Con Russell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti y Craig Bierko
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El alma del luchador
La historia del boxeador Jimmy Braddock saca varias lágrimas y dispara la adrenalina
Ron howard cree en estados Unidos. Su fe en todo el paquete de ideales democráticos y valores familiares alisa las arrugas en las películas [la ganadora del Oscar A Beautiful Mind y la saga de inmigrantes Far and Away ] que serían mejor con sus pliegues sin planchar. Howard tiene 51 años, pero la imagen del chico pecoso que aparecía en la tele como Opie y Richie se le ha quedado pegada como un don y como una maldición al tiempo. La oscuridad [ Backdraft, The Missing ] no lo representa. Sus inclinaciones por la comedia [ Splash, Night Shift ] se pueden volver cursis [Parenthood] o torpes [How the Grinch Stole Christmas]. Y aún en esas ocasiones en las que Howard aborda un tema complejo –la vejez [Cocoon], una misión espacial fallida [ Apollo 13 ]– y no se reblandece, puede hacer maravillas.
Esta es una de esas veces. No solo Cinderella Man es la mejor película de Howard, es también la más personal y la más sentida. La verdadera historia de James J. Braddock, interpretada con deslumbrante brillantez por Russell Crowe, golpea a Howard en donde vive. El irlandés Braddock era un boxeador en decadencia originario de Nueva Jersey, que escasamente podía mantener a su esposa y a sus tres hijos durante la Depresión. Pero la poderosa izquierda que desarrolló trabajando en la zona portuaria de Hoboken lo ayudó a asegurarse un regreso que puso al país entero en su esquina e impulsó al legendario cronista deportivo Damon Runyon a bautizar a este ejemplar pugilístico como Cinderella Man [el hombre cenicienta].
El magistralmente realizado guión a cargo de Cliff Hollingsworth y Akiva Goldsman toma su comienzo de una famosa frase del western The Man Who Shot Liberty Valance, de John Ford [1962]: “Cuando la leyenda se convierte en realidad, imprime la leyenda”. Howard le da a la película el resonante poder del mito. Y el diseño de producción de Wynn Thomas, iluminado con ojo de poe-ta por el genio de la cámara Salvatore Totino, evoca el periodo de hambruna con un arte poco usual.
Por supuesto, una película sin grises en su paleta puede carecer de dimensión humana. Introduce un elenco de trabajadores milagrosos. Crowe es increíblemente bueno, una estrella con una sutileza y una gracia pertenecientes a un actor de verdad. Hace el papel de Braddock, pero no como un gladiador sino como un hombre de familia que boxea para alimentar a su esposa y a sus hijos. Pero preferiría enfrentarse a un puño mortal de un oponente que a la pobreza: “Por lo menos puedo ver contra quién peleo”, dice. Crowe encuentra la tristeza en Braddock cuando debe recurrir a la ayuda del gobierno para mantener a su familia. Pero también revela una austera adaptabilidad. Braddock es un hombre simple con emociones complicadas y Crowe nos deja ver en el interior de su corazón.
En el papel de Joe Gould, el optimista manager y entrenador de Braddock, Paul Giamatti es un paquete explosivo de humor insolente y poca ternura. Hace una interpretación impecable. Apuesto a que este profesional consumado [Sideways, American Splendor] gana la carrera del Oscar por Mejor Actor de Reparto.
Renée Zellweger le imprime determinación a su personaje de Mae, la siempre padeciente señora Braddock. Muestra que la atracción se-xual es un enorme lazo en su matrimonio, dándole a sus escenas con Crowe calor y corazón. Mae tiene una sola regla: no verá cómo es golpeado su marido en el ring.
Es difícil culparla. Las escenas de pelea pueden carecer de la grandeza surrealista de Raging Bull y la tragedia inherente de Million Dollar Baby, pero Howard –trabajando con los editores Mike Hill y Dan Hanley– crea fuegos artificiales en el ring, usando boxeadores reales como Art Binkowski, Troy Amos-Ross y Mark Simmons para enfrentar a Crowe.
Todo esto lleva al evento más importante. Día: junio 13 de 1935. Lugar: Madison Square Garden de Nueva York. Se enfrentan Braddock y el playboy, actor y payaso Max Baer [Craig Bierko], el campeón de peso pesado que hace alarde de haber matado a dos contrincantes al dislocarles el cerebro. Baer es el villano de la película, pero el increíble Bierko añade algo de vulnerabilidad que no está en el guión. Es una actuación seductora y atemorizante que debe poner a este versátil actor –ganó un Tony cantando en el musical de Broadway The Music Man–en el mapa de las películas.
Los 15 castigadores rounds entre Baer y Braddock termina Cinderella Man con una nota de suspenso. Pero la película permanece concentrada en el drama humano. Es el clásico cuento americano del hombre de familia que triunfa y Howard se asegura de que te llegue al corazón.





