5 cosas que probablemente no sabías sobre Terminator 2: El Juicio Final

Cuando se cumplen 25 años del estreno de la película, un repaso por algunas perlitas que dejó su filmación
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4 de agosto de 2016  • 00:10

Aunque parezca mentira, justo por estos días se cumplen 25 años del estreno de Terminator 2: El Juicio Final. La película de James Cameron hizo historia por su despliegue de efectos especiales, su atrapante trama y su estética lúgubre y apocalíptica, y no demoró en volverse un verdadero éxito en taquilla.

Para celebrar el aniversario, los invitamos a descubrir esta cinco perlitas (con bonus track) que el film dejó:

1. Arnold no fue la primera opción

Resulta imposible pensar en el T-800 y no relacionarlo con el gesto adusto de Arnold Schwarzenegger . Sin embargo, muchos nombres se barajaron antes de que se decidiera contratar al musculado actor.

Mel Gibson, Tom Selleck, Kevin Kline, Michael Douglas y hasta OJ Simpson fueron considerados para ponerse en la piel del cyborg que viaja desde el futuro para proteger al joven John Connor. Sin embargo, uno a uno fueron cayendo hasta que el austríaco consiguió quedarse con el rol.

Pese a ya ser un consagrado en Hollywood, Arnold tuvo mucha suerte: obtuvo un salario de 15 milllones de dólares por decir un total de 700 palabras en toda la película. Según nuestros cálculos, ¡eso serían unos 21.429 dólares por palabra! Aplausos para él.

2. Duro entrenamiento

Robert Patrick -quien compuso al T-1000 en Terminator 2- se sometió a un un duro entrenamiento diario para poder correr a alta velocidad sin dar muestras de fatiga ni agitación.

Linda Hamilton, por su parte, también puso a prueba su musculatura: tres meses antes de comenzar a filmar, se impuso un duro régimen de ejercicios físicos tres horas por día, seis días a la semana. Además, aprendió judo y técnicas de entrenamiento militar para estar a tono con su personaje. Su hermana gemela, Leslie Hamilton Gearren, hizo una fugaz aparición en el film, personificando a Sarah Connor mientras Linda hacía del T-1000 convertido en una falsa Sarah Connor...

3. Una recordada escena que... salió de casualidad

La persecución de John Connor (a bordo de una moto) por parte del malvado T-1000 (arriba de en un camión) es, posiblemente, una de las escenas más recordadas del film. Sin embargo, lo que se ve en pantalla no es exactamente lo que Cameron había plasmado en el guión.

En realidad, el equipo de producción notó que el camión era más alto que los puentes del alcantarillado una vez que llegó al lugar del rodaje... Y ese obstáculo, lejos de convertirse en un impedimento, supo brindarle aún más espectacularidad a la escena, con un camión que perdía parte de su techo en medio de su frenética carrera por eliminar a su objetivo.

4. Los chicos crecen

Edward Furlong tenía 12 años cuando filmó Terminator 2. Y, durante los 170 días que duró el rodaje, el niño entró en la pubertad. Si se mira con atención, es posible notar lo mucho que su rostro se modificó entre algunas escenas que se se rodaron al comienzo y las que se dejaron para el final. También hubo un fuerte trabajo de retoque de sonido en la posproducción de la película para que la voz de John Connor mantuviera cierta coherencia a lo largo de todo el film.

5. Dinero muy bien invertido

El presupuesto de la película fue de 102 millones de dólares, por lo que fue considerado, en ese momento, como la más cara en la historia de Hollywood. Por suerte, las ventas anduvieron bien: Terminator 2 se llevó casi 520 millones de dólares de ganancias en todo el mundo, un número que lo consagró como la más recaudadora de 1991.

Bonus Track: El final (feliz) alternativo

El lanzamiento de la película en formato Blu-Ray incluyó algunos outtakes y un final alternativo y feliz. Según esta versión, la destrucción de Cyberdyne supuso que el Juicio Final nunca sucediera, que John Connor creciera, se convirtiera en senador y... hasta le diera una nieta a Sarah.

"El 29 de agosto de 1997 vino y se fue. No pasó demasiado. Michael Jackson cumplió 40. No hubo Juicio Final, La gente fue a trabajar como siempre lo hace, se rió, se quejó, miró televisión, hizo el amor. Quise correr por las calles gritando, agarrando a la gente para decirles: 'Cada día, a partir de este día, es un obsequio. ¡Úsenlos bien!'. En lugar de hacer eso, me emborraché", recuerda con placidez la ahora envejecida señora Connor, sentada en el banco de una plaza.

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