
Actores en una fiesta con destape
"Fiesta de aniversario" ("Anniversary Party", EE.UU./2001, color). Dirección: Jennifer Jason Leigh y Alan Cumming. Con Jennifer Jason Leigh, Alan Cumming, Kevin Kline, Phoebe Cates, Gwyneth Paltrow. Guión: Jennifer Jason Leigh y Alan Cumming. Fotografía: John Bailey. Música: Michael Penn. Montaje: Carol Littleton. Presentada por Distribution Company. Duración: 115 minutos.
Nuestra opinión: buena.
Este es un film escrito, dirigido y producido por actores, y el dato es decisivo. Jennifer Jason Leigh y Alan Cumming, sus responsables, lo planearon cuando al cabo de su temporada teatral en "Cabaret" y decidieron prolongar la satisfactoria experiencia de trabajar juntos. Nació, pues, casi con el espíritu de una diversión de entrecasa. Aunque, claro, con el cuidado formal que podía esperarse de profesionales tan prestigiosos.
Así, utilizaron un presupuesto reducido, filmaron en video digital, invitaron a participar a sus amigos actores, que en muchos casos aportaron sus propias improvisaciones, y pusieron como pretexto una fiesta de aniversario: la que celebran un escritor a punto de convertirse en director y su esposa actriz, con la que ha vuelto a convivir después de algún tiempo de separación. Una jornada entera en la que hay tiempo para compartir juegos, chismes y confidencias, dirimir antiguos pleitos, afirmar viejas complicidades y desnudar flaquezas.
Todo, obviamente, transcurre en el mundo de los actores y sus adyacencias, lo que quiere decir que aquí las inseguridades brotan a flor de piel, que la identidad de cada uno está en crisis, que hay buenas dosis de hipersensibilidad, narcisismo, vulnerabilidad, tambaleo emocional y competencia y que, por mucho que abunden los ejercicios de relajación es muy difícil tropezar con alguien que deje fluir libremente su espontaneidad o que se manifieste con franqueza y sin miedos. Por lo menos, hasta que algún agente externo, en este caso unas pastillas de éxtasis que alguien trajo como presente a los dueños de casa, afloje los controles, haga caer las máscaras e impulse a dejar sueltos los demonios que cada uno lleva dentro.
Escenas de bravura
Como se trata de un film de actores, también cabe esperar que la construcción dramática se apoye sustancialmente en el diálogo, que todo el peso recaiga sobre el desempeño de los intérpretes, ya que casi todo fue escrito a su medida y que todos tengan su solo, su escena de bravura.
De "¿Quién le teme a Virginia Woolf?" a "Los amigos de Peter", son muchos los modelos que pueden señalarse como antecedentes. Leigh y Cumming apuntan al análisis de conductas en un medio que conocen bien: su pequeño mundo liberal y burgués, un universo cerrado, privilegiado y artificial donde es fácil percibir una turbulencia que se anuncia desde el principio en ligeros chispazos de apariencia humorística. Parece despuntar entonces una intención satírica que después irá cediendo terreno frente al afán de realismo que evidencia esta visión antropológica de la intimidad de Hollywood, con su previsible tensión entre la imagen pública y la vida privada y su explosiva mezcla de fama, juventud, dinero, inseguridad y éxito: todo precario, todo efímero.
No hay personaje que no quede definido con precisión. Dentro de su homogeneidad, la fauna es variada: Cumming es el escritor bisexual cuya novela está inspirada en la figura de su esposa (Jennifer Jason Leigh) aunque será otra actriz, más joven y en pleno ascenso (Gwyneth Paltrow) la que encarnará el papel en el cine. La dueña de casa, que mal tolera ese desplazamiento, tampoco sospecha que su director y su coestrella en la película que está rodando (Kevin Kline y John C. Reilly, respectivamente) están tan preocupados por su deterioro como actriz como por sus propias inseguridades. Tampoco sabe de la crisis que arrastra su íntima amiga, la esposa del actor (Phoebe Cates, que también lo es de Kline en la vida real), desde que decidió poner fin a su carrera y dedicarse a la crianza de sus hijos.
Mujer neurótica
El tema de la maternidad, que tanto ocupa a los anfitriones ahora que han iniciado su segunda etapa, moviliza también las obsesiones de la neurótica mujer del director (Jane Adams, de destacada actuación en "Felicidad"). Están asimismo los agentes (Parker Posey y John Benjamin Hickey) y los viejos confidentes de los dueños de casa: la fotógrafa sexy (Jennifer Beals) que ha compartido años con él; el músico en eterno duelo sentimental (Levi Panes) que parece una mezcla de Peter Sellers y Woody Allen. Los aliens de la fiesta, por fin, son la pareja de vecinos integrada por un quisquilloso y malhumorado escritor (Denis O´Hare) y una decoradora de interiores (Mina Badie).
La fiesta es tan prolongada como para que todos tengan tiempo de ser reconocidos y para que se perciba la insatisfacción que palpita bajo tanta felicidad aparente. Tanto como para que después -éxtasis mediante- llegue la hora del destape.
En principio, puede despertar curiosidad espiar este universo cerrado y glamoroso. Además, es notorio el placer con que cada actor asume su compromiso y se entrega entre pares a uno de sus ejercicios predilectos: el de mirarse a sí mismo. Sólo que a medida que el film se prolonga, la sátira se desvanece y el ingenio de los diálogos flaquea, con lo que queda a la intemperie la modestia de sus objetivos. Entonces, la diversión se vuelve cada vez más ajena para el que la observa. Una diversión bien ejecutada, favorecida por las imágenes de John Bailey y por el refinado gusto de los ambientes, pero en el fondo bastante vana.
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