Adiós a Robert Stack, un duro

Fue el rostro de Eliot Ness en "Los intocables" y estuvo nominado al Oscar en 1956
Marcelo Stiletano
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16 de mayo de 2003  

LOS ANGELES (AP).- El actor Robert Stack, cuya mirada penetrante y voz amenazadora hacían temblar a los villanos de la serie de TV "Los intocables", murió anteayer, a los 84 años, en su residencia de Bel Air, como consecuencia de una insuficiencia cardíaca.

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No importa que haya iniciado su extenso camino en el cine arrancando suspiros adolescentes en las proyecciones de matinée durante los años 40 ni que haya personificado a uno de los más memorables borrachos de la pantalla grande en "Palabras al viento" (1956), uno de los grandes melodramas de Douglas Sirk que le dio la única nominación al Oscar entre las 75 películas en las que participó.

Robert Stack fue, es y será siempre para la memoria de varias generaciones de televidentes el rostro de Eliot Ness. Le alcanzaron cuatro temporadas y 118 capítulos para quedar definitivamente identificado como ese duro agente federal de rostro pétreo y una vigorosa voz de barítono -que el doblaje impedía apreciar- capaz de perseguir sin descanso a la mafia de Al Capone y Frank Nitti durante los agitados tiempos de la Ley Seca.

Esa es la imagen del actor que quedará en el recuerdo, repetida una y otra vez desde los canales que se dedican a evocar aquellos viejos éxitos de la pantalla en blanco y negro. Una imagen que sobrevivió, incluso, al discreto éxito de una fugaz vuelta a su personaje más popular ("El regreso de Eliot Ness", en 1991) y que se repitió en los últimos años con Stack convertido en presentador de documentales ("The Lords of the Mafia") o series sobre misterios sin resolver.

Vestido invariablemente con un impermeable y de pose cada vez más rígida, el actor no disimulaba allí el paso de los años, pero a la vez dejaba asomar en el gesto la apostura de sus años juveniles, cuando llegó a comienzos de la década del 30 a los estudios Universal, que trataban por entonces de mejorar su precaria situación financiera dejando atrás su especialización en films de terror y volcándose hacia las comedias y las historias románticas.

Allí, Stack no pudo iniciar mejor su carrera en el cine: fue el primero en besar en la pantalla a la ex estrella infantil Deanna Durbin, y a partir de esa actuación quedó identificado como uno de los galanes más taquilleros de la época.

Pasó del romanticismo a los films de guerra, los westerns, alguna comedia brillante ("Ser o no ser", a las órdenes del gran Ernst Lubitsch) y las historias bélicas, que pasaron de ser fantasía a realidad cuando prestó servicios, durante la Segunda Guerra Mundial, como instructor de armas en la Marina. Allí también sabía lo que hacía, porque antes de llegar al cine se había destacado por su puntería en las competiciones de tiro al pichón.

Stack, que nació en Los Angeles el 13 de enero de 1919, no llegó al cine por casualidad, sino por cuestiones de sangre. Procedente de una familia cuyos ancestros figuran entre los primeros pobladores de California, tuvo dos abuelos cantantes de ópera y su tatarabuelo fundó uno de los primeros teatros del Estado.

Hizo 40 películas antes de ganar fama en la TV como hombre duro, pero fuera de los sets se convertía en uno de los integrantes más joviales y amigables de Hollywood. En su autobiografía ("Straight Shooting") recordaba los partidos de polo que jugaba con Spencer Tracy y las largas charlas que alrededor de una botella de whisky sostenía con Clark Gable. Esa condición asomó tardíamente en su carrera, gracias a su participación en comedias paródicas como "¿...Y dónde está el piloto" y "1941", de Steven Spielberg, donde interpretó una memorable escena como un general que lloraba en el cine viendo "Dumbo".

Fue, además, uno de los solteros más codiciados del ambiente (él mismo admitió romances con Jane Powell, Lana Turner, Betty Grable, Judy Garland e Ivonne de Carlo) hasta que construyó, en 1956, uno de los matrimonios más estables y admirados de la colonia artística hollywoodense con la actriz Rosemarie Bowe, con quien tuvo dos hijos.

La fortuna estuvo de su lado cuando hizo suyo su papel más célebre tras ser rechazado por Van Johnson y Van Heflin. "Yo no soy Eliot Ness -dijo una vez con el humor que sabía lucir-, pero más seguro todavía estoy de que no soy Al Capone."

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