Cardos, bastones y polémica
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Parece mentira que un cardo pueda despertar polémica. Pero así fue: todo, porque el bastón presidencial que recibirá Cristina Fernández, el lunes 10, tiene tallados en su empuñadura 24 cardos, flor que, para algunos, no representa la auténtica esencia argentina. Sin embargo, a juzgar por testimonios y anécdotas históricas, el cardo ha sido parte de nuestro paisaje desde siempre.
Para el gaucho, que vivía la mitad del día sobre su caballo, más libre que un pájaro salvaje, la frase un año de cardos significaba un odiado período de restricciones, y también estar rodeado e invadido por sus espinas hasta la misma puerta de su rancho. La arquitectura criolla, generalmente de techos bajos, se perdía ante el avance de estos espesos y pinchudos bosques que, a veces, llegaban a medir tres metros de altura e impedían a sus moradores divisar a la distancia.
Símbolo de nuestro campo, su presencia a lo largo de la pampa húmeda convirtió al cardo en testigo mudo de nuestra historia y, ocasionalmente, quizá por su parentesco con el alcaucil, fue también a dar a las ollas.
La legendaria bagna cauda , de supuesto origen piamontés, lleva en su preparación una indispensable cantidad de cardos. Los franceses -que no han dejado de cocinar cuanto ser viviente terráqueo y aéreo existe- también cuentan con algunas recetas en las que se incluye el cardo como un ingrediente que no debe faltar.
Alcachofa europea
Solitario, en pequeños grupos o en tupidos amontonamientos forma, en años lluviosos, barreras impenetrables. Tal era la fama de los cardos locales que, en el siglo último, el viajero británico Francis Bond Head apuntaba: "Es realmente posible que un ejército invasor, sin conocimiento del país, sea aprisionado por estos cardales antes de darle tiempo a escapar".
Planta de hojas espinosas, entre sus especies más conocidas se destacan las variedades asnal, de Santa María, ruso, lechero, mariano y de Castilla. Según otro observador de nuestras tradiciones, Guillermo Enrique Hudson: "El cardo no es sino la alcachofa europea vuelta silvestre y con características algo distintas". Del cardo de Castilla o de comer , abundante en la pampa húmeda, Tito Saubidet señala, en su libro Vocabulario y refranero criollo , que se puede comer como hortaliza las hojas inferiores, la raíz y los tallos, y explica que "se usa la infusión de la raíz para las grandes indigestiones, llamadas vulgarmente asiento".
Aptitudes ocultas
En la primera edición de El jardinero ilustrado , escrito por E. Mauduit y A. Peluffo en 1886, los autores señalan que "varias clases de cardo son comúnmente cultivables para la manutención de los animales y son también variadas las opiniones respecto de las ventajas que ofrecen". Ejemplos no faltan: la variedad Scolymus maculatus , el difundido caraguatá , es aún utilizado como forraje para la hacienda. Del cardo santo ( Cpicus benedictus ) se extraía antiguamente las hojas para la curación de enfermedades de la sangre, pulmonares y epidérmicas.
En tanto, los criollos de la zona bonaerense aseguran ante otros paisanos que "en campo malo no hay cardos", y que cuando éstos se secan, forman raleados montecitos. Ante un incendio actúan como flacas catapultas, cuyas flores encendidas saltan por el aire extendiendo el fuego por la pampa, devorando lo que encuentra a su paso.





