravilloso. Cuando estábamos en medio del punk rock, quería estar con Johnny Cash. Quería saber qué pasaba debajo de su sombrero. Y pude hacerlo. Lo mismo con Frank Sinatra. Quería saber qué pensaba y qué sentía, y él compartió muchas cosas conmigo. Esa es la bendición de la que estaba hablando. He buscado esa bendición toda mi vida, en muchos lugares diferentes. En Bob Dylan, en Willie Nelson y en Billy Graham.
¿Te arrepentís de algo?
De muchas cosas. No hablaré de ellas, pero sí. Musicalmente, no terminé aquellas canciones en los 80. Y eso por eso que quiero tocarlas en vivo. Las voy perfeccionando cada noche.
Pienso en el tema de The Joshua Tree y te pregunto: ¿encontraste lo que estabas buscando?
Solía pensar que algún día sería capaz de resolver las distintas tensiones que me impulsan en direcciones diferentes, la tensión entre las diferentes personas que soy. Ahora me doy cuenta de que eso es lo que soy, y estoy más contento que disconforme con ello. Siento que me estoy acercando más a la canción que escucho en mi cabeza, que me estoy acercando a no comprometer esa melodía con palabras falsas. Me refiero a todos los niveles. No estaba buscando la gracia, pero afortunadamente la gracia me estaba buscando a mí.
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